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El lobo y la colina de Carlos Esquivel

Yunier Riquenes García, 18 de mayo de 2011

Uno de los géneros literarios más buscados en la Feria del Libro de 2011 por toda Cuba fue la novela. La colección Ficciones de la Editorial Oriente, puso a disposición de los lectores tres títulos: Bertillón 166, de José Soler Puig, Premio Casa de las Américas en 1960, reeditada en homenaje al 50 aniversario de su primera edición; La casa de tu vida, de Lorenzo Lunar, (Premio José Soler Puig, 2009) y Un lobo, una colina, de Carlos Esquivel Guerra.

Los lectores que siguen a Carlos Esquivel (Elia, Las Tunas, 1968), vieron últimamente sus volúmenes de poesía Matando a los pieles rojas y Los hijos del kamikaze. Ya se esperaba —se sigue esperando— el libro que recoja aquellos dos cuentos mencionados en el concurso de la revista La Gaceta de Cuba: “Los agujeros negros”  y “El nido de la araña”, y otros incluidos en una u otra selección de narradores en los últimos años. Ya conocíamos los cuentos (des)aparecidos en los libros Los animales del cuerpo, 2001; La isla imposible y otras mujeres, 2002; y Una ventana al cielo, 2002.

El más reciente libro Un lobo, una colina (Editorial Oriente, 2010), es la primera novela de Carlos Esquivel. Texto que demuestra el consumo y la aprehensión de lectura, las horas dedicadas a revisar pinacotecas, escuchar música, leer incansablemente y también el tiempo invertido, de 90 minutos, en partidos de fútbol.

Un capítulo entero, titulado “Fútbol”, sobresale en este sentido. Creemos los lectores que estamos en el Santiago Bernabéu que Freud puede evadir al torrentoso Albert Camus, y a las zancadillas que le tienden Edmund Spenser, T. S. Eliot, y al vocerío que, en la defensa, profieren Samuel Beckett, Nietzsche y Pasternak, sobrecogidos por la escandalosa escapada del capitán y número 10. De esta analogía arte-deporte da fe el inventario de parentescos donde afirma sobre el Club de fútbol Barcelona (Barça): «Tiene al menos un jugador inigualable (Lionel Messi), o dos o tres (Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Carles Puyol…). Si el fútbol fuera arte (y lo es, desde una vocación neurótica), aquí están los Mozart, Beethoven, Tiziano, Monet, del fútbol moderno».

Con Un lobo, una colina, Carlos Esquivel regresa al panorama narrativo cubano. En este libro se adentra en dos ambientes inesperados, dos ciudades alejadas de él: Madrid y La Habana, dos ciudades unidas por un personaje, escritor, reflexivo ante la vida y lo que acontece desde su cercanía familiar. Una terrible historia, la relación violenta madre-padre. El recuento de la importancia de la primera vez. El odio. La lectura, la primera canción, el sexo, las ganas de matar.

Un lobo, una colina es una novela fragmentada, intensa en cada sección donde se dibujan caracteres diversos del hombre en medio de la tragedia cotidiana. Responde a la manera de escritura de muchos escritores contemporáneos (aunque se recuerda también Trópico de cáncer, de Henry Miller, El túnel, de Sábato, y El extranjero, de Albert Camus y la literatura norteamericana anterior). Novela de pocas páginas para propiciar una lectura rápida, incluye ingredientes de las recetas efectivas: ironía, tratamiento de la sensualidad e inteligencia en los diálogos.

Como diría un personaje secundario: «encuentren en los libros otros mensajes y mejores respuestas». En medio del campo de la novela podrá descubrir muchas otras estrategias para hacer un gol. Esta novela-juego nos invita a lanzar el penalty, pero si le toca de portero, no tenga miedo.

Olga García Yero, 2019-12-09
Jesús Dueñas Becerra, 2019-12-01
Jesús Dueñas Becerra, 2019-11-25