Apariencias |
  en  
Hoy es jueves, 12 de diciembre de 2019; 3:18 AM | Actualizado: 11 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 1881 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Los cuentos «macabros» de Rubén Darío

 
Elizabeth Díaz, 25 de enero de 2011
Con el título Cuentos macabros, la editorial Arte y Literatura publicará una selección de cuentos del nicaragüense Rubén Darío; un Darío casi desconocido, emparentado con Edgar Allan Poe. La selección y el prólogo estuvieron a cargo de la poeta, profesora y editora Elizabeth Díaz,  de quien  publicamos una versión de dicho prólogo.
 
 
 
Quién imaginara al poeta Rubén Darío, el cantor de cisnes y princesas, ninfas, faunos y hadas, de dioses del Olimpo y porcelanas del lejano Oriente recordemos: La princesa está triste..., ¿qué tendrá la princesa? / Los suspiros se escapan de su boca de fresa, / que ha perdido la risa, que ha perdido el color. [...] («Sonatina», Prosas profanas y otros poemas)―,  haciendo cuentos de horror y misterio. Grandioso y reconocido sin duda como poeta, es también desconocido en su complejidad, por una difusión crítica superflua de su obra al gran público y programas docentes encapsulados, que insisten en encasillarlo en los temas y recursos más paradigmáticos del modernismo. El poema «A Roosevelt», uno de los poemas políticos, antiimperialistas, mejor logrados, se recuerda menos; en su «Salutación al águila» hay una de las síntesis poéticas y políticas más sobresalientes: «Águila, existe el Cóndor». Pero también está, por citar al azar, «Momotombo», «Tetucotzimí», «Canto a la Argentina» o «XL. Allá lejos», poemas con un fuerte arraigo en la tierra americana, rasgo también modernista.   
 
Si esto ocurre con su poesía, qué no decir de su inmensa labor periodística en crónicas y artículos, de su ensayística y, por último, de su narrativa. Emelina (escrita con Eduardo Poirier), El hombre de oro, El oro de Mallorca (inconclusa) y Caín (fragmento de novela) son cuatro empeños novelísticos. Pero su obra cuentística descubierta hasta el momento abarca 97 relatos, la mayoría publicados sin un especial cuidado en periódicos y revistas de la época. Rubén Darío empezó a escribir cuentos a los catorce años con el seudónimo Jaime Jil («Primera impresión»), pero no publicó más que un libro de este género en toda su vida, y aún así, mezclado con poesía, el extraordinario Azul…, de 1888, que ha sido tomado como inicio del modernismo por muchos autores. Las razones de este descuido aún están por dilucidar: ¿subvaloración del género en la época?, ¿preferencias de autor?, ¿o de los editores? Lo cierto es que Darío se ocupó de preparar y editar sus artículos, crónicas y ensayos para que fueran publicados en libros (Los Raros, 1896; España contemporánea, 1901; Peregrinaciones, 1901; La caravana pasa, 1902; Tierras solares, 1904; Opiniones, 1906; Parisiana, 1907; Viaje a Nicaragua, 1909; Todo al vuelo, 1912). Lo mismo hizo con la poesía, incluso llegó a pagar la primera edición de su libro de poemas Cantos de vida y de esperanza, Los cines y otros poemas (500 ejemplares con un costo de 816,15 pesetas), gracias a un cheque entregado por el gobierno de Nicaragua debido a su desempeño como miembro de una comisión nicaragüense que defendió las fronteras de Nicaragua frente a Honduras en Madrid, siendo él cónsul de su país en Francia.
 
Sin embargo, Azul..., con numerosas ediciones en vida de Darío (Valparaíso, 1888; Guatemala, 1890; Buenos Aires, 1905 y 1907; Barcelona, 1907; y Santiago de Chile, 1912), el libro que lo define como modernista, que le da la entrada por la puerta grande a la literatura, es valorado por numerosos críticos como más importante por sus cuentos, renovadores y originales, que por sus poemas.
 
En su cuentística encuentro tres vertientes fundamentales: la de la fantasía, aquellas narraciones más emparentadas con el Darío más conocido; la del realismo, en la que trata descarnadamente, hasta llegar a veces a la crueldad, aspectos de la sociedad, la pobreza, la guerra, la muerte, el amor, los defectos de los seres humanos…; y la del horror y el misterio, los cuentos macabros, un adjetivo que utilizara el propio Darío. Muchos estudiosos establecen la influencia de Edgar Allan Poe (1809-1849) en ellos, así como, en general, la de Catulle Mendès (1841-1909). Otras influencias se han señalado, como las de Hoffman, Anatole France, Flaubert, Balzac, Zola, los hermanos Goncourt, T. Gautier, Ernest Hello, Huysmans, Renard, Barbey d’Aurevilly, Maurice Du Plessys, Montesquieu-Fezensac, entre otros.
 
El primer cuento de horror que hace Darío, según los datos que tenemos hasta el momento, es «La muerte de Salomé», de 1891. En la selección que publicará la Editorial Arte y Literatura, los relatos no han sido colocados cronológicamente, sino atendiendo más bien a su temática, pero el lector interesado podrá consultar las fechas de publicación en las notas al pie de página. No obstante, debemos decir que elementos de horror, misterio y de lo macabro aparecen en muchos cuentos de Darío. Está el pajarito enamorado de la dama que lo captura y lo diseca para ponerlo en un sombrero, de «La historia de un picaflor»; «los ojos desmesuradamente abiertos, faz siniestra y, en la boca, un rictus sepulcral y macabro» en el horror de la guerra de «Betún y sangre»; «las sábanas ensangrentadas, con el cráneo roto de un balazo», de «El pájaro azul»; el poeta que encuentran helado, «con una sonrisa amarga en los labios, y todavía con las manos en el manubrio» de la caja de música que el rey le había ordenado tocar indefinidamente; las últimas alucinaciones de «El humo de la pipa»; el cataclismo y el cuchillo popular que cortará cuellos y vientres odiados en «¿Por qué?», y otros más. 
 
Cuentos macabros ha tenido como base la edición hasta el momento más completa de la narrativa de Darío: Todos sus cuentos (Editorial Arte y Literatura, 2009), que fue cotejada con numerosas fuentes y en la cual se rectificaron errores y erratas de ediciones anteriores. Aquí, además, he corregido algunas grafías para acercarlas al lenguaje contemporáneo, como budhistas por budistas, una ansia por un ansia, y otras. Por lo demás, se ha respetado la manera de escribir del autor en mayúsculas, cursivas, etc.
 
La interrogación del cisne: «¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello [...]» («Los cines», Cantos de vida y esperanza, Los cisnes y otros poemas), parece simbolizar esa dualidad de Darío en su contemplación de lo bello y su indagación por lo que hay más allá de las apariencias. El misterio y una especie de terror por lo desconocido. Un miedo que se remonta a la infancia, de supersticiones y leyendas populares, indeleble en el imaginario de Darío, mezclado con el afán de exploración de lo que nos trasciende, traspasando los límites de la experiencia permisible. El orfebre modernista Darío, que cinceló el lenguaje para darnos otras sensaciones, colores, aromas, ritmos, musicalidad, que amplió el horizonte de la expresión y el pensamiento, nos dejó estos originales cuentos fantásticos, de horror, de misterio, de terror, para el disfrute nuestro y de la posteridad.