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Opus Habana, en su edición cuarenta

Fernando Padilla González, 15 de abril de 2011

La llegada de una nueva entrega de la revista Opus Habana, “en su edición 40, cifra cabalística que en la tradición occidental significa consagración, nos regocija a todos”, expresó Argel Calcines, editor general de la publicación adscrita a la Oficina del Historiador de la Ciudad, en la presentación ocurrida el viernes 25 de marzo en el patio de los laureles del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana.

Más adelante, precisó que el mayor reto de la realización de este número estribó en rendir homenaje de manera simultánea a dos cubanos universales: José Lezama Lima, de quien en 2010 celebramos el centenario de su natalicio; y la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, en el esplendor de sus 90 años de vida.
 
“Separadas en el tiempo, La Habana de Lezama Lima y Alicia Alonso, reboza de la ingenuidad insular, del barroco de Alejo Carpentier, del empeño de Emilio Roig y de la nostalgia de Cirilo Villaverde” enfatizó Calcines, minutos antes de dar paso a la interpretación, por el conjunto de música antigua Ars Longa, de dos piezas del repertorio musical renacentista francés.
 
Opus Habana (Vol. XIII No. 2 agosto/ enero 2011) en sus páginas iniciales propone un atajo expedito para penetrar en la obra de Lezama Lima bajo el sugerente título de “Mujer, fijas la ley de todos los días”. Desde la óptica del autor de Paradiso se descubre la consideración y la ternura profesada hacia la mujer.
 
Y si de ella hablamos, quién mejor que nuestra Alicia Alonso para sondear en los misterios de su presencia real y viva, ícono de la danza a nivel mundial y ejemplo de la máxima carpenteriana de que “el espíritu de la danza es inseparable de la condición humana”.
 
La sección Entre cubanos dedica una amena entrevista en su 90 cumpleaños, donde Alicia Alonso hace gala de su fina maestría, acreedora del verso mágico de Dulce María Loynaz: “No hay color en ella, no hay gesto ni contornos, apenas una sonrisa tan imperceptible como la de Gioconda. Y el milagro está en que llegando ella, a esta total ausencia de sí misma, se produzca sin embargo una tan definida sensación de presencia real y viva”.
 
La traza de Opus Habana continúa por los caminos del buen arte y regala al lector una pinacoteca del paisaje cubano. “Lo divino tras la neblina” se adentra en la cualidad fotogénica del Valle de Viñales, visiones que brotan del pincel de Ernesto Estévez, fotógrafo devenido en cantor de los colores de la naturaleza insular. En tal sentido, el artículo “La pintura sacra realizada por Martínez Andrés” rescata del olvido a esta figura fugaz de las artes plásticas cubana, que dejara su impronta creadora en varias de las más reconocidas iglesias habaneras.
 
Erigida como testimonio gráfico de la memoria y las tradiciones de la cultura del país, Opus Habana reserva un espacio privilegiado para la difusión de nuestro acervo patrimonial. Así, estas páginas recogen interesantes estudios sobre el Real Arsenal Habanero, que durante el siglo XVIII dotara a la Armada Real de los mejores bajeles a su servicio. Otro trabajo, “Los zancos en el Día de Reyes”, aborda la tradición que pudo haber servido para identificar a la más alta jerarquía del cabildo afrocubano durante las festividades del 6 de enero.
 
Los acordes finales de esta sinfonía impresa que es esta revista arriban sonoros con la publicación —hasta ahora inédita— de una carta escrita por el Mayor General Calixto García, encontrada en los archivos norteamericanos del fondo Taylor, y que deja conocer “La insólita rutina de la manigua”.