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Para Comer en casa

Rogelio Manuel Díaz Moreno, 15 de junio de 2011

Adular el estómago de los cubanos y cubanas es, en el buen sentido de la palabra, la manera más segura de meterse en el bolsillo a nuestros compatriotas. Además, en este tema del buen comer, hay mucha tela curiosa y fructífera por donde cortar. De ahí que la editorial Científico Técnica no haya puesto reparos al empeño de Madelaine Vázquez Gálvez y Alejandro Montesinos de conducirnos a Comer en casa.

Vázquez Gálvez conduce el programa Con Sabor, de la televisión cubana, y ya ha sido autora de Cocina ecológica en Cuba. Los que hayan seguido la revista Energía y Tú habrán encontrado una sección fija, donde ofrece sabrosas recetas. Montesinos, por su parte, es director de la editorial Cubasolar, que publica precisamente la revista mencionada. Este Comer en casa es un trabajo que se revela heredero de las tradiciones que nos permitieron contar con los dones de Nitza Villapol, quien permanecerá todavía muchos años en un rincón especial de la memoria nacional. Puede pensarse que, además de ella, los autores tuvieron en mente rendir pleitesía a quienes conformaron los mejores valores de nuestra cultura alimentaria y, especialmente, a quienes lidian hoy con la difícil tarea de mantener la mesa cubana servida, acogedora y generadora de nuevas vitalidades.

El proyecto quiso ir más allá que ofrecer una serie de recetas, cosa de por sí muy loable, para intervenir y reflexionar sobre esos valores que se entrelazan en un espacio mucho más amplio que los manteles y la vajilla. De ahí que se ofrezcan apuntes y comentarios sobre costumbres y posibilidades enriquecedoras del hogar. Claro, que esto le añadió un nivel de complejidad superior, y los autores no sortearon con igual fortuna todos los escollos.

Para empezar, pareciera que la labor de cocinar es siempre una bendición, bien apreciada o no, y nunca el resultado de una distribución de labores impuesta, producto de una lógica patriarcal. Luego de esto, resulta casi lógico que el idealismo resulte un ingrediente tan principal del acto de cocinar, al menos en las páginas de este texto, que afirma que sus principales factores son la vocación, la conciencia y el dominio de la técnica. No se continúa sin perderse en la confusión de que exista una propensión natural a la cocina, que sin embargo se da fundamentalmente en las familias que trasmiten generacionalmente las mejores mañas gastronómicas. Se afirma también la existencia de una relación entre las personas de buen comer y la tendencia que tendrían hacia las actividades de preparar alimentos, que no resulta muy convincente.

Como parte de los apuntes con que estos autores nos regalan para nuestro enriquecimiento, hay otras relaciones enunciadas de manera más bien simplona, que quedan colgadas en el aire o pendientes de la clarificación más amplia de algún concepto: no se puede decir que una alimentación incorrecta aumenta la cantidad de radicales libres, y solamente aclarar que estos son malos porque aceleren el envejecimiento y el deterioro neurológicos.

Entre los valores de la cocina cubana que Vázquez y Montesinos ensalzan, está el plato de arroz con frijoles, algo de carne, viandas y ensaladas. Eso sí, con la menor cantidad de cosas fritas posibles porque estas, según ellos, desvirtúan el sabor. Quien le guste lo frito, afirman, va a tender también a comer dulces como postre, y rechazará los vegetales con tendencia a lo amargo y las frutas por los gustos ácidos; tesis que tal vez sea cierta como estadística en general, pero seguro tiene más excepciones que una regla gramatical para verbos irregulares.

Cuando los autores siguen con sus consideraciones, parecen encontrar que consumir carne en Estados Unidos es malo porque causa el hambre en Etiopía; y producir un filete de 250g cuesta una cantidad de combustible como la necesaria para recorrer 30 kilómetros en auto, solo que no especifican qué auto.

Después de estos apuntes de carácter general, siguen con una relación de conceptos en orden alfabético, con lo que se disgregan un poco elementos que hubieran podido encontrar una organización más afín. En este sector, los autores amontonan más valores informativos con cierto descuido que se hubiera podido refinar a través de una edición más cuidadosa, como cuando hablan del magnesio por separado de los demás minerales, o relacionan la presencia del mal humor con la excesiva ingesta de dulces; se hacen un lío con las lentejas y el hierro, y casi recomiendan comer lechuga y aguacate como remedio.

A continuación, la parte del libro que todos estaban esperando. Una centena de recetas de cocina que combinan los distintos grupos alimenticios de maneras imaginativas, apetitosas y que deben asegurar una dieta sana y provechosa para la familia. Como corolario, un glosario de términos ofrece informaciones sobre los alimentos incluidos en las combinaciones anteriores.

En resumen, el lector puede encontrar en este libro posiciones y opiniones propias de sus autores, con el valor de llamar la atención sobre nuestros hábitos y lo conveniente que resulta analizarnos para hallar las mejores formas de beneficiar nuestra salud, ingiriendo alimentos sanos, nutritivos, balanceados, y lograrlo de una manera agradable. Que se puedan discutir o criticar detalles, se puede tomar como un valor de toda obra y, en todo caso, yo no me quiero perder los platos que salgan de Comer en casa

Olga García Yero, 2019-12-09
Jesús Dueñas Becerra, 2019-12-01
Jesús Dueñas Becerra, 2019-11-25