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Desde Nunca-Jamás (II)

José Manuel Espino, 21 de febrero de 2011

Cuaderno de la Isla
Aun bajo la lluvia, los niños sueñan con ser Peter Pan, Wendy o —¿por qué no? — el Capitán Garfio, a quien pudiera deberse el conjuro terrible para que pertinaces gotas se adueñaran de la Cabaña. Sin embargo, hay palabras mágicas que todo lo pueden; baste decir: “Amambrocható”, y se regresa al rinconcito reservado para la infancia.


La buena sombra

Quien a buen libro se arrima…

Sombra sonora y clásica, verdor reconocible el que obsequia Por el mar de las antillas anda un barco de papel, de Nicolás Guillén. Advierte el inmenso autor: Poemas para niños mayores de edad, e intuyo que aludiendo, más que a cifras, al necesario crecimiento del lector al adentrarse en sus páginas. Porque sería difícil no abandonarse al disfrute pleno de esos versos: a veces como una leve caricia —no es baladí que el primer poema se llame “Suave amiguito”—; a veces, ciertamente enigmático —“¿Quién eres tú?”.

La belleza del libro también se alcanza con la armonía de las capitulares e ilustraciones realizadas por Rapi Diego, preciosismo exuberante y cómplice en su lectura de los poemas e inspiradores de la misma sensación del movimiento que propone un texto como “Barcarola”:

El mar con sus ondas mece
la barca, mece
la barca junto a la costa
brava, la mece
el mar.

Del hondo cielo la noche
cae, la noche
con su gran velo flotando
cae la noche
al mar!


Brújula personal
Unicornio, editorial de La Habana, aparece en la 20ma Feria con el poemario Criaturas del campoverde, de Orestes Espinosa Marrero, y la obra de teatro Retablo para una flor, de Raúl Hernández Ortega, además de dos minilibros: La Tijera, de Michael García Pérez, y El último deseo, de Enrique Pérez Díaz.


Mensaje para la niña Doralina:

—encontrado en una botella
cerca del mar de la Cabaña—

Tal vez se quedó dormida sobre el tapiz esmeralda, dibujó la primavera
para que la acompañara. Como prenda en su equipaje las imprescindibles alas
para recorrer el monte y despertar la mañana.

Claman las flores del campo por el pétalo que escapa, los poetas al cantar
perciben que un verso falta. Reina el silencio en su voz, ya no brotan las
palabras, irradian desde el papel —eterno duende con alas.

(por Carmen Bacot)


La minientrevista

Cuando despertó, el entrevistado todavía estaba allí…

Nombre y apellidos: Armando Morales
Profesión: Titiritero

El Guiñol Nacional es una ventana para asomarnos al inquietante mundo del teatro para niños en Cuba. ¿Cómo ve la relación entre escena y escritura?
La escritura dramática de las piezas concebidas para el teatro de figuras animadas es calificada por especialistas e investigadores como “partitura”, un término muy apropiado, más afín a la entidad del instrumento títere. El diseño, la selección de materiales, la construcción y el acabado del títere demandan la disposición de su principal objetivo: el movimiento. Si la excelencia del instrumento musical se fundamenta en la calidad del sonido, en el títere se manifiesta en la posibilidad y riqueza del movimiento. Aunque los niños se hayan apropiado del espectáculo titiritero gracias al fascinante hechizo de este y al encantamiento mágico de sus artimañas, el arte del títere, desde su dramaturgia espectacular, es teatro para todos. Los años fundacionales del Teatro Nacional de Guiñol, bajo la sabia tutela de los hermanos Camejo, nos descubrirían lo que sentenció el maestro Rine Leal en una crítica sobre el Don Juan Tenorio: “…cuando un texto dramático es servido con eficacia teatral, poco importa si los actores son de carne y hueso o de maderas cubanas, o de las dos cosas”.

¿Piensa que son valorados en su real magnitud los aportes de la dramaturgia para niños y jóvenes en las letras de Cuba?
Salvo las reales iluminaciones de dramaturgos fascinados con el arte de los títeres, como Dora Alonso, Freddy Artiles, Fidel Galbán, Esther Suárez, René Fernández y los jóvenes de los cuales esperamos sus obras, la valoración es insuficiente. Basta revisar el catálogo de nuestras editoriales para descubrir la ausencia de piezas de teatro para niños y de títeres. Salvo las especializadas Tablas-Alarcos y Gente Nueva —a las cuales se suman Ediciones Matanzas y Cauce—, es casi nulo el acercamiento a la literatura dramática de la especialidad. ¿Cuándo tendremos en “nuestras propias manos” un volumen sobre la dramaturgia nacional dirigida a los niños editado por Letras Cubanas?

Su dirección de correo electrónico (armandotiteres@cubarte.cu) expresa un compromiso, una voluntad de consagración. ¿Qué libros leía apasionadamente el niño Armando Morales?, ¿cuáles quisiera haber escrito el hombre de teatro reverenciado por todos?
Leía todo lo que caía en mis manos. Los periódicos de la época, las revistas Bohemia y Carteles, y, aunque pudiera parecer un absurdo en un niño de origen campesino, la atrayente Life. Es en 1959, cumplidos los diecinueve años, que se inició, verdaderamente, mi voracidad por la lectura: leía a los autores cubanos, y en mis años de estudiante de teatro, sobre todo a los grandes dramaturgos: desde Esquilo hasta Beckett. No necesito haber escrito los títulos que aún hoy me apasionan; ellos ya lo hicieron.