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La institucionalización de la Ciencia en Cuba durante la primera mitad del siglo XX

Orieta Álvarez Sandoval, 23 de marzo de 2011

En Cuba la institucionalización del quehacer científico data del siglo XIX, a través de un proceso donde presenta especial importancia la fundación en 1861 -después de múltiples esfuerzos- de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana.

Esta asociación, la única Real Academia que se creó fuera de la Metrópoli española, ha sido objeto de estudio de una minuciosa investigación, que tuvo como resultado la publicación de un libro en 1988, escrito por el Dr. Pedro M. Pruna, con el título Ciencia y científicos en Cuba Colonial. La Real Academia de Ciencias de la Habana 1861-1869.
 
Este estudio evidenció que, gracias a las labores de la institución, resulta posible distinguir en nuestro país la profesión científica como parte de la historia nacional. La obra fue concebida a partir del estudio de la vida interna de la Academia y logra un examen de los factores que intervinieron en todo el proceso, así como las diversas funciones asumidas dentro de la sociedad.
 
La organización habanera puso de manifiesto -por vez primera- la existencia en aquella Cuba colonial de una comunidad científica capaz de influir con eficacia en la conformación de una cultura nacional. Años después Enrique José Varona afirmó que este centro “representaba la mayor suma de cultura, la mayor suma de saber que hasta entonces había producido nuestra patria”.
 
En la actualidad, el colectivo de investigación del Museo Nacional de Historia de las Ciencias Carlos J. Finlay -hoy en proceso de extinción- desarrolla un proyecto sobre “La Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana durante el período de la república neocolonial (1902-1959)”.
 
Este análisis tiene como finalidad reconstruir el quehacer de la institución en los años republicanos, en lo que se refiere a: estructura, misión, principales personalidades, publicaciones, temáticas, eventos realizados, colaboración con instituciones cubanas y extranjeras, finanzas, locales, entre otros, lo que contribuirá a reafirmar la elevación del acervo cultural del país.
 
Se examinará cómo, durante esos años, la Academia continuó sus labores y contribuyó al progreso y divulgación de los conocimientos e investigaciones científicas. También sirvió de marco a importantes eventos y su actividad estuvo relacionada con el despertar de la conciencia nacional durante el período. 
 
El proyecto de investigación se propone sistematizar el conocimiento científico en la primera mitad del siglo XX. Tiene entre sus objetivos específicos: 
·        Configurar una historia social de la institución a partir de sus propios objetivos, estructura y contexto en que se desenvolvió.
·        Arribar a una caracterización a partir del análisis de las principales temáticas, publicaciones y documentos.
·        Profundizar en la labor y amplios debates de la Academia republicana en algunas disciplinas, como la epidemiología, la historia natural y la antropología.
 
Se ha tomado como punto de partida un estudio histórico social y de las fuentes primarias y secundarias fundamentales, lo que permitirá arribar a la elaboración de los resultados antes señalados.
 
También se trabaja en la valoración de los logros y limitaciones de la corporación en el período, lo que permitirá ofrecer, a fines del presente año, resultados y conclusiones sobre sus aportes al país durante los años de la vida republicana, poco estudiados en general.
 
Ya se conoce que la institución --según sus estatutos-- brindaba facilidades a todo hombre de ciencia, nacional o extranjero, para exponer y debatir sobre sus conocimientos o ideas; colaboraba con toda investigación científica que lo mereciese; publicaba, con las consideraciones y conclusiones convenientes, las materias en ella analizadas; informaba a los poderes públicos sobre los asuntos que eran de su competencia; y servía como árbitro en las diferencias de criterio que surgían entre sus integrantes.
 
Su Junta de Gobierno, que debía ser renovada cada tres años, estaba constituida por un presidente, un vicepresidente, un secretario, un vicesecretario y un tesorero, junto a otros cargos menores. Se otorgaba la condición de Académico de diverso tipo: de Número, Honorario, de Mérito y Correspondiente, la última tanto a nacionales como a extranjeros.
 
Durante la República, al igual que en la etapa colonial, la Academia continuó siendo una institución dedicada esencialmente a la medicina, complementada por ciencias auxiliares y destinada a importantes eventos científicos, como la celebración en 1905 del Primer Congreso Médico Nacional.
 
Se efectuaron allí otras actividades de diverso corte, entre ellas: la celebración entre 1910 y 1929 de sesiones públicas de algunas de las instituciones científicas y culturales más importantes de entonces en el país, como la Academia Nacional de Artes y Letras y la de Historia. Así mismo, el 30 de julio de 1911, se constituyó en el salón de actos el Primer Colegio Médico Nacional.
 
En el paraninfo de la antigua Academia de Ciencias, el 18 de marzo de 1923, un grupo de jóvenes intelectuales -encabezados por Rubén Martínez Villena- llevaron a cabo el acto conocido como la Protesta de los Trece, dirigido contra la corrupción imperante en el gobierno de turno. Para la historia, este hecho representó una manifestación del despertar de la conciencia nacional en aquella república neocolonial. En ese mismo salón se efectuaron también el primero y segundo congresos nacionales de mujeres, en 1923 y 1925 respectivamente.
 
El 19 de diciembre de 1930 fue invitado por la Sociedad Geográfica de Cuba el destacado científico alemán y premio Nobel de física Dr. Albert Einstein en ocasión de su única visita a La Habana. En el salón -construido entre 1910 y 1915- se encuentran los bustos de los prestigiosos científicos cubanos, los doctores Nicolás José Gutiérrez Hernández, Carlos Juan Finlay de Barres y el naturalista Felipe Poey y Aloy, figuras notables del desarrollo de la ciencia y la cultura en Cuba. 
 
Esta investigación, actualmente en ejecución, deberá profundizar sobre los aspectos antes mencionados y se prevé se divulgue a través de la publicación de un libro, con el estudio de la obra existente sobre la Academia en la etapa colonial, cuyo autor el Dr. P.M. Pruna.
 
El colectivo del museo Finlay ha investigado por más de dos décadas sobre diversos temas relacionados con la Historia de la Ciencia, incluidos los libros, de los que resultaron Cien figuras de la Ciencia en Cuba e Historia de la Ciencia y la Tecnología en Cuba.
 
En vísperas del 150 aniversario de la fundación en 1861 de la Academia habanera, institución potenciadora de la ciencia y la cultura nacionales, resulta apropiado honrarla a través de la divulgación de su importante labor científica realizada.