La veta humorística de José Zacarías Tallet
Hay metales preciosos que permanecen en filón oculto, entre otros minerales, pero un buen día, vistas las ventajas de su extracción, se decide poner en explotación esa veta. De esa misma forma hay en la vida de un creador, obras que por razones diversas, aquél no consideró conveniente divulgar en su oportunidad, y permanecieron mucho tiempo sin darse a la publicidad, pero, convencido el autor de lo positivo de hacerlo, sorprende agradablemente a quienes las disfrutan. Tal es el caso de los textos humorísticos de José Zacarías Tallet, nacido en Matanzas en 1893 y fallecido en La Habana, 96 años más tarde.
La idea fue de Fernando Carr Parúas, destacado editor, periodista y filólogo, colaborador de Tallet en la columna «Gazapos»de la revista Bohemia, y luego continuador del primero en este empeño. Según confiesa Fernando Carr, tuvo que insistir mucho para convencer a Tallet, ya nonagenario, periodista destacado, hasta entonces conocido como escritor y poeta serio, experto en cuestiones lingüísticas —ya era antológico su libro Evitemos gazapos y gazapitos — galardonado con el Premio Nacional de Literatura, para que se decidiera a evocar, dictarle, perfilar y pulir lo que saldría a la luz, 8 años después, con el título sugerido por Carr y con edición de éste: Cosas jocosas en poesía y prosa.
En ese libro —prácticamente la única fuente donde puede libarse del licor jocoso de Don José Zacarías—, uno puede encontrar, tanto en prosa, como en verso: relatos, canciones, jerigonzas, trabalenguas, chistes y chascarrillos aprendidos en su casa desde niño o escuchados en su entorno y, por otra parte, elementos de su propia cosecha que fueron dirigidos a familiares o amigos —su tía Florinda o sus colegas Regino Pedroso o Nicolás Guillén— o leídos en íntimas tertulias donde tuvo la oportunidad de exhibir el verdor primaveral de aquellos «versos subidos de tono, que van más allá de lo erótico para entrar en lo «jodótico».
Uno de los aspectos en que Tallet descubre el humor es, evidentemente, en lo que tiene que ver con el lenguaje y su correcto uso, en especial, cuando hablan o escriben los que, faltos de cacúmen, ponen de más donde no cabe. Entre los ejemplos escogidos por él está el siguiente:
Ha llegado de Bilbado
una remesa de bacalado
y ha llegado todo podrido
un joven me lo ha escribido.
El autor se recrea al incluir prosas o poesías, en donde la interpretación de una frase da pie al doble sentido, Véase, por ejemplo, el primer poema que Masito Lamarque incluye en uno de sus libros y que Tallet expone como ilustración:
Para que puedan cruzar
dos muchachas un arroyo
coloca una piedra, Goyo,
de tamaño natural.
Laura, que nunca se arredra
en esta ocasión se asusta,
pues dice que no le gusta
que la pasen por la piedra.
También se solaza el autor, con las características de ciertas damas que tomaron parte en romances notables o fueron codiciadas por su sensualidad, pero en fin, inmortalizadas en cancioncitas o coplillas. Tal es el caso de Carlota:
¡Qué volumen, qué volumen,
qué volumen tiene Carlota!
Cada vez que la contemplo
la sangre se me alborota.
No vacila Tallet en poner con todos sus pelos y señales, es decir, con todas sus letras y silabas, algunos versos soeces, aunque casi siempre aclara que no todos los oyentes aceptaban las groserías, por lo que solía surgir, en el propio seno del pueblo, una variación sobre el mismo tema. Como no me acompaña la cultura de Tallet, ni inspiro el respeto de tal profesor, no me atrevo a transcribir uno de estos versos en su forma primitiva. Me limito, en este caso, a copiar la versión, digamos, más literaria, y dejo, a la imaginación del lector el suponer cual pudo haber sido la anterior.
Yo conocí en Madrid a un tal Angulo
que tocaba el trombón con disimulo.
Y en la China conocí a un mandarín
Que con las patas tocaba el cornetín.
No quisiera omitir — porque resultan versos célebres en nuestro entorno, desde hace más de medio siglo— los que incluye el autor por haberlos oído por primera vez en medio de un recital de amigos. Se cuenta que un testigo de un juicio, para parecer gracioso, delante del juez, hizo su declaración en verso de la siguiente forma:
Estaba José Ramón
sentado en la barbería
y vino José María
y le pegó un bofetón.
Y el juez, ni tardo ni perezoso, le espetó la siguiente cuarteta:
Absuelto José María
y absuelto José Ramón
y a usted por la poesía,
treinta días de prisión.
Debo apuntar que yo conocía estos versos en la versión en que estaba José María sentado en la barbería y llegó José Ramón y le metió un pescozón, pero bueno, parece que de tal hecho ya no quedan testigos y sería muy difícil llegar a averiguar si fue Songo quien le dio a Borondongo o fue Borondongo quien le dio a Bernabé.
Tallet escribió también muchas anécdotas en prosa, cuyos protagonistas eran personajes muy relevantes por su quehacer político o cultural y que poseían, además, un agudo sentido del humor. Varias se refieren a Rubén Martínez Villena, de quien no es preciso abundar en su trayectoria, pero bastaría una, en particular, del autor de La pupila insomne para darnos cuenta de lo sustancioso del asunto.
Relata que estaba Rubén con su amigo Enrique Serpa, almorzando en uno de los restaurantes de los alrededores de Los Cuatro Caminos, y se apareció un personaje con la cabeza vendada y contando una historia tan tétrica como difícil de creer, referente a un supuesto derrumbe de su casa, necesidades pecuniarias, en fin. Y concluye Tallet su anécdota:
«Por supuesto, que Rubén no lo creyó. Entonces, con una risotada se sacó del bolsillo una moneda y se la dio, mientras que entre risas, risas bien fuertes, una risa a todo pulmón como siempre hacía, le dijo: “ Tu cuento vale dos pesetas, no más ”y después continuó con aquella risa franca que él tenía».
Otra anécdota, es este caso, de Don Jacinto Benavente, escritor y gran dramaturgo español. Relata Tallet que en cierta ocasión en que se homenajeaba a Manuel Linares Rivas Astray, por motivo de haber obtenido un rotundo triunfo con una obra suya recién estrenada; este se excusó ante su auditorio, literatos y admiradores, para ir al baño. Y concluye Tallet:
«Como la tardanza era excesiva, uno de los asistentes no tuvo recato y dijo en alta voz que estaba preocupado por lo que le pudiera haber sucedido a Linares Rivas, a lo que Benavente le contestó en igual tono, con toda candidez:
—No se preocupe, debe haberse dormido sobre sus laureles».
Otro camino humorístico de este autor fue la creación de parodias, esencialmente en verso. A veces, partiendo de una poesía humorística y del cambio que pudo haber sufrido esta a través de distintas épocas; pero cuando no existía tal cambio, él se encargaba de imaginarlo o crearlo. Así, por ejemplo, hizo con la siguiente estrofa de Plácido:
Envidia tengo y no poca
al corsé que lleva Andrea
no porque la hermosea
sino por lo que la toca.
Tallet supone que en épocas posteriores, cuando ya no se usaba el corsé, sino diferente prenda interior, podría haberse dicho: «al brasier que lleva Andrea».
Y aún más se atreve Tallet al imaginar en la época actual a la joven Andrea --que ya no precisa de pieza interior alguna en el tren superior de su cuerpo-- usando solamente uno de esos ligeros jerséis desmangados que se sostienen por obra y gracia de las redondeces femeninas: prenda cuyo nombre aparece ilegible en el ejemplar del libro que consulto, pero que fácilmente puede bajarse y … subirse.
Debo señalar que el conocimiento de este autor, en cuanto a técnicas periodísticas y literarias es amplísimo ( y espero que todos me entiendan que no trato de hiperbolizar, pues son muy claras las evidencias). Aún tratándose de bromas o jocosidades, emplea fórmulas que denotan un bagaje intelectual que hace todavía más humorístico el resultado.
Es escritor de varios «ovillejos». Se trata, según define el diccionario, de una combinación métrica que consta de tres versos octosílabos, seguidos cada uno de ellos de un pie quebrado que con él forma consonancia, y de una redondilla, cuyo último verso se compone de los tres pies quebrados. Vamos a disfrutar de este tipo de composición hecha por Tallet :
La Cruz
¿Quién quiere a todos bajarlos,
Carlos
para entonces trepar él,
Manuel
y actúa sin ver la luz?
De la Cruz.
Mas como no tiene flus
y el pueblo dice “no trago”
sigue y seguirá de vago
Carlos Manuel de la Cruz.
Como dato curioso debo apuntar que algunas de las cartas llegadas a la sección Gazapos de Bohemia venían en verso y con frecuencia eran jocosas. Veamos algunos fragmentos de cartas poéticas hacia y desde Tallet, sobre el peliagudo asunto de cómo nombrar al macho de la jicotea.
A don Gazapo de Alta-Gracia
Compañero don «Gazapo»
su sapiencia se menea
y quisiera preguntar:
¿Cómo se puede llamar
al macho de jicotea?
Y Tallet, siguiéndole el ritmo a su jocosa preguntona, comienza así su respuesta:
De Don Gazapo a Alta- Gracia
Me preguntas Alta-Gracia
con tu gracejo oriental
el nombre de un animal
que no sabe de acrobacia;
parece sufrir de acracia
por su lentitud; y es fea
su figura; se alabea
su áspero lomo; y, en fin,
es el quelonio colín,
macho de la jicotea.
Pero como sobre la respuesta adecuada a la pregunta no se habían puesto de acuerdo algunas autoridades, pues mientras Felipe Poey estimaba que era «arico», Esteban Pichardo, decía que el tal arico era un animal distinto; sale airoso Tallet del peliagudo asunto con esta última décima:
Trátase, pues, de un problema
difícil de resolver
a pesar de mi saber
que menciona tu poema.
La cuestión está que quema,
hay que acabar el bureo.
Propongo, que, sin rodeo,
salgamos del laberinto
buscando un nombre distinto:
pongámosle JICOTEO.
No caben dudas de que Don José Zacarías y Tallet le cabe un puesto de honor dentro de nuestro clan de escritores humorístico