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¿Tin Marín o Jin Jara Bin?

Alina Iglesias Regueyra, 21 de febrero de 2011

Cuando mis hijos descubrieron Jin Jara Bin —un libro lleno de poesías, relatos cortos, adivinanzas, y hasta con un cuento de Pepito haciéndole canciones estrambóticas a la maestra en la escuela—, quedaron maravillados. Y también yo. Su curioso título se convierte en un anzuelo que atrapa a cualquier persona, adulto o niño, y la sumerge en un mundo de locuras y sueños, justo como recordamos esa parte de la infancia mejor vivida. De hecho, el disparatado volumen está dedicado “a todos los niños que llevan los pantalones remendados”.

Para comenzar, diré que no hay un prólogo —como cabría esperar en un libro que necesita de explicaciones—, sino un “Prílogo”, donde se instruye a los padres acerca del artículo que van a adquirir para sus hijos:

Al mirar la cubierta, habrán comprendido que no es un libro mojigato, está hecho para sacarles la lengua a quienes creen que los niños son florecitas que deben crecer bajo campanas de vidrio. Los niños son las criaturas más inteligentes del universo […] Llegan a saber cómo es el barro, embarrándose hasta las orejas (aunque se enoje mamá), componen las mejores canciones y suelen pintar mejor que Picasso y Miró pero no les interesa la fama.

Más adelante viene el “Prélogo”, en el cual la autora da instrucciones a los infantes de hacer lo que quieran con el libro, además de leerlo: pueden dibujarlo, garabatearlo y adornarlo como gusten. Y las adivinanzas están presentadas como un reto: quien las responda será coronado como el Gran Adivinador de la Calabaza al concluir la lectura.

La creadora de este divertido texto es Niurki Pérez García, dramaturga camagüeyana nacida en 1961, quien es, además, una ferviente promotora de libros para niños y jóvenes. Obtuvo el premio La Edad de Oro en 1999 con el cuaderno Sulunay (Gente Nueva), y entre sus títulos más gustados están Cuentos negros para niños de todos los colores (Ácana, 1998 y 2000); El bebé más lindo del mundo (Ácana, 2004); La princesa Dayán (Ediciones Holguín, 2004), y este que les presento, publicado dos veces por la Editorial Oriente: primero, en el 2001 y, luego, en el 2004.

La edición es de Asela Suárez; el diseño, de Fernando Goderich; y las ilustraciones son originales de la propia escritora, quien se nos revela como una fina dibujante. La composición corrió a cargo de otra talentosa cubana: la poetisa Teresa Melo, quien logra con efectividad la cohesión entre todos los elementos, para lo cual se emplean distintas tipografías y se contrastan géneros.

Uno de los poemas más inauditos del libro es el titulado “Cuento de caminos”:

Una vieja aventurera
Quería ser bandolera
Y no tenía pistolas:
Se compró dos cacerolas
Y apostada en los caminos
Asaltaba a los vecinos;
Les daba un cacerolazo
Más fuerte que un cañonazo.
Pero qué gran desespero:
Nadie tenía dinero.
No era aquello una feria:
Pronto estuvo en la miseria.
A sus sueños puso tasa
Y volvió para su casa.
Dijo a todos con gran juicio:
“Ser bandido no es mi oficio,
y prometo que me baño
una vez cada tres años”.
Y la vieja aventurera
Que quería ser bandolera,
A fuerza de limonada
Se volvió buena y honrada.

El lenguaje es totalmente desenfadado y cándido, mas no desde el punto de vista de la simpleza y la ñoñería, sino desde la óptica del descuido, la libertad, la gracia y hasta la precisión. Si existe moraleja, penetra como broma y retozo, a golpe de risa y no de regaño.

Sus trabalenguas, llenos de ingenio y lógica funcional, provocan deseos de aprender y repetirlos:

Trastabillando un potrillo
Trota triste y da traspiés.

Está la mona a la moda,
La moda sienta a la mona.

No hay tanto canto tampico
Ni tampoco tanto cuento.

Las adivinanzas ostentan mucho de humor y poesía en sus metáforas y rimas; en el contraste logrado entre la incógnita real y el juego de palabras que nos sugiere otras imágenes semejantes, imaginarias o no, para asociar significados; en las hipérboles y personificaciones, muy precisadas por la infancia para comprender, de manera creativa, el mundo que les rodea:

Una capa negra con mil diamantes
Que nadie lleva puesta.

Es una entrometida
Y si no la espantas
Mete las patas en tu comida.

De este a oeste, de norte a sur
Hay estirado un gran pañuelo azul.

Será en la selva un campeón,
Pero en la jaula parece
Un gato con sarampión.

Completamente alejado del burdo didactismo, este fascinante volumen logra enseñar sin aburrir, entretener sin exasperar, promoviendo la lectura como travesura y solaz de niños y padres.

Jin Jara Bin, título debido a una de las canciones que lo integra, se presenta como una opción muy original a la hora de educar y unir a la familia en torno a la lectura; una demostración de que, a partir de las palabras, puede construirse una muy juguetona fantasía para alegrar los momentos más ligeros y los más profundos de la niñez.