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Medardo Vitier y el ensayo

Leonardo Depestre Catony, 16 de junio de 2011

Pedagogo y ensayista. He ahí los dos oficios entre los cuales se mueve el quehacer de una personalidad de la cultura, hoy algo olvidada, pero que en la primera mitad del siglo XX integró la nómina de los más prominentes intelectuales cubanos: Medardo Vitier, el quemadense laborioso y culto nacido el 8 de junio de 1886 — hace 125 años—, el padre de Cintio, el abuelo de José María y de Sergio, en fin, el tronco fundador de una estirpe de primera línea en el panorama de la cultura.

Se graduó en 1904, de maestro de enseñanza primaria — a los 18 años—  y a esa profesión consagró su vida, que se movió en ámbitos diversos y reveló su pensamiento de educador y  literato. 

Establecido desde su juventud en Matanzas, sobrenombrada la Atenas de Cuba por la fecundidad de su movimiento cultural y en particular el literario, perteneció al grupo de intelectuales, casi todos escritores, que inspirados aún por la corriente modernista encauzaron su obra a partir de la segunda década del siglo XX, entre ellos, los hermanos Fernando y Francisco Lles, Agustín Acosta, Regino Boti y José Manuel Poveda (como observará el lector, no todos naturales de esa provincia).

Alrededor de 1907, integró la redacción del periódico La Unión, de Cárdenas, sin dejar de colaborar en otros órganos de prensa matanceros. Resultado de sus búsquedas históricas es la memoria que sobre José Martí le premió el Colegio de Abogados de La Habana, devenida libro con el título Martí; su obra política y literaria, que constituirá la génesis de otro volumen, editado muchos años después: Martí, estudio integral, de 1954.

De aquellas primeras búsquedas emergió también un estudio sobre José de la Luz Caballero, ampliado posteriormente. Luz, Martí y Enrique José Varona son figuras que pasan una y otra vez por el tamiz de su pensamiento crítico, dejándonos valoraciones en que la admiración no opaca el juicio, una y otro, ceñidos por el principio de la reflexión.

Con La ruta del sembrador, de 1921, da otro paso en el camino de su bibliografía; después vienen Enrique José Varona, de 1924, y Lo fundamental, con ideas acerca de la educación. Apuntaciones literarias, publicado en 1935; José Ortega y Gasset, 1936, y sobre todo Varona, maestro de juventudes, de la Editorial Trópico, en 1937, se sumaron a la extensa relación de los libros del pedagogo escritor. Por cierto, sobre este tema regresó en 1945 con el texto La lección de Varona, suerte de completamiento de algunas ideas ya expuestas acerca del pensador camagüeyano.

Meditador, reflexivo, mesurado, con larga experiencia en la docencia y sincero afán de divulgar el conocimiento, Vitier, falleció en La Habana el 18 de marzo de 1960, luego de haber sido profesor de más de una generación de cubanos.

Dos libros suyos resultan de especial interés: Las ideas en Cuba (Editorial Trópico, 1938) y La filosofía en Cuba (Fondo de Cultura Económica, México - Buenos Aires, 1948), ambos reunidos bajo el título Las ideas y la filosofía en Cuba, editado por Ciencias Sociales en 1970.

Miembro de número de la Academia Nacional de Artes y Letras y del Ateneo de La Habana, escribió abundantemente para la prensa. Su periodismo puede revisarse al hojear las páginas de El Fígaro, Cuba Contemporánea, Revista de Avance, y más recientemente, al rastrear los ejemplares de los periódicos El Mundo, Información, Diario de La Marina, Revista Bimestre Cubana, Islas...

Vitier representó a Cuba en eventos pedagógicos internacionales, impartió clases en los cursos de verano de las universidades de La Habana, Nuevo México y Puerto Rico; hizo además otros viajes por Centroamérica, España y Francia. Fue profesor de Historia de la Filosofía en la Universidad Central de Las Villas desde 1952, la misma que en 1956 le confirió el título de Doctor Honoris Causa en Filosofía.

«De vida útil y fecunda, consagrada al servicio de la cultura», consideró Max Henríquez Ureña, valoración que humildemente suscribimos