Con el toque mágico de las musas. Breve caracterización de la obra poética para niños de Julia Calzadilla.
Julia Calzadilla (La Habana, 1943) es, en el plano de la creación, una mujer muy prolífica: narradora, traductora e intérprete de cuatro idiomas, poeta y ensayista.
Acercarnos a su obra poética para niños es descorrer el telón de la ternura, descubrir la dimensión lúdica de toda enseñanza, constatar el interés de la autora por difundir valores éticos, morales y culturales sin caer en dogmatismos ni moralizaciones. En su poesía viven el niño cubano y el extranjero. En ella nace y crece el ser humano universal.
Son muy variados temáticamente los poemas de esta relevante voz de la literatura cubana, merecedora de múltiples galardones entre los que se destacan dos Premios Casa de las Américas. El universo temático de sus versos abarca, desde la presentación de un animal (desconocido por el lector de los primeros niveles de escolaridad), hasta la defensa de los más auténticos valores histórico-culturales de América Latina y el Caribe.
Los pequeños poemas del abuelo Cantarín eligen a los animales como motivo central. En los versos es frecuente la descripción de sus rasgos físicos y su hábitat, como puede apreciase en el siguiente fragmento:
Lleva un trajecito negro
Con su camisita blanca,
Los zapaticos muy limpios,
Siempre cerquita del agua.Don Pingüino está abrigado,
Porque hace mucho frío,
En el lugar donde vive
Tu amiguito don Pingüino.1
Un rasgo típico de la estética de la autora, tanto en su poesía como en su prosa,2 es la frecuente referencia a la familia como centro de afecto, equilibrio y armonía social, psicológica y emocional.
En Los poemas cantarines sobresalen composiciones de claro signo lúdico, en las cuales el juego sonoro de fonemas y sílabas no está reñido con el propósito didáctico, como se evidencia en “Lagartijita aprende las vocales”:
LA ñAñA lAgArtAjA
LEguErtEjEtE Le ñEñE
LI ñIñI lIguIrtIjItI
LogOrtOjOtO Lo ñOñO
LU ñUñU lUgUrtUjUtU ya sabe escribir la U,
LAguErtIjOtU la niña
Sabe tanto como tú.3
La función educativa de los versos calzadillanos no sólo abarca el terreno de lo axiológico, sino también la esfera de los conocimientos socio-históricos y geográficos que deben poseer los más pequeños. En este sentido, Los alegres cantares de Piquiturquino representa un orgánico libro que engarza, de modo singular, disímiles pero básicos referentes cognoscitivos para el lector, como son el pensamiento martiano y la división político-administrativa de Cuba. El texto posee una estructura no lineal sino encadenada, lo cual permite que las citas del Maestro den pie a dos estrofas (siempre de cuatro y seis versos octosílabos, respectivamente) que recrean con ingenio muchas de sus ideas, y a la vez anuncian los poemas siguientes, dedicados por la autora a las provincias cubanas y al municipio especial Isla de la Juventud.
La obra, además, comprende poemas cuya función didáctica va dirigida en dos direcciones, no opuestas sino complementarias: una más inmediata, representada por los niños lectores, y otra constituida por los adultos que fungen como mediadores entre la obra literaria y el receptor.
Cantares de la América Latina y el Caribe fue galardonado con el Premio Casa de Las Américas, en 1976, por “su frescura de ejecución, su contenido didáctico y su clara intención americanista”.4 Y es que, desde los primeros versos, se hace explícito el deseo de suprimir fronteras y límites entre los niños latinoamericanos, quienes están llamados a inaugurar una nueva era: la de la solidaridad y el amor.
La obra consta de veintitrés poemas cuyo motivo central es siempre un elemento característico de las naciones latinoamericanas a las cuales canta. Así, el lector conoce y se familiariza con referentes ajenos a su realidad más inmediata, pero cuyo conocimiento es indispensable en la formación y preservación de la identidad cultural de Latinoamérica y el Caribe. A través de los versos desfilan instrumentos musicales, como la guáchara (Costa Rica) y la guaira (América Central), o aves entre las que sobresalen el quetzal (América Central y Yucatán), el guajojó (Bolivia) y el ñandú (Argentina, Paraguay y Uruguay). Se presenta, además, la bebida hondureña conocida como guabo, y se alude al tontón macoute, que no es más que el “coco” o fantasma imaginario con que se asusta a los niños en Haití.5
Entre los recursos que imprimen mayor sonoridad a las composiciones está la repetición de sonidos que puede manifestarse como aliteración, en busca de un efecto sonoro íntimamente vinculado con el contenido del texto.
En otros casos es la composición, como procedimiento lingüístico, la que propicia la libre formación de vocablos. Su empleo aporta originalidad, gracia y humor a los poemas, además de que le es útil al receptor como adiestramiento en la pronunciación de palabras morfológicamente complejas y como elemento desarrollador de sus facultades del habla.
La poesía de Calzadilla posee una gran virtud: encontrar belleza y utilidad en la sencillez. Ajena siempre a lenguajes grandilocuentes e imágenes excesivamente rebuscadas, sabe entregar sensibilidad, diversión y enseñanzas con probada calidad formal.
Las estructuras estróficas y la métrica de los versos presentan gran variedad. La autora va desde formas ya instauradas en la tradición clásica de la lengua española, como el soneto (“Cantar a los niños latinoamericanos y caribeños”), la décima (“Cantar del niño combatiente”), la lira (“Cantar de Cuzcatlán”) y el zéjel (“Cantar a las islas del Caribe”), hasta la libre combinación de octosílabos, tetrasílabos, pareados, decasílabos y endecasílabos. Con este gran dominio técnico, la también narradora demuestra que es capaz de ceñirse a reglas formales estrictas y reformarlas con la libertad de su imaginación.
En otras de sus obras poemáticas se advierte una gran influencia del estilo de Mirta Aguirre, en especial de su libro Juegos y otros poemas, insigne texto de la historia de la literatura cubana. En él, Aguirre explotó al máximo las posibilidades sonoras del idioma, incluyó y moldeó estructuras estróficas ya establecidas en la tradición literaria hispánica y construyó piezas de claro signo didáctico, a partir del cual se entrelazaba, con gran coherencia, el componente educativo con el humorismo y la jitanjáfora.
Desde el punto de vista onomástico, llaman la atención tres recursos a partir de los cuales la autora nombra a los personajes de su obra:
En su poesía, Julia Calzadilla no solo se preocupa por inculcar valores morales y éticos, sino que también desarrolla la función estética, vía primera para el logro de la comunicativa, la cognoscitiva y la educativa.
Sus poemas constituyen un viaje a la imaginación, una defensa a ultranza de la identidad latinoamericana y caribeña, un juego de conocimientos, un ejemplo de verdadera literatura, esa que, a su juicio, significa “virarse al revés y entregarse en forma de palabras (…), colocarse de frente a la cámara, sin afeites, al desnudo… y añadirle el toque mágico de las musas”.6
Notas:
1- Julia Calzadilla: Los pequeños poemas del abuelo Cantarín, Ed. Gente Nueva, La Habana, 1988, p. 5.
2- Véase, por ejemplo, Los Chichiricú del charco de la Jícara, donde la familia ocupa un lugar central: tanto la que forman los dos güijes como la integrada por los campesinos que habitan Villa Alborozo.
3- Julia Calzadilla: Los poemas cantarines, Ed. Unión, La Habana, 1977, p. 54.
4- Inés Casañas y Jorge Fornet: Premio Casa de las Américas. Memoria, Ed. Casa de las Américas, La Habana, 1999, p. 35.
5- Por tontons macoutes eran conocidos los represivos policías haitianos durante las sangrientas dictaduras de los Duvalier. (N. del E.)
6- Enrique Pérez Díaz: El fuego sagrado. Los escritores cubanos para niños se confiesan, Ed. El mar y la montaña, Guantánamo, 2006, p. 63.