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Homenaje a Fernando Martínez Heredia

Samuel Sanchez Galvez, 28 de marzo de 2011

Fernando Martínez Heredia, nació el 21 de enero de 1939, en Yaguajay, hoy  provincia de Sancti Spíritus. Militó en el movimiento 26 de Julio. Es Doctor en Derecho de la Universidad de La Habana. En 1961, siendo estudiante, comenzó a impartir clases  De entonces a la fecha ha mantenido, para suerte nuestra, un apasionante itinerario pedagógico, que ha hecho de sus alumnos (de pregrado, postgrado y de encuentros, por fortuitos que sean) no sólo especialistas de adelantado nivel , sino también — lo que es más fundamental— ,mejores hombres.

Creó, como profesor y director, el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana. En él, junto a otros jóvenes no menos osados, acometió   —según sus propias palabras—  la empresa de intentar situar el marxismo-leninismo a la altura de la Revolución cubana y, a tono con ello, se sumergió en la investigación marxista de los más diversos problemas económicos y socio-políticos de Cuba y América Latina.

Martínez Heredia es un activo promotor de las publicaciones más variadas. Se halló entre quienes tuvieron a su cargo la tirada de aquellos textos que veían la luz bajo el rótulo de Edición Revolucionaria, entre 1965 y 1966, excelentes impresos que varias generaciones de estudiantes, y de cubanos en general, agradecemos y, frecuentemente, extrañamos. Estuvo entre los fundadores, en 1966, de El Caimán Barbudo y de la, ya hoy día mítica, revista mensual Pensamiento Crítico.

Esta última, de la que fuera su director, permanece en la memoria no solo por los medulares trabajos aparecidos en ella ,sino  también por el modelo vital que ofreció de espacio libre para los ejercicios de teorizar y debatir, prácticas que invariablemente deben ser intrínsecas a las Ciencias Sociales, tan imprescindibles en la actualidad, para el desarrollo de un pensamiento crítico, marxista, cubano y universal.

Entre 1971 y 1976, separado de la actividad intelectual pública, tras la disolución del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, asumió diversas tareas en  el Instituto Nacional de Reforma Agraria y el Ministerio del Azúcar. 

En diciembre de 1976, comenzó a trabajar como investigador en el Centro de Estudios sobre Europa Occidental. Tras el triunfo de la Revolución sandinista cumplió tareas diplomáticas en Nicaragua. A partir de 1984, y durante diez años, laboró en el Centro de Estudios sobre América. Desde 1994 labora en el Centro de Investigaciones Culturales Juan Marinello. Preside la Cátedra de Estudios Antonio Gramsci.

Como autor o coautor, a Martínez Heredia le debe la cultura cubana una profusa obra de carácter científico-social, que abarca casi una veintena de libros y más de doscientos ensayos y artículos. Entre sus libros destacan Desafíos del socialismo cubano, El Che y el socialismo, El ejercicio de pensar y El corrimiento hacia el rojo. Es tarea imposible enumerar siquiera algunos de sus más importantes ensayos pero no me resisto a dejar de mencionar uno, clave en lo personal, que recomendamos a nuestros alumnos en las clases, me refiero a Historia y marxismo.

Es miembro del Comité Nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y del Comité Ejecutivo de la Asociación Latinoamericana de Sociología, entre otras instituciones. Continúa su labor en el mundo de las publicaciones seriadas formando parte de los Consejos editoriales de varias revistas cubanas, latinoamericanas y europeas. Entre ellas se hallan América Libre, Caminos, Debates Americanos y Anuario de la Fundación Che Guevara.

Ha recibido numerosos premios, condecoraciones y distinciones entre los que destacan la Distinción por la Educación cubana, Distinción por la Cultura Nacional, el Premio Casa de las Américas y el Premio Nacional de Ciencias Sociales.

El pensamiento marxista y la labor de Fernando Martínez Heredia ocupan imprescindible espacio en el quehacer de las ciencias sociales del último medio siglo cubano. A quien investigue — y pretenda investigar en el futuro— el tratamiento e interpretación de las relaciones  problemáticas y  conflictos del proceso histórico de la nación cubana y América Latina, durante los últimos cincuenta años, en lo concerniente al socialismo y el capitalismo, el estado, la revolución y la contrarrevolución, la sociedad, la economía, la política, la ideología, las clases y grupos sociales, la identidad, la cultura, la religión, los movimientos sociales, el pensamiento del Che, entre otras tantas temáticas, le resultará imposible soslayar sus originales estudios y aportes. Y sin  dudarlo, hallará en ellos lúcida brújula sistematizadora y sur seguro, nunca norte.

El hecho de que profesores y alumnos inmersos, aún modestamente, en las Ciencias Sociales, estudiemos su obra es, en gran medida, una respuesta a la lógica profesional. Sin embargo, me resulta muy sugestiva la atención que despiertan sus libros en jóvenes que realizan otros estudios, aparentemente, lejanos de las temáticas que él trata. Es un ejemplo de esto el que  traigo a colación. Meses atrás encontré a un joven muy cercano, un buen lector, próximamente estudiante de medicina, recorriendo afanoso las páginas de En el horno de los 90. Le pregunté por qué lo leía y me respondió, escuetamente, que le interesaba “la perspectiva diferente”. Presto a escribir lo que ahora leo, le interrogué de nuevo y me abundó diciéndo que le había interesado más el marxismo, a partir de su lectura, que desde el enfoque recibido en los cursos de Cultura Política.

Un análisis de la labor en el campo de las Ciencias Sociales de Fernando, precisa de un espacio y un tiempo extensos que no son ahora. No obstante, aunque ello fuera posible, en una ocasión como esta, preferiría, aun concisamente, referirme a los que considero superiores atributos del hombre que es Martínez Heredia, ese que lleva apellido de poetas y le son característicos el ánimo laborioso, el saber escuchar y la tos recurrente.

Como a pocos, en los medios intelectuales y universitarios cubanos, a Fernando se le respeta por su obra y se le quiere por él mismo. Deduzco que sea porque a él, por sobre cualquier otra cualidad, le son inherentes la modestia del hombre grande, una ética humanística, inseparable del verdadero revolucionario, y una coherencia de reflexión y obra, resultantes de su compromiso riguroso y radical, con su tiempo y los pueblos cubano y latinoamericanos.

Admiramos al Fernando, sin estridencias, siempre dispuesto a asumir las consecuencias del riesgo, a enfrentar y responder al juicio diferente o antagónico, determinado a no permitirse estar fuera del crisol cubano. Estimo esto como lo más sobresaliente de su enseñanza intelectual.

Leonardo Depestre Catony, 2019-11-10
Leonardo Depestre Catony, 2019-10-16