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Salón… ¿clausurado?

Alejandro Álvarez Bernal, 14 de febrero de 2011

En la «Advertencia» que antepone a su Salón clausurado (Ediciones Matanzas, 2010), Roberto Méndez insiste en que su libro no es gran cosa, sólo un puñado de escritos de ocasión, apenas «…un haz de páginas concertadas en la que se intenta juntar verificaciones, atisbos, colocar apostillas a ciertos discursos artísticos»… Eso dice él, y cualquiera podría creerlo, porque ciertamente se trata de un conjunto de textos breves (algunos muy breves), que no pretenden  —vuelvo a citar a Roberto— «…ser una historia coherente de la plástica insular, ni siquiera un panorama de sus figuras más representativas».  

Con todo y la modestia de Roberto Méndez, Salón clausurado es mucho más de lo que a primera vista concede el pequeño formato de su edición y (o) la brevedad sus textos. Aquí aparece la primera notabilidad de estas páginas, su aurea brevitas que pone en duda (aunque no lo dudo) la «urgencia» —Roberto dixit— con que fueran escritas: ya quisiera más de uno lograr apuros de tal vuelo. La plástica, tanto como la música y la danza, suele ser campo minado para el crítico de arte, cuya órbita se rige por principios más cercanos a Aristóteles y Kepler que a Heinsenberg, de suerte que al intentar traspasar de envase el pollo del arroz no escasea en este campo (bueno, en otros también…) la imprecisión categorial, el galimatías ampuloso, la palabrería vacua. Roberto Méndez, en cambio, atraviesa el peligro con pericia de zapador veterano, como ya se ha visto en libros suyos anteriores. Y  por seguir con esto de la metáfora pirotécnica, añado que doblemente: haciéndonos fijar la mirada sobre el peligro marcado con su banderín –como en los textos referidos a artistas de su entrañable Camagüey, de los que destaco el dedicado a Maydelina Pérez Lezcano–; y dejándonos una zapa bajo los pies, para abrirnos el entendimiento (o la mollera, que no es lo mismo pero es igual), en textos como los referentes a Arche, a Lozano y a José Martí. 

Por demás, pienso que Salón clausurado es un libro equivocado. Debiera ser de dimensiones grandes, con papel pesado y cromos de cuatricomía impecable, con encuadernación de tela o cuero y, sobre todo, una inscripción bien visible que rezara «Este libro debe ser leído (y releído)».

Olga García Yero, 2019-12-09
Jesús Dueñas Becerra, 2019-12-01
Jesús Dueñas Becerra, 2019-11-25