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Teresa Cárdenas Angulo y sus fábulas afrocubanas para niños

Alina Iglesias Regueyra, 16 de mayo de 2011

Llevar a la literatura infantil y juvenil temas de religión ―sin otorgarle significados de estudio, meditación o análisis, y, mucho menos, de proselitismo forzado y melcochoso, sino más bien haciendo énfasis en el simple disfrute y quizás en alguna que otra enseñanza sencilla― puede convertirse en una labor ardua; sobre todo porque ya en Cuba, al igual que en el resto del mundo, no existe prácticamente una religión pura, sino un verdadero ajiaco, una amalgama de creencias, muy a menudo mezcladas con supersticiones y conceptos de la Nueva Era. Y a veces uno se pregunta: ¿Qué tiene que ver la gimnasia con la magnesia? Pero así sucede “en la calle”, como se dice en buen cubano, y es realmente difícil hallar la maravilla pura de una Vida de Santos católica o de un patakín afrocubano sin estos vicios ―o riquezas, dirán algunos― contemporáneos.

Hoy quiero comentarles dos breves volúmenes publicados por la Editorial Gente Nueva, creaciones de la joven autora Teresa Cárdenas Angulo, quien es, además de narradora, guionista de televisión, actriz, bailarina y trabajadora social. Ha merecido varios galardones, entre los que destacan el Premio Casa y el de la Crítica obtenidos en 2005 por Perro viejo, una novela para jóvenes. Ya en 1997 había ganado este último lauro con la novela Cartas al cielo, y ha recibido diversos reconocimientos en los más importantes certámenes nacionales dedicados a la literatura para niños y jóvenes. Es autora, además, de Cuentos de Macucupé (2001), Tatanene Cimarrón (2006) y Cuentos de Olofi (2007). Su obra ha sido traducida al inglés y al coreano.

Muy conocida por sus patakines, que gustan a todos los públicos sin distinción de edades, nos asombra cómo se las ingenia para convertir estas historias traídas desde la más raigal África, en cuentos de fantasía para niños: fábulas magníficas aderezadas con todos los recursos que imprimen dinamismo y expectativa, mantienen en vilo y alejan del aburrimiento y de significados demasiado ocultos, como suele suceder con las verdaderas tradiciones mitológicas de los pueblos. Así, se erige en traductora y mediadora de esa parte de nuestra cultura, venida del continente negro y mezclada por siglos en el horno de nuestra historia política, social y económica, para entregar una narración plena de belleza, aventura, pasión e interés.

Ikú fue publicado por Gente Nueva en 2007, como celebración del 40 aniversario de su fundación. Incluido en la colección Biblioteca Escolar, fue editado por Josefa Quintana, con diseño interior y composición de Ileana Fernández, e ilustraciones de Javier Dueñas. El diseño de cubierta, de Armando Quintana, aunque representa simbólicamente a la Muerte ―el personaje principal― con una calavera, esta se ve rodeada por vegetación ―evidencia gráfica de vida― y matices de la gama cálida, lo cual evita conferir un sentido de tenebrismo que pueda alejar al público infantil.

La historia en cuestión narra cómo la Muerte, personaje nombrado Ikú, se cansa y no desea llevarse a nadie más, razón por la cual visita a Olofi, deidad del panteón yoruba, creadora de todo cuanto existe. A partir de aquí se desencadena la fábula, que maneja conceptos como el respeto a la tradición y a los padres o superiores, la noción de que estos también pueden errar y rectificar, el valor de defender lo que hacemos aunque por momentos nos parezca aburrido o sin importancia, y la necesidad de la estabilidad en el trabajo o en la profesión, así como del reconocimiento de la dignidad de nuestra labor. Participan en el texto otros personajes secundarios o de referencia, como la Lechuza y la Jicotea, móviles de la narración, que demuestran al Creador su error y le permiten rectificar con sabiduría, otorgándole finalmente a Ikú, la Muerte, el lugar que merece. Una fábula “con todos los hierros”, que permite el disfrute y la enseñanza a la vez.

Algo similar sucede con Barakikeño y el pavo real, publicado en 2008 por la misma casa editora para la infancia cubana. Está incluida dentro del catálogo Juvenil. La edición es de la experimentada Yolanda Borlado Vázquez, el diseño y la composición pertenecen a Caridad Sanabria de León y la cubierta e ilustraciones son de la autoría de Javier Dueñas. El diseño de cubierta lo realiza también Armando Quintana.

El texto en cuestión narra la obsesión de Olofi el Creador por su mascota, el pavo real, y la sabia y valiente actitud de Barakikeño el Cazador, quien, con su verdad, logró llegar hasta la deidad, sin miedo a ser rechazado por su harapiento aspecto, para finalmente descubrir la suerte del animal preferido. Empleando el conocido recurso dramático de las pruebas, presente en los cuentos de hadas clásicos de la literatura universal para niños, la narradora sitúa una escena donde los sabios de Olofi intentan infructuosamente adivinar, con sus poderes mágicos, el paradero del pavo real, hasta la llegada triunfal del pobre que finalmente descubrirá el acertijo con gran sorpresa incluso del propio Creador. Un patakín con moralejas sabias y elementales, como lo negativo de las obsesiones, la fuerza de la verdad y la justicia, y lo poco relevante que resulta el aspecto externo cuando el alma puede encerrar toda la sabiduría del mundo.

Aunque ambas obras ―publicadas en el formato de bolsilibro con 24 páginas cada una― se han editado en años pasados, en la recientemente finalizada Feria Internacional del Libro hemos vuelto a verlas en los estantes, una acción loable en el año que homenajea a los afrodescendientes con la rica huella de sus ancestros en Cuba. Tal como expresa la autora en el cierre de la primera de sus historias: “De Ikú aprendió que la Muerte y la Vida anidan juntas y que solo los que son recordados con amor se quedan para siempre entre los mortales”.