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Alberto Menéndez Enríquez

Alejandro Álvarez Bernal, 27 de mayo de 2011

De un tiempecito acá, viene ocurriendo el florecimiento del minicuento, término con que se denomina un tipo de narración muy concisa y, por lo mismo, mayormente elíptica. En general, el acento suele ponerse sobre lo “mini”, toda vez que al subgénero se le demandan las mismas marcas que a su pariente “maxi”: introducción, nudo y desenlace —distinguibles por deducción las más de las veces, por aquello de la elipsis. De ahí que sea la brevedad su condición más conspicua y apetecible. Visto así, se trata de una práctica literaria bastante añeja, aunque más de un desnortado crea que lo inventó Augusto Monterroso. De hecho, sus orígenes pueden remontarse hasta Esopo y el Conde Lucanor sin que medie mayor esfuerzo de discernimiento, y siempre ha tenido apariciones recurrentes en la literatura hasta que (vanguardias mediante) despegara su auge en los años ochenta del siglo pasado. Como era de esperar, también entre nosotros se ha instaurado el minicuento y—quizás por aquella frase de Gracián, de que “Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y aun lo malo, si poco, no tan malo”— ha recibido atención, en juego de serpiente mordiéndose la cola, de escritores (sobre todo muy jóvenes) e instituciones: hay no menos de tres concursos pertinentes.

De situación semejante emerge Los excluidos del reino (Extramuros, 2009), de Alberto Menéndez Enríquez, quien por cierto no se inició en la literatura con los minicuentos: su primer libro, La casa de los Fernández (Extramuros, 2006), agrupó relatos que rebasan ese arbitrario (pero inevitable) máximo de treinta líneas exigido al minicuento. Como si decidiera destilar algunos de los temas y preocupaciones de su libro primero, Menéndez comenzó a escribir otros relatos de mucha menor extensión y con algunos de ellos sería premiado, en varias ocasiones, en concursos como La Media Cuartilla y El Dinosaurio. Esos textos mínimos y muchísimos otros son los que conforman Los excluidos del reino, si no el primero, por lo menos el más extenso conjunto de minicuentos de un mismo autor que se haya publicado en esta isla.

Es, sin lugar a dudas, un libro interesante. La nota de contraportada pone a Menéndez “entre Monterroso y Piñera”, pero parece gravitar más entre Kafka y Arístides Fernández debido ante todo, al uso sombrío del absurdo, la ironía amarga, el despliegue en mínimo cuadro de una atmósfera, a fin de cuentas, opresiva y(o) represiva que envuelve y define la situación desesperada del individuo en loci tanto sociales como sicológicos. Meditaciones destiladas de la vida misma, los textos de Menéndez, vistos en conjunto, se mueven por líneas diversas ora divergentes ora complementarias. Unas veces se apegan a la máxima economía de palabras, en especie de metáfora expandida; otras bordean la parábola. Mayormente introspectivos y sicológicos, hay en ellos, sin embargo, una clara intención apológica, remarcada por un tono algo filosófico y hasta sentencioso —lo que constituye uno de los escasos handicaps del libro, junto a la cantidad de textos incluidos (casi trescientos), que contraviene la máxima graciana y termina por descarriar al lector. Sin embargo (fuera del par de decenas de textos que bien podrían retirarse del volumen), el balance final es gratificante: Alberto Menéndez Enríquez nos ha entregado un libro que no será conmovedor en términos de llantos y sentimientos, pero nos deja, tras su última página, pensando, pensando…


Cuentos de Los extraviados del reino


Soliloquio de Pilatos

El Señor yace en la cruz. Se rumora que al tercer día resucitará. Yo continúo lavándome las manos. Debo de estar lo más puro posible para estrechar su diestra o condenarlo de nuevo.


Monólogo (sin) interior

Camino día y noche y no avanzo lo suficiente. Los recuerdos se borran ante la desolación que enajena mis pasos. Ya no tengo paraíso, linaje, mujer, ni Dios. Solo este pedazo de manzana que ninguna serpiente se ha atrevido a morder.


Fugas


A María del Carmen Menéndez

Dejé escapar por la ventana todas las palomas. Cuando huyó la ventana se cerraron de golpe mis esperanzas de vuelo.
 

Elaine Vilar Madruga  , 2019-12-04
Elaine Vilar Madruga, 2019-11-22
Elaine Vilar Madruga, 2019-11-13