Otro color de la historia, otra figura de la presentación
Hace casi diez años una joven ingeniera buscaba, en el departamento que atendía literatura del Instituto Cubano del Libro, alguien que le dijera qué eran aquellas palabras que se le agolpaban y a las que necesitaba dar cauce. La recibió un Poeta, que luego de un par de jornadas de préstamos de libros, le imprimió un texto donde apuntó: «…con la esperanza de que alguna vez dedique los suyos». Sin otras pretensiones, el Poeta se dejaba llevar por esa percepción distinta que desde mucho antes le definía.
Compacto y muy bien delineado, Alberto Edel Morales Fuentes, aquel Poeta, mantiene un estilo de elegancias y puntualizaciones. Sin estridencias ni exabruptos, abre ahora este poemario con una frase de Borges, sobre la utilidad —digamos— de las cosas, y lo que tantos afirman dijo Goethe antes de morir. La fusión de ambos sentidos, sin dudas, catalizará la aprehensión del texto en su conjunto.
Otro color, otras figuras geométricas es un libro que muestra la dureza de la civilidad, el necesario desapego para sobrevivir en las engañosas megalópolis. Desde el comienzo, cubierto aun por las lecturas de Heredia, Zenea, Martí, Casal, Guillén… advierte: Yo recobro las palabras de un país, los ciclos en que se gesta el movimiento oculto de la imagen. Y servirán de excelente presentación para acompañarlo.
Curioso en la búsqueda de los sentidos más íntimos, Alberto Edel absolutiza la letra sólo como ideación o propuesta. Se trata de un exquisito ejercicio del intelecto que será puesto una y otra vez a prueba, nunca con el ánimo de descubrir carencias u oquedades en el lector, sino de hacer notar todo lo que comparte.
Irónico por momentos, consciente de la dicotomía obligada de los hechos, reconoce lo paradójico, lo binomial, el dueto, el necesario complemento para la comprensión y la tolerancia.
Con claridad marca el ambiente citadino, sus puntos inflexibles, sus cantos de sirenas, la soledad que le es inherente. De algún modo alejarse demasiado es acercarse al mismo punto, así que todo lo que evade en la ciudad, lo abarca: sus intercambios de apariencia ventajosa, la seducción inevitable. Mas para quien viene de otros rumbos, todas estas bondades serán sólo “fuegos de artificio”.
Dándole título al libro, Otro color, otras figuras geométricas, resulta una llamada de atención, un detenimiento en lo intrínseco del patriotismo, para algunos en desuso o fuera del canon o la moda; aquel tan deliciosamente leído en las almas inflamadas de los próceres y tan quedado —hoy— al margen de lo escrito en medidas literarias. El poema no podrá leerse como el apego vulgar a las convenciones sobre las que se ha crecido; se trata, en todo caso, de la apertura, de la comprensión profunda del fenómeno del arraigo y la pertenencia.
Con especial agrado el lector recordará la ternura, lo conmovedor de la paternidad. El dibujo de una tarde apacible, quizás la verdadera esencia del poeta, que disfruta ver a su hija copiando una receta de cocina. No tan extraños ya, los saltos del pensamiento nos llevarán a otra niña, que mucho amaba a su padre y hacía merengues de fresa con sus amigas.
Aunque predomina el verso libre, el poemario incluye composiciones rimadas (sonetos y décimas) cuyos despliegues escriturales mantienen la unidad del conjunto y se anexan a las interpretaciones paratextuales del mismo. Otras veces, prosas de ánimo meditabundo y reflexivo, permiten elegantes juegos con el lenguaje en el que se asienta su estilo.
Con este cuaderno (publicado por la Editorial Unicornio, Premio de Poesía Félix Pita Rodríguez 2008), Alberto Edel Morales Fuentes transparenta una melancolía en la que no pretende protegerse: semillas del tiempo pasado y por venir, en otras historias y figuras de una Isla, vestida con triángulo y franjas de colores.