Sigifredo Álvarez Conesa: algo más que poeta
La huella dejada por Sigifredo Álvarez Conesa en el panorama de la literatura cubana merece un reconocimiento que vaya más allá de la consideración de este autor como poeta.
A Álvarez Conesa le interesó la cultura en sus manifestaciones más diversas. Es por ello que su presencia figura, como participante activo, en el teatro y la cinematografía, el asesoramiento a talleres literarios, la promoción cultural, la literatura para niños, la ensayística y en la crítica, sin agotar por ello los perfiles de su interés.
Nacido en el capitalino y ultramarino municipio de Regla, el 27 de mayo de 1938, a Sigifredo —así lo llamaron sus amigos y compañeros— le tocó vivir el período de efervescencia y creación de varias instituciones culturales nacidas a partir de 1959.
Es por eso que a la par que se gradúa de la Escuela de Instructores de Arte, ejerce como profesor del Conjunto Dramático de Pinar del Río, desempeña importantes funciones en el Teatro Musical de La Habana y llega a ser Director General del Teatro Guiñol Nacional, aunque tal vez la mayor huella queda en la Brigada Hermanos Saíz, de la cual fue uno de los fundadores y a cuyo primer ejecutivo perteneció.
En fecha temprana comienza a publicar sus poemarios: Matar el tiempo, 1969; Como a una batalla, 1974; Será bandera, fuego en la cumbre, 1978; Casa de madera azul, 1985; Árbol incendiado es la noche, 1988; El tiempo es un pelícano, 1990; El piano náufrago, 2000; así como los libros de cuentos Sobre el techo llueven naranjas, de 1988, y Yo invento la rosa, en 1997.
El poeta Luis Lorente otorga a Álvarez Conesa la rara virtud de captar “ese instante indecible, el fragmento de un mundo frecuente que resulta intocable”. Sus colaboraciones poéticas y periodísticas aparecen en la prensa nacional —Gaceta de Cuba, El Caimán Barbudo, Unión, Casa de las Américas, Bohemia, Juventud Rebelde y Granma, por citar algunos— y realiza selecciones para antologías diversas. También en Polonia, Grecia, Argentina, El Salvador, México y Suecia aparecen algunos de sus textos.
Sigifredo Álvarez Conesa, quien en 1985 obtuvo el Premio Julián del Casal conferido por la UNEAC, es entre los poetas cubanos de su generación, uno de los más divulgados.
Fue igualmente merecedor de las distinciones por la Cultura Nacional y Raúl Gómez García.
Aqui unos versos del poemario Piano Náufrago
Nudos de agua atan dónde al piano.
Con cuál nudo de trama verde
lo amarran, a qué espuma de hojas,
árbol y mar el piano inerte,
medio sumergido en la orilla.
La ola arrastra dormidos peces,
apagado lenguaje en clave
sobre el mismo marino mueble.
Piano náufrago, 2000
Su deceso—del todo inesperado— el 27 de diciembre de 2004, a la edad de 66 años, truncó un quehacer muy fecundo dentro de las letras insulares y una activa producción en la cual quedaron algunos textos inéditos. En su honor, y por su desempeño durante muchos años en la asesoría de los talleres literarios, el Ministerio de Cultura ha instaurado la beca anual de creación que lleva su nombre, para estimular la investigación y el desarrollo literario entre los jóvenes autores.