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Desafío a la verdad de siempre

Georgina Herrera, 01 de noviembre de 2010

Desafío al silencio, es un libro más, sumado a la lista lenta y sin miramientos, para plantear situaciones difíciles a la que ya nos va acostumbrando Daisy Rubiera. 

De la editorial a sus manos y de las de ella a las mías —creo que es el primer o segundo ejemplar que ofrece— y lo dedica a su "hermana amiga, persona de batalla y lucha que no se da por vencida". Y ahora, menos.  

Después de leer estas historias sobre algunas de las distintas formas de violencia ejercidas sobre la mujer y el cabal significado de este hecho, lo que enmascara y abarca, al saberse de cierta manera protegida, hay que agradecerle a Daisy estos relatos

No quiero alabarla ni quiero entrar en esa cofradía de elogios mutuos que, a veces, da pena, pero si creo en lo que voy a decir, adelante. 

La conozco, nos conocemos, sé su estilo, su pretensión y sus preferencias. Puede que alguien nos asocie con los caminos difíciles que siempre andamos, género y raza, pero este libro, Desafío al silencio, va más allá, nos está sacudiendo fuerte por los hombros, diciendo qué se sabe en realidad y qué no de esa violencia disimulada, silenciada o encubierta; lo poco que se hace a veces, de esta manera, en nombre de la justicia. Lo lamento, pero no se le ocurre a alguien como yo referirme de otro modo y con otras palabras a lo que un grupo de mujeres, sin tener nada que ver directamente unas con otras, contaron a Daisy y ella, desgarrada, ha trasladado al papel. 

Antes de comenzar la lectura, busqué en la portada un posible adelanto del contenido del libro y no lo encontré, como si no existiera la relación, el entendimiento imprescindible entre quien escribe y el resto del equipo que debe proteger la obra desde que llega a sus manos. Me sugiere un comic o algo por el estilo. En ningún momento me grita en la cara, manotea, me alerta "esto es un tragedia", múltiple, repetida, trece eslabones de una cadena que pudiera tener su comienzo en la prehistoria y que, lamentablemente no se quebró en ninguno de los múltiples pasos de ascenso hasta el siglo XXI, en el que estamos, sino que se ha ido enmascarando de cargos aparentemente importantes, de exitosas frases edulcoradas, pero en la raíz lleva viva esa falta de piedad que supera cualquier manipulación imaginada. 

El libro hay que leerlo. Cuenta la relación hombre mujer, no de blancos y negros. La realidad vivida por cada una de las protagonistas se va proyectando, como diapositivas a veces superpuestas, una especie de collage, nada confuso, porque entre los puntitos de sombra está la luz de Daisy, y cuando hablo de puntitos sombríos me refiero a lo que pudiera usarse como justificación (rezagos del pasado, alcoholismo, problemas económicos, etc., etc.) 

¿Por qué sucedieron y suceden aún estas cosas? Será necesario tener la memoria dispuesta, flexible?. Ni perdón ni olvido. Y no nos enredemos entre los hilos de las palabras y las frases preparadas. No se trata de tomar venganza, sino de que los ejecutores de sucesos que, al parecer, no fueron como se cuenta, entiendan que su tiempo se ha acabado, pero para eso, tiene que acabarse.

Desafío al silencio nos pone sobre el rostro las historias que Daisy Rubiera, con la persuasión que le conozco, pasando por sobre miedos, vergüenzas y pudores, logró que las entrevistadas contaran, las que quedan por contar, infinitas como el tiempo, imagínenlas 

Tal vez se piense que he tomado muy a pecho lo que sucede, pero a mi entender, en ninguna otra parte del mundo ha sido tan costoso el hermoso y posible proyecto de llegar a ser, si no químicamente puros, sí mucho mejores.