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Un infatigable y "disparatado" soñador: Albertico Yáñez

 

Yohamna Depestre Corcho, 24 de enero de 2011

El portal colonial del Palacio de los Capitanes Generales, sirvió de sede  al Sábado del Libro.

A las 11 de la mañana del pasado 22 de enero, la lluvia anunciada  comenzó a caer y el panel integrado por Enrique Pérez Díaz, Yolanda Borlado —director y jefa de redacción de la Editorial Gente Nueva— e Ivett Vian, escritora, tomaron asiento frente al auditorio para presentar el Libro primero de las cosas raras, y homenajear al desaparecido escritor Alberto Yáñez Quiñoa, más conocido como Albertico —porque no quería renunciar a ser travieso y así lo refleja su obra literaria para niños y jóvenes— demostró su madurez como creador desde sus primeros escritos: un artista de pluma experimental; infatigable soñador y disparatado.

En una entrevista que le hiciera Enrique Pérez Díaz, publicada en el sitio web La Jiribilla expresó que: «hubiera querido ser amigo de Alicia, y acariciar la piel de Platero».

«No fue un ser del siglo XX —dijo el conductor del panel, Enrique Pérez Díaz—, sino un ser del siglo XXI; por eso está en esta colección».

Y es que la editorial Gente Nueva —casa donde Alberto Yáñez primero publicó y a la que entregó la mayor parte de su obra— trabaja junto a Mirta Yáñez, hermana del escritor, en un proyecto llamado Colección Veintiuno, que rescatará los títulos publicados en vida.  Según el Director, aparecerán Cuentan que Penélope, La frenética historia del bolotruco y la cacerola encantada, Poco libro para tanta barrabasada, La perdida por la ganada o el cambio del niño por la vaca, y el menos infantil y poco conocido, Zafarrancho colosal.

Ivett Vian comentó que en el Libro primero de las cosas raras está presente el ecologista, el  preocupado por la gente que fue, y es, Albertico. Pero también está el filósofo que se pregunta de forma descabellada, «¿qué pasará con mi uña?», su equivalente a «¿qué pasará con el hombre?» El libro de cuentos posee momentos increíbles, sus principios y finales, son mágicos.

«Escribía como si no tomara en serio la literatura», recuerda Ivett, amiga que lo descubriera saltando en la cama como un niño, y que no imaginó fuera un escritor. 

Después de tratarlo, de huirle y de reírse, comprendió que aquella persona no sufría del síndrome de Peter Pan, más bien era un adelantado a su tiempo porque todo lo relacionaba, todo lo preguntaba, todo para él, era imprescindible. También recordó que Albertico no sabía cómo terminar el  Libro primero de las cosas raras, cómo llegar al final del “disparate”. Tenía muchas cosas que decir.

Yolanda Borlado, editora de la reedición del título, señaló estar satisfecha de haber hecho el libro, pues le hizo crecer como persona, además de divertirla sobremanera.

Para finalizar la actividad, en representación de su hermano, recibió Mirta Yáñez, el Premio La Rosa Blanca por la obra de toda su vida; distinción que otorga por primera vez post mortem, la sección de literatura infantil de la UNEAC.

La pintura, entregada con el premio, simboliza las historias que Albertico dibujaba en su cabeza, impregnadas de su alegría y de su afán por arrancar una carcajada a todos. Como autor trasmitió, a cuantos le leían, ese espíritu, esa  vitalidad que emanaba de su persona. Pocas veces tuvo que rehacer sus textos —tanto ya los había reformado en su mente.  Ahí era serio, frente al papel no. Quién sabe si esa era su magia, su sabiduría.

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