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Ivette Fuentes de la Paz: amo la literatura y la danza con pasión humana

Jesús Dueñas Becerra, 26 de mayo de 2011


[…] No perder la confianza y la fe en uno mismo,
pues con esa fortaleza de espíritu se puede desbrozar lo que es maleza de lo que es árbol frondoso en el camino que nos depara la vida. 
 
 

Ivette Fuentes de la Paz 
 

La doctora Ivette Fuentes de la Paz, investigadora titular del Instituto de Literatura y Lingüística (ILL) Dr. José Antonio Portuondo, es la invitada de honor a la sección “Diálogos” del portal CubaLiteraria, para que interactúe con nuestros lectores y les expliqué la función «clave» desempeñada por la también miembro activo de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP), en la coordinación de dos importantes eventos de carácter internacional.

Nos referimos —concretamente— al evento internacional Coordenadas habaneras. Homenaje a José Lezama Lima, en el centenario de su natalicio, auspiciado por el Centro de Estudios de la Arquidiócesis de La Habana (CEAH), y la revista Vivarium, que ella dirige, y que contó con la eficaz colaboración de la Embajada de España en la República de Cuba, así como a la compilación y presentación, junto con el doctor Pedro Simón, director del Museo Nacional de la Danza y la revista Cuba en el Ballet, del volumen facsimilar Alicia Alonso por José Lezama Lima, para agasajar a la prima ballerina assoluta en el aniversario noventa de su nacimiento.

Nuestra entrevistada tiene publicados —entre otros— los ensayos Lezama Lima: una cosmología poética (1990); Danza y poesía (1992); Nombrar las cosas (1994), El oscuro desafío de la luz (Sobre el concepto lumínico en la obra de Lezama Lima) (2000); A través de su espejo (Sobre la poética de Eliseo Diego) (2006); La incesante temporalidad de la poesía (Sobre el concepto espacio-temporal en la poética de José Lezama Lima) (2006); y La cultura y la poesía como nuevos paradigmas filosóficos (Algunos momentos emblemáticos de la literatura cubana del siglo XX) (2008). También colabora con varios medios de prensa nacionales y foráneos (sobre todo, hispanos). 

Sin más dilación, le cedo la palabra a la doctora Ivette Fuentes de la Paz 

¿Desde los puntos de vista intelectual, humano y espiritual, qué significó para usted, como estudiosa de la vida y la obra del célebre autor de Paradiso, haber sido una de las principales organizadoras del evento teórico Coordenadas habaneras. Homenaje a José Lezama Lima en su centenario, auspiciado por el CEAH, que usted jerarquiza, con la colaboración de la Embajada de España en la capital cubana?

En primer lugar, los tres puntos de vista que menciona se aúnan siempre en mi labor profesional y nada pudiera hacer sin la estrecha comunión humana y espiritual en cualquier acto intelectual que me convoque.

La organización del evento teórico Coordenadas habaneras, como homenaje al centenario del natalicio del gran poeta, escritor y periodista cubano, José Lezama Lima, a cuyo estudio y difusión de su obra he dedicado más de veinte años de mi vida, fue parte de muchos otros eventos en los que participé como organizadora y como especialista.

Entre ellos, el desarrollado en el ILL, donde laboro como investigadora literaria, y que llevara por título “A partir de la poesía. La Era Lezama”. En un determinado momento del año, quise conjugarlo con el de la Iglesia Católica (donde aparecía el CEAH como institución co-auspiciadora), y con otros espacios culturales; de modo tal, que los homenajes tuvieran una organicidad y hasta una continuidad.

Pensé las Coordenadas habaneras como una acción cultural post-evento, tal y como se hace en cualquier país donde se organiza un Congreso Internacional de la envergadura del nuestro, para lo cual la proposición fue denominarla «Jornadas Itinerantes. Homenaje a José Lezama Lima», pero no fue aceptado a instancias superiores, por razones que no viene al caso analizar en este contexto.

Por esa contingencia tuve que descomponer el Proyecto, escindir mi participación como coordinadora de un panel de profesores españoles (sobre la estética de José Lezama Lima) entre los espacios culturales del Estado y el de la Iglesia Católica; de ahí surgieron, aparte, las «Coordenadas habaneras».

De cualquier forma, Lezama Lima tuvo un espacio más allí donde habita, en su Habana, y en nuestros actos (que se movieron desde la Casa “San Juan María Vianney”, con la presentación de un número especial de la revista Vivarium y un panel sobre la Estética del poeta, la misa solemne de Acción de Gracias por los cien años de su nacimiento, una visita cultural a la parroquia de Bauta —y a la Capilla de El Rosario— un «almuerzo lezamiano», en el que se conjugaron mágicamente las artes de la economía con las culinarias, gracias a nuestro anfitrión, el padre Jorge Luis.

Y, además, un concierto de gala en la Basílica Menor de San Francisco de Asís, donde la soprano Johana Simón interpretó poemas musicalizados por los maestros Gisela Hernández, Harold Gramatges y Roberto Valera (de este último un estreno mundial), y en el que participaron grandes figuras de la cultura cubana […].

Mención aparte debe hacerse a la decisiva colaboración de la Consejería Cultural de la Embajada de España en Cuba, gracias a la cual pudimos desarrollar y superar los grandes tropiezos económicos que Cuba enfrenta, aunque se ha de aclarar también, que nuestros actos fueron muestra de lo que con buena voluntad, y sin derroches innecesarios, puede hacerse en pro del alcance digno y meritorio de un homenaje. Fuimos consecuentes con la digna lección de la “pobreza irradiante” origenista. 
 

A propósito, la revista Vivarium, dirigida por usted, y órgano de prensa del CEAH, le dedicó un número especial al aniversario cien del ilustre poeta, escritor y periodista, tan cubano como universal, ¿podría explicarles a los lectores cuáles fueron las líneas temáticas fundamentales desarrolladas en esa edición de lujo, para honrar la memoria de Lezama Lima?

Como bien dice, fue una edición de lujo, que publicó cartas inéditas del autor, cedidas por su sobrino-nieto, don Ernesto Bustillo (nieto de doña Rosa Lezama Lima), quien trabajó muy en consonancia con nosotros desde el primer momento en que concebimos la idea.

Por supuesto, se hizo una exhaustiva revisión del material cedido para no caer en la divulgación de asuntos demasiado personales o familiares, y seleccionamos aquellas cartas que mostraran interés general por los temas tratados. Hay algunas donde el humor “lezamiano” esplende, y otras donde su nostalgia (por la lejanía de la familia, por la soledad), se evidencia sobremanera.

Pero, de algún modo, nos acercamos más a la excepcional persona que era Lezama, lo que también se agradece a la evocación literaria que Ernesto, su sobrino, nos regala en la “Crónica a José Lezama Lima”.

En el número se publican ensayos cortos de reconocidos profesores de universidades españolas (Jesús Moreno Sanz, Pedro Aullón de Haro, Carmen Ruiz Barrionuevo, Remedios Mataix), de otros investigadores, como el mexicano David Ramírez, y los cubanos Juan Enrique Guerrero y Carlos M. Luis (de este último una excelente semblanza, publicada en la web de un diario miamense, y que nos enviara la familia Lezama).

Debo destacar, además, la publicación en la sección «Desde las oscuras manos del olvido»  de una crónica rescatada por la investigadora Adis Barrios, y que fuera el texto leído por Lezama Lima en ocasión de la entrega a Luis Amado Blanco del Premio “Justo de Lara”, exquisita joya periodística que realza la fotografía, publicada gracias a la cortesía de Germán Amado Blanco, hijo del laureado escritor.

Los textos se completan con poemas del narrador y poeta cubano, radicado en California, Manuel Gayol Mecías, quien fuera miembro del Consejo de Redacción de Vivarium.

Para beneplácito de los lectores, contamos para este número con fotos y documentos inéditos de Lezama cedidos por la familia, la composición fotográfica de portada de la artista bretona de origen iraní Leyla Colin-Navaï, y las siempre esperadas y artísticamente codiciadas fotos de Chinolope, su  amigo del alma.     

El CEAH, institución de reconocido prestigio a escalas nacional e internacional, cumplió en el 2010 dos décadas de fructífera existencia en el ámbito cultural cubano. Al respecto, podría reseñar —en apretada síntesis— cuál es su estructura actual, los campos de investigación científica y socio-cultural que abarca, y cuáles son sus proyecciones futuras?  

Constreñir veinte años de labor va más allá de una apretada síntesis para tratar de colocar esos años en el sombrero de un mago, pues al contrario de lo que dice Carlos Gardel, creo que veinte años son muchísimo, al menos en la existencia de los que integramos el CEAH.

Como bien sabes, el CEAH y la revista Vivarium se fundaron en 1990, aquel año cuando muchas publicaciones e instituciones desaparecieron ante el embate del período especial y la terrible crisis socio-económica que atravesó Cuba.

Destaco ese dato, porque pienso que no ha sido lo suficientemente valorado que, en aquel momento de pérdida de espacios culturales, fuera la Iglesia Católica la que, con total valentía y audacia, lanzara al ruedo social y cultural ese Centro.

Si me pidieran un balance de lo realizado, pues cada una de las acciones no podría nombrarlas en esta apretada síntesis, te diría que lo fundamental ha sido constituirnos en pioneros de un trabajo que han proseguido múltiples centros, grupos de reflexión y estudio, los llamados «centros culturales católicos», junto a muchas revistas que han sido creadas en cada una de las Diócesis de Cuba (incluida la Arquidiócesis de La Habana), pero que —en aquel momento— no existían con la sola excepción de Vida cristiana, con una larga trayectoria de publicación, aunque no exactamente con el formato de revista.

Creo que este «mérito», por llamarlo de algún modo, que es el de desbrozar e iniciar un «largo y tortuoso camino» —para evocar una frase de John Lennon— que es caminar entre espinos, ha sido el nuestro.  Los espinos de nuestro camino han estado situados, como todo espacio linde, en el punto exacto de nuestra misión como puente.

Lo mejor de ellos es que hemos concebido un hacer sin distinciones, sin cotos cerrados, hemos trazado vías que fijen y sujeten lazos y sitúen las mejores convergencias.

Nuestra labor, en tal sentido, nos ha otorgado un reconocimiento en los sectores académico y cultural, no sólo de Cuba sino del extranjero, donde se conoce nuestro trabajo, divulgado a través de Vivarium.

El CEAH está  compuesto por intelectuales cubanos representativos de las distintas disciplinas —filosofía, estética, filología, literatura, teología, pedagogía, artes (danza, música, cine, plástica), ciencias naturales (meteorología, biología, bioquímica, microbiología) y medicina (psiquiatría, psicoanálisis, psicología, epidemiología y clínica— que determinan los propósitos de la agrupación.

La vocación ecuménica y dialógica del CEAH propicia una composición heterogénea de su membresía en cuanto a filiación política, filosófica y religiosa.

El núcleo estable del Centro está compuesto por alrededor de quince miembros que llegan —de acuerdo con las sesiones— hasta un máximo de veinticinco con los invitados y colaboradores.

Hemos desarrollado varias obras científicas y de investigación teórica: «Filosofía, Teología y Literatura: aportes cubanos en los últimos cincuenta años»; «La familia y sus raíces en la nación cubana»; «Ética y cultura en la sociedad cubana actual»; «Paradigmas culturales en el siglo XX en Cuba», etc.

Muchas de esas investigaciones han convocado a simposios y talleres científicos de discusión abierta, y plasmados en publicaciones. También hemos convocado, a lo largo de estas dos décadas, a diversos concursos nacionales:

Concurso de poesía Llama de amor viva aniversario del nacimiento de San Juan de la Cruz; Concurso Primero sueño, aniversario de la muerte de Sor Juana Inés de la Cruz (en co-auspicio con la Embajada de México); Concurso de ensayo Los saberes de la luz (con motivo del aniversario quince de la revista Vivarium), co-auspiciado por la Asociación DeCuba, de Alemania, y el Concurso Puentes cordiales (por los cuatro siglos de literatura cubana), co-auspiciado por la Consejería Cultural de la Embajada de España en Cuba, entre otros.

Hemos desarrollado una sostenida labor editorial, con la publicación de treinta números de la revista Vivarium y veintitrés suplementos en forma de libros o folletos.

Mantenemos una correspondencia estable y canje de materiales, con cuarenta diócesis, centros y comisiones episcopales; quince universidades; doce bibliotecas; veinte revistas y agencias de prensa; y veinte y cuatro instituciones científicas, culturales y académicas del mundo entero, y con relevantes personalidades provenientes de alrededor de quince países, eminentemente de América Latina (incluida Cuba) y Europa.

Las proyecciones futuras del CEAH —como uno de los espacios del Centro Cultural Católico «Félix Varela», pronto a inaugurarse, y que regirá el quehacer pastoral de cultura y fe de la Arquidiócesis de La Habana— continuarán, en esencia, los propósitos de su constitución y están sustentados en la reflexión teórica y científica acerca de los diferentes aspectos de la cultura y de la vida espiritual en las que estamos insertados y de la que somos, de una u otra manera, partícipes, en aras de su mejoramiento ulterior. Priorizamos, además las dimensiones inter y multidisciplinarias, y ponemos los resultados a disposición de todos.

Lo peor que se ha vivido como experiencia en estos años, ha sido el no considerarnos un espacio coherentemente integrado a la Iglesia, sino sólo un grupo asociado a ella, y por esa razón ha sido muchas veces marginado, lo que ha significado no sólo un craso error, sino una injusticia dolorosa.

De ese modo, el «Grupo Vivarium», como nos llaman, es más conocido fuera de nuestra geografía insular que dentro de ella, pues esa condición «puente»  desdibuja los propósitos y hace olvidar la génesis tan nítida como fuera la constitución, con el CEAH, del primer centro cultural católico de la Iglesia en Cuba que sepamos- como tal reconocido por el Pontificio Consejo para la Cultura.

Un ejemplo tácito —y por inmediatamente próximo lo menciono— es el vivido en estos días, cuando se han celebrado los diez años de los encuentros entre las Diócesis de Eischäet (Alemania) y La Habana, que comenzaran en 1997 por la ardua gestión del CEAH, en representación de la diócesis habanera, y por iniciativa de la diócesis alemana.

Desde esa fecha hasta el año 2006, el CEAH estuvo al frente de dichos encuentros, que fueron más allá de cónclaves eclesiales, pues se creó, casi al comienzo, la Sociedad Internacional de Estudios Cubanos (SIEC), de la que fui coordinadora en Cuba, y que nucleó a un gran número de intelectuales de primer rango, cubanos que viven en Cuba o fuera de ella, en un gran diálogo en el que también participaba la Iglesia.

La SIEC dejó  de existir, disgregada en los propios encuentros, por el énfasis y protagonismo que alcanzó la Iglesia como coordinadora de esos eventos […], y posteriormente, comenzaron a mencionarse los encuentros eclesiales con un total olvido de esa importante entidad, que llegó a proponerse como ONG cubana (aunque —en honor a la verdad— nunca pudo alcanzar dicho estatus).

El CEAH fue el coordinador tanto de esa Sociedad como de todos los encuentros en diez años. Sin embargo, como un índice de hasta dónde pueden llegar los dedos torcidos de las oscuras manos del olvido, en ninguna de las panorámicas históricas, recuentos, valoraciones, y hasta del evento donde se celebraron los diez años de creados, nuestro Centro y su función histórica fueron citados o evocados por ninguna de las partes actualmente implicadas.

Pero no me quejo, pues mal que les pese a algunos que intentan hacer de su misión en la vida una catapulta de ambiciones, o de re-escribir la historia a su particular antojo, somos parte de esa gran urdimbre que es la historia cultural que todos tejemos con sutil madeja, tanto con los hilos de nuestra querida Iglesia Católica como los del gran contexto social cubano, que es el mismo, sin distinciones.

Si algo se debe salvar de todo fuego es la memoria histórica. Y por mucho que cualquier coyuntura o circunstancia fortuita, o error de apreciación, tan humano, la quiera obnubilar, ella saldrá a flote, pues es lo único que quedará luego del diluvio, cuando las aguas retomen su nivel.

No termino estos comentarios sin dejar constancia del apoyo humano recibido por el Arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Ortega Alamino, y por tantas personas (entre ellas: monseñor Carlos Manuel de Céspedes, fundador, asesor y director durante la primera etapa, y el padre Marciano García, nuestro asesor durante varios años), que nos han seguido a lo largo de tanto tiempo, y junto a un grupo de intelectuales laicos que nos hemos empeñado en un servicio a la Iglesia, y con ella a la cultura cubana, y hemos escrito una historia «no oficial».   

¿Qué representó para usted, como crítica de danza, haber escrito el prólogo y presentado el volumen facsimilar Alicia Alonso por José Lezama Lima, compilación de textos periodístico-literarios, escapados del intelecto y el espíritu de uno de los mejores novelistas de Iberoamérica, para agasajar a la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, directora general del Ballet Nacional de Cuba, en el nonagésimo aniversario de su natalicio? 

Mi trabajo al lado del Ballet Nacional de Cuba (BNC), y fíjate que digo al lado, pues hasta hace solo pocos años fue dentro de la compañía, aunque considero que nunca he estado fuera de ella, ha sido la gran oportunidad que me ha dado Dios de satisfacer ese lado del  espíritu que ama la Danza. Siempre que me llaman a colaborar en algo, lo agradezco porque deja de ser un trabajo como tal para convertirse en un regocijo […] en un honor. Fui invitada a prologar el libro Alicia Alonso por José Lezama Lima, como consecuencia de una feliz iniciativa del doctor Pedro Simón allá por el año 1994, para ser presentado durante uno de los Festivales Internacionales de Ballet de La Habana.

El libro es una joya, pues lo completan viñetas inéditas (hasta entonces) del ilustre artista de la plástica René Portocarrero; dibujos que habían sido obsequiados a Alicia por el pintor.

Desde aquellos días, se tuvo la idea de reimprimir el texto, y la ocasión se propició con la conjunción “astral” del centenario del nacimiento de José Lezama Lima y del nonagésimo cumpleaños de nuestra querida Alicia.

Como todos saben, Alicia fue amiga de casi todos los «poetas origenistas», quienes le dedicaron excelentes composiciones. Las crónicas lezamianas son un mejor acercamiento a la obra del poeta de Prado y Trocadero, y he percibido en su nueva y oportuna publicación y presentación durante los festejos por el natalicio de ambas figuras, el mejor homenaje a ellos.

El acto, que puedo considerar como un bellísimo espectáculo cultural —con esa unidad integradora de las artes y las letras a las que nos tiene acostumbrados el BNC, para alcanzar el Summun Ars— se completó con la presentación del panel “Estética de José Lezama Lima”, del que ya hablé al inicio de esta entrevista, y que evidenció la estatura que puede alcanzar la cultura cuando vence las interferencias de mezquindades, para hacerla crecer como lo que es: una «volición del espíritu».

Mención aparte merece, además del BNC, con Alicia y Pedro como primeros organizadores y hacedores de ese “milagro”, el Instituto Cubano del Libro (ICL), en la persona de la M.Sc. Zuleika Román, su presidenta, y del Ministerio de Cultura, en la persona del Lic. Abel Prieto, su titular, porque sin su gestión y apoyo moral y empeños personales, no se hubiera logrado tal acontecimiento de tan alto vuelo y en tan corto tiempo de preparación.    

¿Algún consejo o recomendación a los “pinos nuevos” que se inician en el estudio e investigación de la fecunda obra lezamiana?

Les diría algo que a mí me ha servido de mucho, y es no perder la confianza y la fe en uno mismo, pues con esa fortaleza de espíritu se puede desbrozar lo que es maleza de lo que es árbol frondoso en el camino que nos depara la vida.

Cuando comenzaba mis estudios lezamianos y propuse el tema para mi doctorado, nunca olvidaré la penosa reunión que padecí y cómo fui conminada en ella por diez «funcionarios» de la cultura cubana en aquella época (finales de la década del 80), a cambiar mi tema de doctorado, con las amenazas y los argumentos más vergonzosos y pueriles.

Aunque no quiera, ante los homenajes nacionales prodigados a nuestro gran José Lezama Lima en 2010, no puedo dejar de recordar aquel ataque. De haber cedido a las presiones, nunca hubiera hecho mi pequeña obra y no habría sido mi doctorado el primero sobre Lezama en Nuestra América, lo que casi no es conocido.

Trece largos años pasaron desde que defendí la tesis hasta la publicación de su versión como ensayo. Pero, al final de todo el calvario, sólo quedó lo más importante y perdurable: un libro y un aval amplísimo de labor. El mal momento quedó por el camino. Esa fue una excelente lección que les dejo ahora a los jóvenes investigadores que se empeñan en otras lides.