Ecos de un coloquio. Lezama: Un convite para la conversa
Fructífero diálogo entre amigos resultó el coloquio convocado, en el centenario del insigne escritor cubano José Lezama Lima, por el Instituto de Literatura y Lingüística y la Casa Museo que lleva su nombre.
Así, lezamianos de diferentes partes del mundo, como España, Brasil, Italia, Alemania, Francia, Estados Unidos, Venezuela, Costa de Marfil, México y Cuba, entre otros, se reunieron en esta capital para participar del convite literario, una fiesta a la imago, en la que la obra de el viajero inmóvil ―desde su casa de Trocadero 162 exploró casi todos los continentes― demostró el alto nivel que ha alcanzado en el mundo.
El viejo edificio ubicado en Carlos III volvió a sentir los pasos y la respiración jadeante del Gordo, que durante varios años trabajó y dejó su impronta allí. Su verbo se pudo escuchar a partir de los estudios que realizaron los ponentes ante un auditorio ávido de enriquecer su conocimiento sobre la obra y vida de este escritor.
El 1 de noviembre, ante la presencia del ministro de Cultura, Abel Prieto, y de Zuleica Romay, presidenta del ICL, de los destacados investigadores Alain Sicard y Julio Ortega, varios Premios Nacionales de Literatura, y estudiosos de su obra y amigos, Nuria Gregori Torada, directora del Instituto, pronunció las palabras de apertura, recordando los importantes aportes que realizó Lezama a la cultura cubana desde esa sede, idea que fue enriquecida por el investigador Ricardo Luis Hernández Otero, quien invitó a los visitantes a develar, en la oficina donde trabajó el poeta, una tarja realizada por la Oficina del Historiador de la Ciudad.
El 2 de noviembre continuó el coloquio con la entrega de una moneda conmemorativa por el Centenario a destacadas personalidades muy vinculadas a la vida y obra del escritor, como Fina García Marruz, Pablo Armando Fernández, Roberto Fernández Retamar, Margarita, Alicia Alonso ―quien ya la recibiera durante el Festival de Ballet―, y César López, quien con ese decir que lo caracteriza expresó las palabras en nombre de los homenajeados. Fue un momento especial y emotivo, precedido por una conferencia magistral impartida por Julio Ortega, quien disertó sobre “Lezama y la teoría cultural trasatlántica”, y antes hizo un exquisito preámbulo sobre el Quijote y sus aportes a la literatura mundial.
Eran variados los temas de las ponencias, disímiles y a la vez similares, como sucede en el cosmos poético del escritor; asuntos como el destino, el humor, lo femenino, la cocina, las artes plásticas, La Habana, el mito, el símil, el taoísmo, la metafísica y la muerte, entre otros, hicieron a la audiencia reír, reflexionar, participar, además de disfrutar de momentos inolvidables como las revelaciones del poeta José Luís Moreno del Toro, médico personal de Lezama que, bajo el título de “Sucesivas concurrencias: Thanatos en las páginas de Paradiso”, realizó un análisis de la presencia de la muerte en la novela pero no pudo escapar ante la petición de los asistentes de dar su testimonio sobre el último día de vida del poeta: afirmó que Lezama abandonó la vida casi sin percatarse, y que siente como si aún estuviera presente en su casa de Trocadero, lugar que frecuenta y donde gusta de fumarse un tabaco como la mejor manera de recordarlo.
La ponencia “Lezama Lima y la fe”, ofrecida por el monseñor Carlos Manuel de Céspedes, fue también un momento enriquecedor y muy esperado por todos. Valoró cómo la obra de Lezama había triunfado en el tiempo; a pesar de aquellos primeros años, cuando fue acusada incluso de ir contra los preceptos de la religión católica, ahora ya ocupaba el lugar que merecía en la literatura cubana.
También hubo espacio para recordar a otros autores cubanos que cumplirían cien años en este 2010: Dora Alonso, Ángel Augier y José Antonio Buesa, así como los noventa de Eliseo Diego y Alicia Alonso.
En el segundo día del coloquio, las ponencias sobre el homenajeado continuaron con idéntica calidad. Gratificante significó escuchar al brasileño Rodrigo Vasconcelos disertar sobre La Habana poética de Lezama Lima, describir el malecón, las calles, las comidas y hasta las guaguas con un entusiasmo que lo haría confesar que escribiría un libro sobre el tema, porque sus coterráneos estaban descubriendo a Lezama y disfrutándolo, se identificaban con su barroquismo y con su forma peculiar de ver el mundo.
Si provechoso fue el evento científico, no menos enriquecedor resultó el diálogo a nivel de pasillos, donde sin la solemnidad que otorgan el micrófono y la tribuna, cada cual escogía un grupo para hablar del poeta, intercambiar opiniones, ideas, sueños, y comprar los libros que se ofertaban, destacándose el título Las mujeres en Lezama, de Yamilé Limonta, subdirectora del museo.
No podía faltar la relación entre el autor de Paradiso y el de Rayuela, la cual motivó la ponencia de César A. Salgado y la magistral conferencia ofrecida por Alain Sicard: “Imagen, figura y utopía en José Lezama Lima y Julio Cortázar”.
Ya pasadas las cinco en la lluviosa tarde del jueves, finalizó la sesión plenaria con los brillantes testimonios que sobre Lezama realizaron Pablo Armando Fernández, César López y Enrique Saínz. Este último, uno de los que pudo recibir los consejos del Maestro y absorber su famoso curso délfico, confesó que prefería escucharlo y aprender de él, y aún recuerda sus válidos consejos. César deleitó a los presentes con anécdotas, sin perder la oportunidad de defender a su Santiago natal, saliendo al paso a los comentarios de alguien que afirmó haber escuchado al poeta hablar mal sobre esa ciudad. César esgrimió como indiscutibles armas las dedicatorias de sus libros, donde siempre hay un halago hacia la Ciudad Héroe y su cubanía. Pablo Armando, por su parte, recordó con agradecimiento la participación de Lezama en Lunes de Revolución hasta su último número, dedicado a Picasso.
La relación de José Lezama Lima con José Martí también fue motivo de análisis por las investigadoras Caridad Atencio y Lourdes Ocampo, ambas del Centro de Estudios Martianos.
Mención aparte merece la participación de Ambrosio Fornet, con su texto “Lezama editor”. El autor de El libro en Cuba comenta sobre las obras preferidas por Lezama, y hace la anécdota de cómo le interesaba conocer la opinión de sus lectores: pedía a los libreros que dieran su teléfono a los compradores de los pocos ejemplares que lograba editar con esfuerzo propio.
El jueves 4 no podía faltar la visita a la tumba del poeta y el develamiento de una tarja-jardinera realizada por el artista Guillermo Estrada Viera. Las palabras del investigador Virgilio López Lemus, que ya se venían extrañando, fueron sin lugar a dudas de elegancia y sobriedad maravillosas.
Por último, en la otrora casa del Maestro, Reynaldo González dictó la conferencia de clausura, haciendo un memorable estudio sobre la cubanidad en su obra, un tema no abordado en el coloquio, en el que se destacó el estudio de las influencias del etnólogo Fernando Ortiz en la obra de Lezama.
El Centro de Informática de la Cultura, editora Cubarte, coleccionó las memorias del evento en una multimedia, y es probable que en un futuro se publique un libro para que quede en letra impresa lo que resultó, más que diálogo, estudio enriquecedor para las letras cubanas.