Apariencias |
  en  
Hoy es lunes, 9 de diciembre de 2019; 5:41 PM | Actualizado: 09 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 326 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Nueve historias de histéricas cucarachas

Yordis Monteserín, 14 de febrero de 2011

Según Mario Vargas Llosa, el arte no posee otra moral que la eficacia estética. Si esto fuera cierto, perdería sentido la polémica que se teje en los últimos años alrededor de la literatura infantil cubana y los llamados “temas difíciles”. En los argumentos sostenidos desde ambas partes —estilo temático-formal edulcorado versus estilo crudo o realista—, se olvida que no existen mejores o peores temas, certeros o errados estilos: existen, o no, buenos libros. Uno de ellos es Cucarachas al borde de un ataque de nervios, de Eldys Baratute, publicado en el 2010 por la editorial Oriente.

El volumen contiene nueve historias en las cuales humor y solemnidad se toman de la mano. Ya el título —especie de parodia-homenaje al realizador español Pedro Almodóvar— nos indica que no debemos adentrarnos en estas páginas con pruritos conservadores o intelectualoides. Baratute se ríe de los personajes-monumento: bromea afablemente con la historia de Gregorio Samsa y trastoca el conocido cuento de la Cucarachita Martina; todo ello, como parte de un mundo alucinante en el cual se logra una astuta cohesión narrativa que sugestiona y mantiene en vilo al lector hasta terminar el libro.

No es arbitrario que se haya optado por las cucarachas como símbolo de los humanos. Se trata de un ingrediente más en este gran juego de retozar con los estereotipos, ya sea invirtiéndolos o regodeándose en ellos. Poco a poco, Baratute consigue su objetivo: nos inquieta, y comienza uno a sospechar que, en esta ficción, nada es lo que parece. Así, los insectos protagonistas son simpáticos en lugar de repugnantes; el libro de cuentos es recomendado, en la última página, como un manual de autoayuda; las moralejas que tiende a esperar un lector ingenuo brillan por su ausencia o emergen disueltas en la picardía de la historia —bromista hasta el final, el autor se burla de su propia estética: en una cita al comienzo del volumen advierte que, si sabemos buscar, acabaremos encontrándolas.

Otro hecho curioso es que no presenciamos en el libro el clásico enfrentamiento entre personajes buenos y malos. En el universo creado por Eldys Baratute no existe un mal definido al que sea posible enfrentar un bien que lo derrote, y podamos, aliviados, pasar página. El tratamiento es más realista, más cercano a la vida cotidiana: se nos muestran personajes en conflicto o, si lo prefieren, al borde de un ataque de nervios. Desde la cucaracha con crisis de identidad, hasta la que pretende ser una diva, cada historia refleja la ambigüedad del mundo real. Errores, defectos, y la voluntad para continuar a pesar de ellos. Incluso el juez del primer cuento, en lugar de personificar el castigo, es quien halla un arreglo aceptable para el trance. No hay soluciones fáciles o perfectas. La cucarachamidas no se libra de su dilema, aunque sí aprende a manejarlo; y el cucarachón chismoso, a pesar de la lección que recibe, no deja de enredar y desenredar su lengua —ni de creerle, una y otra vez, los demás.

Baratute teje un sutil entramado que hace de este libro una narración difícil de encasillar. Primero, porque consigue el anhelado equilibrio, entre realista y benigno, profundo y divertido, al que debe aspirar una obra para niños: entretener con ingenio, sin pecar de superficial; formativa, sin ser cruel, dogmática o predecible —un equilibrio que antes sólo había alcanzado con su novela Marité y la Hormiga Loca (Abril, 2007). En segundo término porque, debido a los guiños intertextuales, a su irónica travesura, la graciosa fantasía y el lenguaje diáfano y directo, este volumen resulta disfrutable por igual para niños y adultos.

Eficacia estética, tal y como he mencionado al comienzo de este comentario. Si a ello añadimos la excelente factura lograda por la editorial Oriente —calidad que mantienen todos los títulos de la colección Ala y Espuela—, y las adecuadas ilustraciones de Dagnae Tomás Martínez, ya no quedan dudas: el resultado es un producto que irá acompañado, además, de la eficacia comercial.

Enrique Pérez Díaz, 2019-12-03
Enrique Pérez Díaz, 2019-11-18
Alina Iglesias Regueyra, 2019-11-04