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Los Payasos de Dora Alonso

Alina Iglesias Regueyra, 27 de octubre de 2010

De pequeños, todos los niños cubanos conocemos ―así, en presente, porque quien es amado nunca muere― a la periodista y escritora Dora Alonso. Varias de sus obras literarias adornan los recuerdos infantiles, y hasta para la historia del teatro cubano queda su emblemático personaje: el niño campesino, devenido títere, Pelusín del Monte.

Ahora que celebramos su centenario, quisiera recordar que, por suerte para muchos, en el año 2005 la Editorial Gente Nueva sacó a la luz, en su colección Biblioteca Preescolar, el libro Los Payasos, dedicado “A Dora, en su 95 cumpleaños, por haber compartido siempre sus sueños con nosotros”. Aunque la propia Editorial firmaba la dedicatoria, los lectores que desde la infancia hemos seguido a la autora nos hicimos partícipes del gesto.

El volumen goza de las coloridas y ágiles ilustraciones de Arístides Hernándes (Ares), la edición cuidadosa de Mirta Andreu Domínguez, el efectivo diseño de María Elena Cicard Quintana y la corrección de Dania Y. Ferrándiz Peña. La primera edición de este libro había ocurrido en 1985, veinte años antes, y aquella ocasión también recibió buena acogida por parte de los infantes, que son el público más crítico y sincero.

El diseño general del libro remite a un álbum ilustrado, a pesar de su tamaño no muy grande. Las ilustraciones se imbrican sabiamente, en los diseños de página, con los poemas: los rodean, les dan vueltas, los dividen, los complementan, resultando así un armonioso conjunto. Sus matices contrastantes, combinados por mano maestra ―amarillos y violetas, verdes y encarnados, anaranjados y azules―, evocan directamente el ambiente de un circo, lugar donde todo tipo de sorpresas aguardan a los menores. Cintas, palomas, magia, hilaridad, se mezclan en síntesis:

Con una cinta verde
Sale el payaso
A enlazar un fogoso
Torito bravo.

Lanza al aire la cinta,
Desatinado,
Y atrapa una paloma
Que va de paso.

La visión fugaz, original, impactante, imprevista, prevalece en cada poema. En este espacio, y sin abordar directamente sus historias, la autora mezcla otros personajes suyos, como la Pájara Pinta, y personajes universales de cuentos de hadas, como la Cenicienta.

Mención generosa se hace de las frutas cubanas, elemento connotativo muy empleado en la literatura para niños. Guayabas, piñas, maní, platanitos, mandarinas, almendras, limones, abundan entre verso y verso, tanto como la descripción colorida y vibrante de los mismos. Otro importante rasgo de cubanía es la presencia de nuestros paisajes criollos: campos, maizales, el mar, naranjales y guayabales, ríos de agua fresca…

Por otra parte, y sin pecar de didactismo, la Alonso transmite mensajes de valor humano y familiar, como cuando en su sensible poema “Todos cuidan del payaso viejo” aborda el cuidado y el respeto que se ha de otorgar a los abuelos:

Cumplió tantos años
El año pasado,
Que todas las noches
Se acuesta temprano.

Mudo queda el gato
Sobre los tejados.
No ladran los perros
Ni alertan los gallos.

–¡Sts! –repite el grillo
de la noche al alba.
Que no toque el sapo
Su trompa de plata.

Desde los aleros,
En la madrugada
Calladitas ruedan
Las gotas de agua.

El valor de la selección de los payasos, como objeto de escritura, radica en la alegría por la vida sencilla, apegada a la naturaleza y a la infancia, que manifiestan estos personajes a través de su trabajo. Es la esencia que transpira el libro desde sus páginas: una opción, sin dudas, muy atractiva para los infantes. Las imágenes visuales y verbales de animales y plantas, y los sucesos ocurridos que los involucran, resultan divertidas experiencias para los lectores. A los payasos de Dora les basta ser felices y lo logran sembrando felicidad a su alrededor. Nada más poseen que su arte y su actuación. Viven a plenitud y aprenden de cada gesto y cada obra creada.

Quizás es este el mensaje principal que comparte con nosotros la autora en su libro desde la distancia de su vida. Como decía José Martí: “Ser bueno es el único modo de ser dichoso”.