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Hacia una visión popular de la ciencia

Osmel Almaguer, 22 de octubre de 2010

Cuando el historiador norteamericano Clifford D. Conner afirmó que “la ciencia es el resultado de la labor colectiva de gente común y no la inspiración de un grupo de talentosos”, nos propuso una de las ideas más revolucionarias de los últimos tiempos en el campo de la Historia de las Ciencias. Con el objetivo de difundir de forma argumentada este principio, ha publicado su Historia Popular de la Ciencia. Mineros, mecánicos y comadronas (Editorial Científico-Técnica, 2010) no como la antítesis democrática de una concepción dominante desde hace siglos en los círculos intelectuales, sino como el producto de un riguroso proceso de investigación, que trasciende sus esfuerzos, y pretende poner de manifiesto las relaciones ocultas entre el trabajo manual y el intelectual, en los distintos procesos de desarrollo científico.

Con abundancia de datos verificables, cálculos y otras herramientas, el presente título cuenta con proposiciones sorprendentes: “Ni Darwin, ni Newton, ni Einstein hubieran podido avanzar en sus estudios sin el conocimiento de esas voces que no se dejan escuchar, porque la historia es siempre escrita por y para los poderosos, a quienes se les adjudica la redacción de esos documentos que han cambiado el mundo”.

El autor nos lleva a lo largo de este compendio histórico (o reinterpretación del progreso humano), a la luz de esta nueva concepción. Así, mediante un contundente razonamiento, llega a afirmar que “todo el conocimiento acumulado en la prehistoria, cuando el hombre aún no manejaba la escritura, es ciencia popular, ya que en esa etapa no existían las diferenciaciones sociales tal y como se manifestaron con posterioridad a la división social del trabajo”.

La clásica figura del cazador rastreando las huellas de su presa se constituye, probablemente, en el acto más antiguo de la historia intelectual humana.
 
Bajo las sombras de la escolástica medieval se ocultaba o destruía el conocimiento científico, que amenazaba el dogma religioso. La Iglesia monopolizaba la información y la Inquisición quemaba mentes y documentos tan brillantes y osados como las mismas llamas. Sin embargo, en los oficios -no precisamente los religiosos- se ocultaban los secretos de comadronas, artesanos, carpinteros y mecánicos, portadores de un conocimiento básico para posteriores descubrimientos.
 
Con la explosión renacentista y las sucesivas revoluciones intelectuales, políticas e industriales, los secretos de las labores manuales fueron divulgados por aquellos que no solo se beneficiaron económicamente con ello, sino que se llevaron también el crédito, dejando a los que dependían de sus habilidades manuales depender de su fuerza de trabajo, en las nuevas fábricas.

Marx afirmaba que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases. Este conocimiento puede ser también ser aplicado a la Historia de la Ciencia. Clifford D. Conner se ha propuesto, más que un homenaje, hacer justicia a la labor de carpinteros, comadronas, mecánicos, costureras, cocineros, marineros, agricultores, curanderos, cazadores y artesanos, cuyo lugar ha sido usurpado durante una historia de más de dos mil años.