Apariencias |
  en  
Hoy es lunes, 9 de diciembre de 2019; 6:47 PM | Actualizado: 09 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 326 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Celia nuestra y de las flores

Alina Iglesias Regueyra, 01 de febrero de 2011

Le decían Norma o Aly como seudónimo en la lucha contra Batista, pero su verdadero nombre era Celia. Celia Sánchez Manduley, hija del médico del pueblo serrano de Media Luna, fue una de las heroínas de la Revolución más queridas por el pueblo cubano. Contaban nuestros mayores que cuando los burócratas comenzaban a poner trabas a cualquier intento por viabilizar alguna situación, el mejor remedio era “ir a ver a Celia”. Hablaban de ella como de un hada, como si aquella dama fabulosa tuviera una varita mágica que pudiera salvar cualquier entresijo, por difícil que fuera.

Parte de esa fantástica y, a la vez, entrañable imagen, la ofrece Celia nuestra y de las flores, un curioso libro, fundamentalmente para el público infantil, que verá la luz en esta Feria Internacional del Libro de La Habana y de toda Cuba. Digo curioso porque, para la mayoría de las personas, es normal que un tema histórico atraiga solo a los entendidos y sea, de por sí, denso. Sin embargo, esta publicación contradice todos los prejuicios.

El libro está trabajado como un álbum infantil de ilustraciones. La tipografía es clara y legible; los títulos, en negro, de trazo grueso. Los fondos de los textos son manchas de colores sobre el blanco de la página, ejecutadas en técnica de aguada, donde se delimitan ciertas figuraciones o siluetas como mariposas, flores, hojas, árboles, en matices secundarios: violetas, naranjas y verdes en su mayoría. Las páginas dedicadas a ilustraciones en su totalidad combinan esta técnica con la inserción de fotografías de formas vegetales tridimensionales, modeladas en plastilinas multicolores por Ismael Calcines, Noelia Hernández y Jacqueline Teillagorry ―quien, además, realizó la loable edición de los textos. Llama la atención la paginación, por la utilización de grandes números en alegres tonos y matices, donde se enredan bejucos florecidos, frutillas e insectos pequeños, todo lo cual evoca un monte de ensueño. Y para los rostros y detalles más acuciosos, un dibujo sutil y de gran belleza, en fino trazo de plumilla, se combina con las formas anteriores, contrastando lo infantil con lo adulto. En este caso, la artista se nombra Hanna González Chomenko, quien, además de crear estas delicadas ilustraciones, comparte la realización de la cubierta y el diseño con Eloy Barrios Alayón.

En la composición de cada página reservada para imagen se emplean fotos de Celia ―cortesía de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado― en distintas locaciones o actitudes, referidas tanto a su niñez como a su adultez, las cuales se transparentan o insertan en el entramado de acuarelas, colores, modelados y plumillas: un acabado muy artístico que nos mueve a admiración y estimula a la lectura aun a quienes piensan que la historia es algo aburrido y tedioso.

Esta fascinación es compartida por expertos en materia de edición y caracterización de géneros. Según el escritor Omar Felipe Mauri:

Tomando las voces y recuerdos del pueblo, Julio M. Llanes escribió la más bella saga-testimonio que conociera la actual literatura: Celia nuestra y de las flores […] No es una biografía ni una ficción: más bien se nutre de ambas para lograr un excelente libro.

Al respecto también opina Luis Rey Yero:

Hay libros dirigidos a los niños y jóvenes que por su trascendencia y forma de abordar el tema interesan también a los adultos. Este es el caso de Celia nuestra y de las flores, del escritor espirituano Julio M. Llanes […] Estamos en presencia de un manojo de cuentos que, sin despegarse de la realidad histórica y humana, se ajustan al buen contar.

El índice del libro anuncia doce capítulos: “Un viaje largo”, “Una flor en el Turquino o el cuento de Pedro el Arriero”, “Celia de las aguas”, “Celia del aliento”, “La muchacha de las vicarias”, “La madrina”, “Celia de las mariposas”, “La primera guerrillera de la Sierra”, “El gran cofre de los recuerdos”, “Celia del silencio”, “En La Habana con Pedro el Arriero” y, por último, el que da título al libro: “Celia nuestra y de las flores”. Cada uno relata una anécdota de su protagonista: un abuelo que luchó junto a esta valerosa mujer, y a quien su nieto le pregunta constantemente sobre ella, obligándolo a volver sobre sus recuerdos hasta vivenciar la tristeza por la muerte sorpresiva de la heroína, quien ocultó estoicamente hasta el final su precario estado de salud.

La Casa Editoria Abril, en su aniversario 30 ―cumplido en el recién finalizado 2010―, ofrece a los lectores esta edición especial de Celia nuestra y de las flores: un merecido homenaje a 80 años del natalicio de la heroína cubana Celia Sánchez Manduley, recordada siempre como la más autóctona flor de nuestra Revolución.