Luis Cabrera Delgado: el yo literario es el dueño absoluto de mi persona
El laureado escritor santaclareño Luis Cabrera Delgado, miembro emérito de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), es el invitado a compartir con los lectores de nuestra sección sus experiencias y vivencias como autor de noveletas y relatos cortos, dedicados a los «príncipes enanos», quienes —según José Martí— «son los que saben querer [y] para quienes trabajamos».
Cabrera Delgado es además psicólogo, dramaturgo, guionista de radio, crítico e investigador.
Ha dado a la estampa, en Cuba y en Nuestra América, una treintena de títulos; y ha ganado los premios Ismaelillo, Abril, Fundación de la Ciudad de Santa Clara y La Rosa Blanca, mientras que —por otra parte— ha sido finalista del Premio Casa de las Américas, el Latinoamericano Fundalectura, el Julio C. Coba, el Premio de la Crítica, y recibió Mención Especial en el Premio Lazarillo, de España.
Entre las distinciones recibidas, posee la Distinción por la Cultura Nacional, el Diploma por el Centenario de la Edad de Oro y el Premio Magistral de la Rosa Blanca.
Sin más dilación, dejemos que sea nuestro entrevistado quien dialogue con los lectores acerca de su fructífera incursión, no solo en el campo de la psicología clínica infanto-juvenil, sino también en el de la literatura, destinada a los más pequeños de casa.
¿Qué motivaciones de índole cognitivo-afectiva lo llevaron a estudiar la carrera de Psicología, y luego de haber ejercido con éxito la martiana ciencia del espíritu, haber encaminado sus pasos hacia el campo de la literatura, dirigida —preferentemente— a la grey infanto-juvenil?
Entre las muchas cosas que quise ser, era maestro. Como en mi época no era una carrera universitaria, mis padres no propiciaron que entrara en la Escuela Normal, sino que estudiara bachillerato; pensé entonces estudiar Pedagogía para complacerlos y satisfacer mi vocación, pero en el momento de entrar en la Universidad, esa carrera fue eliminada del plan de estudios, y matriculé la licenciatura en Psicología con el objetivo de especializarme en […] Psicología educacional.
No obstante el hecho de que ya para entonces era profesor de Secundaria Básica, quince días en la Dirección Provincial de Educación, donde estuve los tres años del servicio social, fueron suficientes para perder la motivación para trabajar en ese Ministerio.
Fue entonces que pasé al área de la clínica infantil, donde laboré durante dieciséis años y en la que verdaderamente me sentí psicólogo.
El cambio a la literatura fue paulatino e influyeron varios factores en ello.
Mi vida como psicólogo clínico infantil empezó, y por diez años se desarrolló, en el Hospital Infantil de Santa Clara, en un departamento docente, con un gran nivel científico, y a donde generalmente llegaban pacientes con afecciones psíquicas complicadas e interesantes.
Por azares de la vida, y en un proceso inverso a lo que debía haber sido, en un momento dado de mi vida profesional pasé a trabajar en la prevención y promoción de salud en una policlínica donde no me sentí lo suficientemente útil ni motivado con la función que debía desempeñar.
Por otra parte, siempre me gustó escribir.
También quise ser instructor de teatro, pero tampoco era una carrera universitaria, entonces me conformé con estudiar y hacer teatro con la profesora Irma de La Vega, en mi época en la Universidad Central de Las Villas, pero como era mal actor, me canalicé hacia la dramaturgia textual.
Esa afición y el trabajo educativo, que debía realizar como psicólogo en el nivel primario de atención, me acercaron a la radio; aprendí a escribir guiones, y en un primer paso de desprendimiento con lo que siempre hice profesionalmente, pasé a trabajar como Psicólogo social en la Dirección Provincial de Radio de Santa Clara.
Ya me había incorporado a un taller literario, desde donde comencé a participar en eventos y concursos, hasta que llegó el momento de dar el salto definitivo a los amantísimos brazos de la literatura.
Yo no escribo especialmente para los niños ni los jóvenes. Mi vocación de maestro, mi práctica profesional tantos años con esos grupos etáreos y mi timidez han determinado que mi lenguaje se adecue más a ellos, por lo que —necesariamente— mi expresión literaria establece un vínculo comunicativo mucho más asequible con los lectores de esas edades. Y son los concursos, las editoriales y la promoción quienes se ocupan de clasificarme en una u otra casilla.
En la reseña que le hiciera a su libro ¿Dónde está la princesa?, y que publicara en la sección La Lechuza Andarina del portal de la UNEAC, expresé —entre otras cosas— que en las páginas de esa joyita de la literatura especializada usted había liberado su yo niño-adolescente, para darle vida a Germancito, el protagonista de esa triste, pero a la vez tierna historia? ¿Hasta dónde es cierta o no esa afirmación, sustentada en mis lecturas y re-lecturas de La Edad de Oro, así como en mi orientación básicamente analítico-humanista en el radio de acción de la psicología, profesión que percibimos como fuente nutricia de ética, humanismo y espiritualidad?
[…] Mi “yo niño-adolescente” no se liberó exactamente a través de Germancito, el protagonista de ¿Dónde está La Princesa?, sino que ese niño-adolescente que fui —que soy— está presente en todos y cada uno de los personajes infantiles de mis libros: en la forma de ver la vida, en la lógica para enfrentar la realidad, en la manera en que ellos resuelven sus problemas.
En la vida real, soy adulto, con todas las implicaciones buenas y malas que ello tiene, pero en la literatura, soy un niño, con los trucos de un escritor profesional […], pero un niño. ¿Satisfecha su curiosidad, periodista?
Enrique José Varona, uno de los padres fundadores de la psicología cubana, expresa en uno de sus aforismos que “en el escritor, hasta lo más íntimo, está en sus obras”. A los lectores les agradaría conocer si su criterio al respecto es convergente con esa frase del insigne maestro de la juventud cubana. Si está de acuerdo con ella, fundamente el por qué de su coincidencia con Varona, y si no lo está —por la razón que fuere— cuál es el motivo de su discrepancia?
Estoy plenamente de acuerdo con el aforismo de Varona. Es algo que desde diferentes ángulos han dicho otros muchos teóricos de las ciencias filosóficas, psicológicas y literarias. Ello es cierto desde el principio sustentado por los materialistas ingleses del siglo XVII de que nada está en la mente que no haya estado antes en los sentidos. A la hora de ficcionar, no sólo trabajamos con los recursos mentales conscientes, sino que también en nuestra creación artístico-literaria afloran mecanismos inconscientes; y literariamente uno no puede escribir de lo que no está en uno, te haya llegado lo mismo como material cognoscitivo o afectivo.
Yo me nutro de mis vivencias, he escrito de familiares, amigos y enemigos, de mi pueblo: Jarahueca; aparezco como personaje en más de un libro, y para ellos me han motivado mis emociones, conflictos, sueños, sustos, anhelos, alegrías… en fin.
De las muchas anécdotas, vivencias y experiencias en su fructífero bregar por la literatura infanto-juvenil, ¿podría relatarnos una que haya dejado huellas indelebles en su mundo interior?
Por lo que te decía en la respuesta anterior, puedes deducir que mi mundo interior ha dejado huellas en lo que escribo, mucho más de lo que las experiencias en el bregar literario me hayan podido dejar en mi subjetividad.
En ese sentido, experimento mucha satisfacción cuando algún lector se me acerca para decirme que ha leído algo mío y que le satisfizo.
Interesantes también sucesos como la que viví cuando fui a un municipio de mi provincia a presentar mi libro Pedrín, y los miembros de la Asociación Cubana de Limitados Físico Motores (ACLIFIM), invitados a la actividad, se iban al vernos llegar, ya que suponían que el autor de un libro, cuyo protagonista es una persona con discapacidad física, también debía serlo, y al no ver a ninguno, pensaron que el escritor no había ido; recuerdo la primera vez que alguien en la calle no me identificó como el «psicólogo», sino como el «escritor».
A propósito de su yo psicológico-literario, ¿coexisten en paz y armonía en el componente espiritual del inconsciente freudiano, o por el contrario, alguno quiere opacar u ocultar al otro?
Ya yo no me acuerdo de que fui psicólogo, y fíjate que te hablo en pasado, así que el yo literario es el dueño absoluto de mi persona.
¿Quisiera hacerles una sugerencia o recomendación especial a quienes comienzan a dar sus primeros pasos en el mundo mágico de la literatura para niños, adolescentes y jóvenes?
Nadie escarmienta por cabeza ajena, así que no creo mucho en los consejos, sugerencias ni recomendaciones, pero como cedo a la tentación de decir lo que para mí son las grandes verdades, las digo.
Si quiere ser escritor: Séalo, escribe.
Vive, pues si no vives las experiencias que hay que tener en cada momento (léase edad) de la vida, no vas a tener después de qué escribir.
Lee mucho para que sepas que ya alguien escribió antes que tú y no quieras descubrir el agua tibia.
No sigas ninguna moda. Escribe de lo que necesites decir y no lo correctamente aceptable por editores, jurados ni censores.
No pienses en un supuesto lector que te vaya a leer, pues el lector virtual que el autor se puede fabricar, después no coincide con el lector real.