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Manuel del Socorro Rodríguez: el bayamés pionero del periodismo colombiano

Leonardo Depestre Catony, 14 de abril de 2011

Manuel del Socorro Rodríguez es uno de los personajes literarios, que —a pesar de haber nacido en Cuba— se inscribe dentro de la historia de la literatura de otro país, la colombiana, lo cual se explica por la circunstancia de haber transcurrido buena parte de su vida en esa nación sudamericana, donde se le considera iniciador del periodismo.

Nació en Bayamo, una de la siete villas fundacionales cubanas, el 3 de abril de 1758, y la orfandad temprana lo obligó a asumir la responsabilidad de ocuparse de su familia, porque aunque su padre había sido carpintero, Manuel aspiraba a llegar más lejos,  se mudó a la ciudad de Santiago de Cuba, y con auto esfuerzo, se capacitó en ciertas habilidades, como la caligrafía y las humanidades en general. Después, formuló una petición al rey de España —Carlos III entonces—, quien escuchó su solicitud y ordenó se le sometiera a diversas pruebas, entre ellas copiar textos en prosa y en verso para conocer sus aptitudes para la caligrafía. El joven las pasó satisfactoriamente y alcanzó un título que respaldaba sus capacidades. Tal interés por el conocimiento en una persona, con marcadas penurias económicas, revela que el bayamés Manuel del Socorro se tomaba en serio cuanto emprendía, y que, además, lo acompañaban la inteligencia y el tesón, la primera para escalar paso a paso los niveles del aprendizaje, y la segunda, para seguir adelante aun bajo las condiciones más adversas.

Su empeño ante la vida llamó la atención de José de Ezpeleta, brigadier del ejército español en Santiago, quien lo llevó consigo en su viaje para tomar posesión del virreinato de Nueva Granada. Allí lo nombró bibliotecario público de la Real Biblioteca de Santa Fe de Bogotá, cargo que ocupó por el resto de su vida, pero mejoró poco su condición económica, pues siguió viviendo en la pobreza.

Fundó una sociedad o club para el estudio de las humanidades, a la cual asistían los vecinos de la alta sociedad y que se denominó tertulia eutropélica, equivalía esta a una casa para el disfrute de la cultura y devendría germen para la fundación del Papel Periódico, de Santa Fe, el 9 de febrero de 1791, cuya importancia puede medirse por el hecho de que sus páginas sirvieron de tribuna a los escritos de varios de los próceres de la independencia colombiana.

No queda ahí su labor dentro del periodismo colombiano: en 1806, por petición del virrey, creó otra publicación: El Redactor Americano, de periodicidad quincenal, que circuló hasta 1809, y que, igualmente, prestó servicios a la cultura y la política, dando cabida a noticias del exterior, al tiempo que habilidosamente, conseguía esquivar algunas de las restricciones impuestas por la Corona española en el período que antecedió a la insurrección libertadora. 

Rodríguez escribió “un buen número de composiciones poéticas de mediana inspiración”, según valoración del ilustre crítico Max Henríquez Ureña. También fungió de redactor de La Constitución Feliz, órgano de la Junta Suprema de Santa Fe, y una vez en marcha el proceso de la independencia ,integró el Colegio Electoral de Cundinamarca, desde el cual prestó su colaboración al gobierno del prócer colombiano Antonio Nariño.

Murió en Bogotá el 3 de junio de 1819, y se hallaba entonces en tal estado de pobreza, que los vecinos de la ciudad hicieron una colecta para costear sus funerales.

El caso de Manuel del Socorro Rodríguez es la de un cubano bastante desconocido en su tierra natal, cuya impronta se palpa y reconoce en la nación colombiana, donde sí se le honra.