Tuyo o mío: amores encontrados
Dialogar con el otro ensancha el
entendimiento y purifica el alma […]
Proverbio oriental
Tuyo o mío, obra basada en un texto de Harvey Fierstein, con producción y puesta en escena del dramaturgo hispano Josep María Coll, fue el estreno que la compañía teatral Rita Montaner, dirigida por el maestro Gerardo Fulleda León, está presentando los fines de semana en la capitalina sala El Sótano.
En ese contexto dramatúrgico, Loreta Estévez (Concha), Yarien Rodríguez Carrillo (Rafa), Lavinia Azcue (Pilar) y el niño Jorge Michell (Ale), les dan vida en escena a Concha, viuda de Antonio, fallecido como consecuencia del VIH-SIDA, a Rafa, pareja gay del difunto, a Pilar, abogada designada por la viuda en el litigio por la repartición de los bienes dejados por el causahabiente, y a Ale, el hijo de la pareja disuelta desde hacía un lustro.
En un principio, Concha y la jurista se ponen de acuerdo acerca de las condiciones legales en que sería repartida la herencia de Antonio, y que tenían como punto focal las ventajas que —supuestamente— se le otorgarían a la viuda, en detrimento de la pareja de su ex-esposo, con apoyo en los “derechos” que le concede la sociedad machista y homofóbica donde se desenvuelve la trama.
Después de precisar los términos legales pertinentes, Concha entabla una acalorada discusión con Rafa, en la que cada uno culpa al contrario de lo ocurrido: el divorcio, el contagio con el VIH, la bisexualidad «tardía» de Antonio, entre otras imputaciones de diversa índole.
Pero, gradual y progresivamente, la tensión emocional que prevalecía en ese enfrentamiento verbal cede terreno y las acusaciones mutuas se van transformando en un diálogo civilizado, cuyo núcleo fundamental gira alrededor del amor puro y sincero que una y otro le profesaran al difunto.
A partir de ese inesperado giro, que el público —al parecer— no esperaba, los contendientes llegan a la conclusión de que «el lenguaje solo debería utilizarse […] para que los seres humanos se comuniquen entre sí, cara a cara, como apoyo a la gestualidad esencial, como […] forma de acercamiento afectuoso».1
En la misma medida en que el diálogo avanza, van desapareciendo los celos enfermizos u otras bajas pasiones, que ocupan un lugar común en el componente instintivo del inconsciente freudiano. En consecuencia, Concha y Rafa evocan las virtudes, defectos, debilidades, inconsistencias y necesidades de quien compartiera con ellos cama y techo… hasta su defunción.
La conversación se torna cada vez más comprensiva, al extremo de que el espectador aprecia —en ese sincero intercambio afectivo-sentimental— un dolor compartido por la pérdida irreparable de un ser querido; dolor que experimenta tanto la ex mujer y madre del hijo adolescente, como su pareja gay.
Tanto es así, que Rafa le relata a Concha —con lujo de detalles— los tiernos cuidados que le prodigara a su pareja hasta que dejó de existir, mientras ella le confiesa que es portadora del VIH desde hace cinco años, o sea, descarta la posibilidad de que Rafa le inoculara el VIH, no solo por ser seronegativo, sino por llevar solo tres años de vida íntima con quien fuera su esposo.
Si bien Antonio es referencia obligada entre los encendidos debates primero, y las revelaciones mutuas después, que tienen lugar entre sus dos amores, el auditorio percibe sobre las tablas la presencia del fallecido esposo, al igual que en La Casa de Bernarda Alba, del genial dramaturgo, poeta y escritor granadino, Federico García Lorca, se presiente la de Pepe, el Romano, quien tampoco aparece en escena.
El final fue muy emotivo, ya que, cuando finaliza el extenso diálogo entre Concha y Rafa, hace su entrada Ale, y la madre invita a su retoño —no sin cierta reticencia por parte del chico— a que repitiera las palabras que le dijera su padre antes de partir.
El adolescente, con el candor inherente a esa edad privilegiada de la vida humana, le dijo a Rafa: «mi papá me dijo que después de mí, y de mi mamá, a quien más amaba en este mundo era a ti, y que yo también tenía que quererte».
Tuyo o mío es una obra bien concebida, bien hecha, bien escrita y actuada, en que los valores estético-artísticos y ético-humanistas se funden en cálido abrazo.
Me agradaría finalizar con una interrogante formulada por Fulleda León, en sus notas al programa: « ¿Bastará con la tolerancia para ser mejores en este mundo […]»,2 donde el hombre vive, ama, crea, sueña y aspira a que sea cada vez mejor?
Usted, estimado lector, tiene la palabra.
Notas
1 Melo Pereira, Mercedes. Citada por María del Carmen Muzio, en Los cuentos de Hipermestra. Palabra Nueva. 2007; 16 (163): p. 54.
2 Fulleda León, Gerardo. Notas al programa. La Habana: Compañía teatral Rita Montaner, abril de 2011.