Apariencias |
  en  
Hoy es domingo, 8 de diciembre de 2019; 12:49 AM | Actualizado: 06 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 44 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Poesía de... Teresa Melo

Lauros, 08 de noviembre de 2010

 

La poesía de Teresa Melo está signada por la femeneidad, el realismo corpóreo en versos que denotan cercanía, un acierto coloquial, cuyo asidero halla motivos compartidos con la tradición, pero singulares en su poética, que despliega libertad discursiva y hondura artística. 

Con Las altas horas1 (Premio Nicolás Guillén 2003), esta poetisa rezuma palabras a salvo del camino, sentimientos que fluyen de sus posesiones y de la ilusión por lo que no existe, concentrando amor, sueños e historia, donde se constriñe lo humano de sí misma. 

Osmán Avilés

 Las altas horas

 

El día de mi padre me decía al oído:

Be careful, it´s my heart

Louis Armstrong dictaba en el oído

lo que nunca cantó.

Otro hombre perfecto fue su dueño.

Cantores, militares, ya no viven aquí.

Vive Daniela/

El eterno retorno de la canción que pide

cuida mi corazón de alturas y cemento.

Y por la suerte cuido.

Levísima es la suerte a la que doy memoria.

 

Hija mía. Sé libre

ama con esperanza/ con ingenuidad.

 

Una taza de té  empecé a tomar hace años

y hace más tiempo removía la carne temblorosa

que tomaría el té.       Desde ese temblor

escribí, escribí:

ahora cuento las palabras

que quedan sin contaminar.

Dentro de mí        el piso 23    la escuela

el corazón que cae,

Tú eres ese cuerpo sin fragmentar       intacto.

 

Hija mía       soy libre

te amo con esperanza/ con ingenuidad.

Quédate cerca de la puesta del sol:

quien la fragmenta y disecciona

no puede hacer que el sol se ponga para ti.

Quien diseca la palabra

no puede hacerte vibrar con palabra alguna.

Eso te doy      las puestas de sol que fueron

las sobre mí

las que te inquietarán y aquietarán

y esta palabra sin contaminar

para que la bebas con fruición

como la leche de las altas horas

la acunes, aprendas y mastiques

y te haga luz      en la hora violeta

cuando el sol se ponga sobre mí.

 

***

Oh mar Oh mar

 

Cae en la luz de octubre

el polvo que los cuerpos allá afuera despiden.

De la luz cae la humedad al pecho

donde bebo —como si pudiera— con feracidad.

 

Cae la mano y aparta         leve el gesto y firme

aparta la cabeza inclinada/ el deseo.

Irrepetible el relámpago

desviado de la piel a la irónica boca.

Modula frases       letras que caen hacia el aire

y sólo allí se juntan con desgana.

Caería bajo la orden rajada de Barroso

baila/ decía      en esta trova amarga

baila desde ayer hasta la noche que caerá.

Te falta caer al abismo de otros

cuando caigas bajo el dedo francotirador.

 

Oh mar oh mar

si devolvieras lo que cae hacia ti

Oh mar oh mar

devuéleveme.  

 

***

 El poema

 

En mis Jardines, Noel

no pastan héroes. Animales blandos

derriban esos límites

y de allí salen a comer esto que ves y soy

aderezada por el aire salobre.

Viene a comer el animal salvaje.

Viene a comer el animal doméstico.

A uno y a otro los separa [leve] su voracidad.

De ambos no sé qué me separará.

 

Arborescente es también la boca con que pasto

de mi propio jardín.

Donde soy tierra firme

puentes elásticos me soportan el peso.

Cruzo esos puentes asida de la idea de ti:

asida de la idea de ti no caeré al abismo de los árboles

     /acechantes

los que no me darán su sombra protectora.

Bajo este cielo fijo puse mi casa líquida:

atravieso su cuerpo como el cuerpo de los hombres

camino de la mortalidad.

Bajo el cielo que pasa los puentes temblorosos

la doble levedad: asida de la idea de ti

a mis jardines, Noel

donde alimento la bestia rumorosa y cuido el sueño

del animal de casa/ bajo ningún cielo.

 

***

 Después de la fiesta

 

Era el hijo de alguien el hermano el padre

El vecino cercano     el enemigo

El tipo de la esquina

El joven una vez       el abuelo de él

El de la compra diaria del periódico

la sal de las comidas      la carencia

El del parque contiguo mirando las baldosas

los gorriones clonados            las hojas del laurel

El del agua caliente para el baño

El que no podía haber sido ministro

ni cartero.

 

Demasiado tiempo para demasiadas cosas

Su cansancio antiguo como las formas de vivir

que le tocaron

como el hierro forjado que apretaba

como la felpa muda de su cuello

los buenos días        la desnudez del torso

las piernas levantadas sobre el borde

la inocencia caída       la culpable.

 

Para no ser más

el observado por la muchacha que fui

la dócil bebedora del ajenjo

la que cargaba su casa como un caracol escarmentado

la que ponía su foto en los carteles

y una solitaria bandera en la pared.

 

Después de la fiesta

no pudieron encontrarse:

el rodó hasta detenerse

contra la pared que guardaba los autos

ella no pudo verle desde el asiento

en que quedó clavada

ni creer que era posible bajar las escaleras

y partir

como si nada hubiera sucedido.

 

***

Hospederos

 

La forma de los animales minúsculos

contiene lo que somos. Me pregunta qué somos.

 

Sé que miro, por ejemplo, la curva

de la hoja y admiro su perfección

sin saber por qué creo que aquello que admiro

es la perfección.      Con igual concentración

ajusto el lente que me permita ver los hospederos.

Anda. Palabras.

Puestas en fila, tomo ésta al azar y nada explico.

Sé que el poeta, como otro animal minúsculo

hace su guerra personal con lo inasible.

 

Ansía la gloria de las palabras publicadas.

No existe la gloria de las palabras publicadas.

 

*** 

Teresa Melo (Santiago de Cuba, 1961). Poeta y editora. Graduada de Filosofía por la Universidad de La Habana. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Ha publicado los poemarios: Libro de Estefanía (Ediciones Caserón, 1990), El vino del error (Ediciones Unión, 1998), Yo no quería ser reina (Ediciones Santiago, 2001), El mundo de Daniela –poesía para niños– (Centro de Ediciones de Málaga, España, 2002; Ediciones Cauce, 2006). Las altas horas (Ed. Letras Cubanas, 2003; Ediciones Espiral Maior, S. L., Galicia, 2008). También ha publicado las plaquettes: Los poemas de Estefanía (Ediciones Vigía, Matanzas, 1988); El tiempo sólo engaña a los suicidas (Ediciones Hoguera Roja, AHS, Santiago de Cuba, 1989); Respirar en la oscuridad (Ediciones Vigía, 2005); y Soy de un país que se llama mundo (Ediciones Santiago, 2009). Entre sus reconocimientos se encuentran el Premio de la Crítica 1999 y el Premio Integral La Rosa Blanca de la UNEAC 2004. 

__________________

1 Teresa Melo: Las altas horas. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2004.