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Algarabía en la floresta para los pequeños amantes de la ecología

Alina Iglesias Regueyra, 29 de noviembre de 2010

Mucho discrepo del criterio que divide la literatura de manera sexista: no creo que haya libros específicos para niñas y para varoncitos. Sin embargo, evidencias prácticas y observaciones maternales en ocasiones me hacen dudar de esta afirmación, pues es lógico que existan temas preferidos por uno u otro género, a pesar de los normales derechos que tienen todos los infantes de disfrutar cualquier lectura, siempre que sea apta para sus edades.

Visto el caso y comprobados los hechos, y aun sabiendo que los muchachitos prestarán más atención a este tema que las jovencitas, recomiendo a todos los menores interesados en la ecología y el cuidado de la naturaleza el disfrute de una obra muy original. La promoción de la contraportada es sugerente:

Desde la más remota antigüedad, loros y cotorras hacen las delicias de chicos y grandes por su docilidad y simpatía. Ellos engalanan con sus plumas de brillantes colores las sombrías selvas y los bosques, y los animan con sus gritos. Así nos los presenta el biólogo investigador y Máster en Ecología y Sistemática, Abel Hernández Muñoz, un amante estudioso de los animales, premiado en el concurso “La Edad de Oro” con su libro Mamíferos que vuelan, y quien ha publicado además, Siluetas en la noche.

En su colección Juvenil, la editorial Gente Nueva incluye este volumen dedicado a resaltar hábitos de vida y curiosidades de distintas especies de aves parlantes que nos rodean, las cuales son importantes en la preservación de nuestro entorno. El autor hace gala de su empatía con el público menudo al potenciar los aspectos más curiosos y raros de esos animalitos tan campechanos:

Los periquitos colgantes del género Loriculus han adoptado una manera de dormir semejante a la de los murciélagos, suspendiéndose como péndulos agrupados en árboles de follaje abundante. A menudo, ya despiertos, cuelgan cabeza abajo y se acarician en esta posición. El grupo tiene su centro de origen en la región indio-malaya, incluyendo Filipinas. Todas las especies son muy pequeñas. La coloración predominante es el verde, con bastante azul y algo de matices rojos o anaranjados, sobre todo en la cabeza y las alas. (p. 41)

La redacción basada en oraciones simples, cortas, que hacen gala de la síntesis en el lenguaje, contribuye a la mejor comprensión del conocimiento brindado en esas páginas. Una sabiduría que, dicha de otra manera, pesaría demasiado para el lector diminuto y le aburriría de inmediato. Tanto el contenido como las edades a las cuales va dirigido ameritan maña en la forma de exponer los temas.

La descripción colorida, apoyada por efectivas ilustraciones que priorizan con fuertes matices al ave en cuestión y dejan el paisaje de fondo en meros trazos, nos llevan de la mano ―y de la vista― por los parajes habitados por estas aves. Las figuras son colocadas de manera que nos contemplan desde el papel, haciéndonos partícipes de sus secretos más ocultos e invitando a continuar el recorrido.

Este libro no solo es fuente de placer e imaginación para los niños que evidencian una vocación naturalista, sino que además es una fuente importantísima de consulta para posibles trabajos escolares de Ciencias Naturales o aquellos otros orientados por guías de Círculos de Interés. Temas como el origen y la evolución de los loros, aves raras, el espectacular guacamayo, las cacatúas, las simpáticas cotorras, nuestra guacaica y el catey, esmeralda de la floresta, son tópicos que saltan a la vista en su índice, motivando una lectura interesada y exhaustiva.

Se ofrecen también dos páginas de extensa bibliografía sobre el tema, para que quienes gusten amplíen detalles, y una introducción meritoria donde el propio autor esboza las generalidades de este grupo de aves.

La edición, de 2007, corre a cargo de la experimentada Yolanda Borlado Vázquez, las ilustraciones nacen de la mano notablemente artística y minuciosa de José Antonio Medina, y el armónico diseño de cubierta es de Nidia Fernández Pérez.

Algarabía en la floresta es un jolgorio de colores que nos llama a conocer más acerca de esta amable y comunicativa fauna, con el fin de protegerla de maltratos, ventas ilegales y procesos de exterminio, dentro de la conducta preservadora que el ser humano, como animal superior y racional, le debe a la madre Naturaleza; conducta que debe inculcarse desde la más tierna infancia.