Apariencias |
  en  
Hoy es domingo, 8 de diciembre de 2019; 12:48 AM | Actualizado: 06 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 44 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Poesía de… Rafael Vilches Proenza

Lauros, 21 de enero de 2011

La poesía de Rafael Vilches Proenza nos introduce dentro de un aparente relativismo, entendido desde la dimensión conceptual, que, sin embargo, no oculta la verdad sugerente y se alza con el guiño de circunstancias bien vitales u oníricas, pero tanto propias como heredadas por la tradición universal.

Su libro Tiro de gracia1 (Premio Centenario Emilio Ballagas 2009), da cuentas de un universo de encierros, soledades y silencios a partir de los cuales el sujeto lírico construye esas razones que denotan inconformidad, deterioro y la búsqueda de unas manos a las que antes dijo adiós.

Ofrecemos un conjunto de prosas poéticas en diálogo con Salina Silver, Fernando Pessoa y otros testigos y realidades de su lírica.

                                                                                                                Osmán Avilés

Ismael

Un estadista dice fácilmente
    sus mentiras de memoria.

           William Butler Yeats

Ismael este lugar magnánimo, luminoso del mundo, donde no he roto el cordón umbilical. Ismael habla de mares en tierra inmensa, aquí bebí leche de cabras de mis mayores. Venerables ancianos sostienen la pipa de boca en boca, semejante a la grandilocuencia de esta tierra infatigable, estancia donde bien se está sin reñir con ira de los patronos, la chusma ignora al vitorear el desparpajo de los asesinos de las gaviotas.
Esta mañana cualquiera del año su dedo sentencia frente a la mar, la escuadra de plumíferas desciende ante el pelotón. La ciudad es imperial, luminosa. Ismael ve venir a Moby Dick, un último pensamiento para la amada, allá donde  el mugir de vacas, canto de guerra, balido de ovejas, tregua en campo de combate, llega un olor a masa de pan en el horno. Ismael no retorna de la alta mar, no verá a las gaviotas sangrar la playa, ridículamente muertas ante el espanto del agua. 

***

Demencia precoz

A Guillermo Vidal y Gelasio Barrero

Aquí nada ostenta nombre, no me avergüenza desconocer los mandamientos ni a Dios, permanecer recluido en un estanque minúsculo. Con qué endemoniados silencios me culpo si ya no disminuyen mis apetencias en el vientre materno. Indefinido converso mis muertes, distribuyo los arbustos sobre el recorrido del agua, aguas subterráneas donde permanezco impávido, donde contemplo el ingenioso desenvolvimiento de mis vecinos y doy jaque a los manantiales que no afloran. Soy tranquila demencia, siento el tac en los barrotes, disimulo mansamente el miedo, silbo el ritmo del tac tac, la celda es muda, violentada ternura que hechiza la casa y pone la carne de bala en el cañón.

***

El silencio pierde el sonido

Encierras el terror, pequeñas magias iluminan las aguas. Golpes amorosos sobre la sangre, la herida que perdura por estos años que han de sobrevivirme, en oscura penitencia avivo los cirios hacia la perenne casa, sumerjo mis muertos mientras mis hermanos cruzan la mar y acarrean uvas y manzanas para la madre Patria, no sé qué mano alza la carga que suma difuntos, huracanes contra la puerta donde sufro el canto de las aves recluidas. Soy quien se duele, quien silencia la sangre en que fui huérfano rehaciendo el fuego, las hambres milenarias, repito soledades que espantan a mi madre, reprimo deseos carnales donde perdí tus manos y las hojas de higuera de mi primer ropaje.

***

Por si un día pasa la guerra
(poema de Karel Hazky)

Yo también, lejos de ti, cuando perdida en la memoria
esté la sed de tu sonrisa, me acordé, igual que ahora…
                                                      Juan Luis Panero

Salina, quién iba a decir que el camino sería algún escollo, la tarde en que ya no acudiste. Has dejado una inmensa oscuridad. Las flores se marchitan en el jardín, estoy varado en la ciudad, te he visto partir, y rezo a la luz difusa. Salina, el futuro es murmullo, pudridero, estancia incierta, tu voz hablando un silencio con mi lengua, la tarde en que me fui de tus ojos con dolor, protegiéndote, la sangre simplificándose en la cruz.

***

No sé quién me sueño…


…dígame, ¿todavía piensa en Salamanca? He aprendido poco de uzbeko, dijo Bernardo Soares, por diversión, aunque nunca podré ir a Samarcanda, pero el hecho de conocer la lengua de aquellas tierras hace que me sienta más cerca de la ciudad con la que he soñado toda mi vida.
De Los últimos tres días de Fernando Pessoa. Antonio Tabucchi

                               En mis deseos existe lejanamente un país.
                                                                              F. Pessoa

Es marzo, ahí están los gladiolos. Mi ensimismamiento con las flores naranjas contrasta con el verde de sus hojas. Me han de internar en Sao Luís dos Franceses de Lisboa este año de 1935, yo, Fernando Antonio Nogueira, por esta crisis hepática que aprovecha mis insomnios y me hace lectura obligada en el restaurante Pessoa, anulo a los amigos que usan mi palabra para dar de cenar a sus papagayos, no soy nada nunca seré nada no puedo querer ser nada he sido creado para dar otras vidas. Ophélia Queiroz, no has de perdonar mi reclusión en la palabra, en otros hombres que me ocupan en sus vidas, voces que sufro sin poder alejarme del clima de Portugal, del hotel donde el señor Manases ha de venir a rasurarme, ahí cruza la basílica de la Estrela, Ophélia, el jardín en que nos besamos. Todavía no es noviembre de 1935, no pretendo salir de mi habitación sin afeitar. Tarda la enfermedad, no puedo detenerme yo que he sido todos los hombres. Carlos Eugenio, amigo, qué hago en la hora en que espero partir en busca de mi adiós, cómo amparo los hombres que soy, el recuerdo de Joaquín de Seabra, mi padre tuberculoso sofocándome, abuela Donísia, irremediablemente muerta en un manicomio, qué será de Álvaro de Campos, Coelho Pacheco más allá de otro océano, Alberto Caeiro, maestro, Ricardo Reis en Brasil, Bernardo Soares soñando siempre con ir a Samarcanda, Antonio Mora en la clínica siquiátrica de Cascais, de Madalena Pinheiro Nogueira, mi madre en Sudáfrica con su cónsul portugués, ahora que el 30 de noviembre de 1935 es voz inquieta en mi habitación, Ophélia Queiroz, Carlos Eugenio, voy a escribir esta historia/ para demostrar/ que soy sublime. 

***


Rafael Vilches Proenza (Vado del Yeso, Granma, 1965). Poeta y narrador. Licenciado en Educación en la especialidad de Artes Plásticas. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Ha obtenido varios premios entre los que cabe destacar: Premio Manuel Navarro Luna (2004), Premio de la Ciudad de Holguín (2005), y La enorme hoguera (2006); con el poemario «País de fondo» alcanzó el Premio Manuel Navarro Luna (2010). Textos suyos aparecen en diversas antologías en Cuba y en el extranjero. Tiene publicados los poemarios Dura silueta la luna (Ediciones Bayamo, 2002), El único hombre (Ediciones Orto, Manzanillo, 2005) y Trazados en el polvo (Ediciones Holguín, 2006), así como la novela Ángeles desamparados (Ediciones Bayamo, 2001). Actualmente labora en el Centro de Investigación del Sectorial Provincial de Cultura en Holguín, ciudad donde reside.

____________________
 
1Rafael Vilches Proenza: Tiro de gracia. Ediciones Holguín, Holguín, 2010.