Pedro Urbezo: prolífico escritor de la radio y la televisión cubanas
Escribir es servir.
José Martí
Pedro Urbezo (La Habana, 1943), es uno de los escritores radiales y televisivos más fecundos de nuestra geografía insular. Desde que era un «pequeño príncipe», sintió marcada vocación por la escritura, la lectura, el béisbol (nuestro deporte nacional), y el séptimo arte, a los que ama con todas las fuerzas de su ser racional y espiritual.
En su época de estudiante, dejaba de prestarle atención al maestro para dedicarse a escribir, en los cuadernos escolares, novelas (la mayoría perteneciente al género aventuras, en el que se mueve como pez en el agua o calamar en su tinta).
Urbezo es miembro activo de la Asociación de Medios Audiovisuales y Radio de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y ha publicado el libro El teatro América: el gran templo de la cultura cubana (La Habana: Ediciones Extramuros, 2006), y tiene otro texto en proceso de edición en Colombia: El teatro América y su entorno mágico, con motivo del aniversario setenta de la fundación de esa institución cultural capitalina.
En fluido diálogo con el infatigable creador, me confesó que, alentado por quienes habían leído y elogiado sus escritos juveniles, decidió llevarlos a la radio, y luego de evaluarlos críticamente, fueron aceptados; razón por la cual —especificó— «comencé a escribir en la antigua CMQ radio, en 1963, o sea, cuatro años después del triunfo revolucionario, para el espacio Biblioteca Infantil, que jerarquizaba el primerísimo actor y director Carlos Paulín».
Luego, evocó que, en la emisora que fuera propiedad de los hermanos Goar y Abel Mestre, «estuve hasta 1965, fecha en que me trasladé para Radio Rebelde, donde escribí las inolvidables aventuras de Peter Pan, en las que —inconscientemente— liberé mi yo niño, y mientras las escribía me convertía, por la magia de la radio, en uno de los amigos de ese pequeño héroe que se negaba a crecer, y que luchaba contra las maldades del capitán Garfio y sus temibles piratas».
En ese contexto, «escribí mi primera radio-novela, Virgen Rosales, para el programa La novela de las ocho, que dirigiera Humberto Bravo. Ahora bien, cuando cambió de horario, comenzó a denominarse Estudio Cuatro, espacio que —ulteriormente— se trasladó a Radio Progreso, y todavía hoy sale al aire por la Onda de la Alegría».
Por otra parte, precisó que, «En Rebelde, estuve hasta 1967, en que entro —por la puerta ancha— a la Emisora de la Familia Cubana, donde escribí una versión radial de Cumbres Borrascosas, un clásico de la literatura universal, de la ilustre novelista Emily Bronté, además de Sherlock Holmes y Aventuras, que han sido y son —como usted conoce— mi plato fuerte».
En ese mismo año, destacó, «comencé a alternar mi labor en la radio con la pequeña pantalla, donde me inicié como escritor de cuentos de horror y misterio para el espacio Tensión, que en un inicio se transmitía, en vivo, a las doce de la noche. Luego, escribí para Teatro ICR, la Comedia del Domingo, 1868 (un programa de corte histórico que asesoraba el doctor Jorge Ibarra Cuesta), telenovelas y policíacos (entre ellos, el popular Día y noche)».
Desde la década de los años setenta, en que debutó como escritor en los medios audiovisuales, «he escrito para la pantalla chica más de 10 programas, entre aventuras y policíacos».
En 1972, retornó a Radio Liberación (antigua CMQ), donde «me re-encontré felizmente con mi maestra y amiga del alma, señora Odilia Romero, y empecé a escribir Fantasía, espacio dedicado a la grey infanto-juvenil, aventuras (leitmotiv en mi quehacer intelectual y espiritual) y adaptaciones de los clásicos de la literatura mundial».
En 1976, regresó a Radio Progreso, donde «hice una adaptación para el medio de una novela soviética La carretera de Volokolams y continué escribiendo radionovelas, y por supuesto, aventuras, las cuales no pueden faltar —en modo alguno— en mi curriculum vitae».
Tener el inefable placer de entrevistar a Pedro Urbezo y no preguntarle qué lo motivo a «resucitar» a Los tres Villalobos para el espacio Aventuras, que transmite el canal Tele Rebelde, deviene una omisión imperdonable en un profesional de la prensa.
A esa interrogante, respondió de inmediato: «desde que era niño, escuchaba por las ondas nacionales de la antigua CMQ Los tres Villalobos, los cuales escribía el maestro Armando Couto, creador de los emblemáticos personajes Miguelón, Rodolfo y Machito, protagonistas de esas inolvidables aventuras, entre otras (Kazán, el Cazador, Luis Dragón, el conquistador del espacio), que —en aquella época— contaban con una gran radioaudiencia».
En cierta ocasión, «Caíñas Sierra me mostró algunos libretos de Los tres Villalobos para que me familiarizara con la confección de los guiones radiales, los cuales aprendí —sin dificultad alguna— por el amor y la pasión que —desde mi infancia— despertarán en mí la azarosa vida de esos tres hermanos», acotó.
Por lo tanto, «cuando, en el 2005, Ovidio Cabrera, ex vicepresidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), me pidió que llevara al espacio Aventuras la teleserie Los tres Villalobos, acepté dicha responsabilidad sin vacilación alguna».
Sin embargo, «le advertí que yo no iba a prestarles piel y alma a los personajes creados por Couto, no obstante la admiración y el respeto que le profeso a su memoria, tanto en el orden profesional como personal».
Con apoyo en vivencias personales, así como en la experiencia adquirida en el medio, diseñó a «mis hermanos Villalobos, a quienes ubiqué en un contexto socio-histórico (década de los 40 del extinto siglo XX), eminentemente cubano, no exótico o foráneo, donde desarrollarían sus valerosas hazañas tres guajiros, tres campesinos, a quienes un hacendado vecino les había asesinado a su padre y hermano menor».
De ahí que, «ante la tumba de su progenitor y hermano más pequeño, Miguelón, Rodolfo y Machito juraran no vengar a sus seres queridos, sino luchar contra el mal y por el bien y la justicia en beneficio del campesinado cubano, explotado y oprimido por los terratenientes nacionales y los monopolios estadounidenses. Así nace, se estructura y consolida mi historia acerca de los hermanos Villalobos. Lo demás lo vieron en pantalla los televidentes, y al menos en mi humilde opinión, no estimo necesario repetir lo que ya el ‘respetable’ conoce. ¿No lo cree usted, periodista?»
Como recomendación final a los «pinos nuevos» que se inician en el arte de escribir para la radio y la televisión, Pedro Urbezo les sugiere que «deben leer sin descanso y ver mucho cine. Establecer una rígida disciplina, y ante todo y por encima de todo, escribir, escribir, escribir, hasta la extenuación física, psíquica y espiritual (como estoy seguro de que le agradaría decir a usted). Ah, y no se olvide de decir que yo soy, esencialmente, un escritor de la radio, a la que le he dado, en este casi medio siglo de trabajo, lo mejor de mí como creador y como ser humano».