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Salvador Díaz Mirón, una huella casi perdida

Leonardo Depestre Catony, 04 de mayo de 2011

Salvador Díaz Mirón es uno de los poetas mexicanos más leídos de los primeros decenios del siglo XX. Sin embargo, es asunto olvidado que en Cuba, donde mucho se le admiró, transcurrió parte de su vida.

Llegó durante la segunda quincena de noviembre de 1915. La revista El Fígaro le dio la bienvenida, destacándolo como “autor de libros que son aplaudidos en todos los cenáculos y una de las más ilustres figuras intelectuales de América”. Su poemario Lascas, de 1891, era conocido en algunas de sus varias ediciones.
 
El escritor se sintió bien en Cuba, acogido por el sector intelectual. Se afirma que el presidente Mario García Menocal le ofreció una pensión de 300 pesos anuales que el poeta declinó pues no era su intención resultar gravoso a la nación que tan amablemente lo recibía.
 
Impartió clases de Literatura, Historia Universal y Matemáticas en la Academia Newton, en La Habana. Poseía un saber muy diverso, enciclopédico, y gran facilidad de palabras. Cautivó a la sociedad cubana de aquellos años, la prensa le dedicó críticas elogiosas y Alejo Carpentier apunta: “Cuando yo tenía 17 años, los dioses del día eran el mexicano Gutiérrez Nájera, el uruguayo Herrera y Ressig y Salvador Díaz Mirón, también mexicano, que en aquellos días era profesor de una escuela en La Habana”.
 
Díaz Mirón se preciaba de ser un perfeccionista en cuanto a la forma poética y la búsqueda de la sonoridad deseada, trabajaba el verso a la manera de un orfebre. En su “Oda marina” explica metafóricamente su procedimiento:
 
Prendas hay en mi espíritu y lo exploro,
y de buzo trabajo por cogerlas
y logro al fin desentrañar las perlas
y las engarzo en oro.
 
Genio y figura, como dice el proverbio, Díaz Mirón mereció el privilegio de colocarse entre los escritores preferidos de habla española y se le tuvo entre los precursores del movimiento modernista en México.
 
En la edición de El Fígaro del 28 de noviembre de 1915 se incluye una muestra de su prosa. El texto es una reflexión sobre el criterio del autor en torno al hecho poético y su significación social. Su estilo, al igual que su carácter, es impetuoso, apasionado, altisonante.
En La Habana, donde se le unieron las hijas, permaneció cuando menos hasta comienzos de 1919.
 
También ejerció el periodismo y fue director de El Imparcial, considerado el primer periódico moderno de México. Se le acogió además en la Academia Mexicana. Sus Poesías Completas se publicaron en 1941.
 
Participante activo en la política de su país y contradictorio en su comportamiento ciudadano, llegó a ser diputado. Fue hombre de carácter temperamental y violento.
 
Salvador Díaz Mirón, nacido en Veracruz en 1853,  murió el 12 de junio de 1928 y sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres de Ciudad de México.