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Mariposas de invierno

Alina Iglesias Regueyra, 17 de enero de 2011

En los invernales días que corren, por momentos la nostalgia invade a los cubanos, acostumbrados, por lo general, a pasar la mayor parte del año acompañados de un intenso calor, agobiante pero ciertamente alegre para niños y jóvenes, por las vivencias que provoca el disfrute de las playas, campos y otras diversiones asociadas a las vacaciones de julio y agosto.

Anely Fundora Moreno es la autora de un libro para disfrutar en esta gélida temporada: Mariposas de invierno, editado en 2008 por Gente Nueva y muy certeramente incluido en su colección Escolar. Y es que se necesita de una preparación previa y profunda, en cuanto a las letras, para degustar su elaborada poesía, quizás preferida por quienes despuntan hacia la adolescencia o los ya plenamente jóvenes.

La poetisa estructura su obra en tres partes: Enigma, la primera, incluye seis poemas que responden a ese concepto. En ellos, la autora se pregunta acerca de la existencia de la pobreza humana ―material y de espíritu―, de las emociones y los sentimientos negativos en las personas, y hasta de la propia muerte, de la ausencia, del amor… La segunda parte, Espejismos, agrupa nueve obras, entre ellas “Sueños”, una décima que ofrece una deliciosa definición de su título:

Tienen alas para el vuelo
y en el interior se agitan
como estrellas que gravitan
tras un matinal anhelo.
Buscando un mágico cielo
se visten de caminantes,
farol al hombro, gigantes
que alimentan el vivir,
y nos ordenan seguir
tras unicornios errantes.

La asunción de símbolos y metáforas provenientes de la cuentística tradicional universal para la niñez son recurrentes en las obras ―la rueca de La bella durmiente en ”Huellas”, por ejemplo―, con el propósito de dejar entrever el amor por los hijos (“Mi princesa”), por los padres (“Ausencia”), o por la pareja (“La media naranja”).

El tercer y último segmento incluye trece creaciones, la última de las cuales da título al libro. Todas se agrupan bajo el nombre de Melancolía. La sección se inicia con el elaborado soneto “Ensueño”, que evoca la infancia recientemente terminada:

Volar, volar…, dejar atrás el nido.
Nos aguarda el misterio, la ventura,
que se rasgue la cándida mesura
donde a ciegas de niño hemos vivido.

Ya se contempla el cielo florecido,
se agiganta el antojo, la estatura,
el regazo otoñal es miniatura
cuando un ala en los sueños ha crecido.

Tanto ardor juvenil se cree invencible
si persigue el rumor de la alegría…
No conoce ningún viaje imposible,

ni distingue la dura travesía.
Y al errar en el fuego incontenible
nacen estrellas de melancolía.

El cultivo de diferentes formas poéticas y el empleo fino y equilibrado de variados recursos literarios son peculiaridades que definen el estilo de Anely Fundora Moreno. La edición de este pequeño volumen se la debemos a Amanda Calaña Carbonell. El diseño y la composición son de Nydia Fernández Pérez y la delicada realización de cubierta correspondió a Armando Quintana. La esmerada corrección es de Liz Álvarez Vega.

Mariposas de invierno ofrece la oportunidad de vivenciar, en la poesía, esa bruma que diluye los juegos y enigmas más preciados de la infancia, los cambios y espejismos de la adolescencia y el despertar de la juventud; tanto a quienes comienzan su primavera como a los lectores que ya sedimentan sus recuerdos en la más fría de las estaciones del año, con otoñal melancolía.