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Catauro, por el mar antillano

Fernando Padilla, 22 de junio de 2011

Con la salida del número 19, la revista Catauro alcanza su primera década de existencia, un viejo anhelo de sus fundadores. Fieles a los postulados que le dieron origen, el colectivo de la publicación enaltece en cada nuevo ejemplar las palabras del primer editorial:

Catauro ha sido concebida fundamentalmente para el estudio de la vida cubana, sus entornos menos conocidos, el imaginario cotidiano y la cultura popular. El título, tomado del libro Catauro de cubanismos, constituye un homenaje al quehacer científico de Fernando Ortiz (…) La revista Catauro es nuestra invitación al pensamiento que profundiza en los fundamentos antropológicos y etnológicos del universo contemporáneo, el folklore, el imaginario social y el impacto cotidiano de lo popular. Aspiramos a que el público lector, que será en definitiva nuestro mejor juez, se convierta también en nuestro más íntimo colaborador.
 
Catauro, revista cubana de antropología, ha sido durante estos diez años el fruto y una de las tantas razones de ser de la Fundación Fernando Ortiz. Temas de rebosante cubanía como el café, el tabaco y el azúcar han encontrado espacio en las páginas de la revista que, en esta ocasión, versa sobre un tópico de especial interés: La cultura del mar.
 
Contrapunteos, sección que habitualmente recibe al lector, propone un acercamiento a los debates suscitados durante el seminario “La cultura del mar en Cuba”, marco de ponencias donde quedó evidenciada la influencia que ejerce el contexto geográfico insular sobre el ingenio o creatividad del cubano.
 
Como memoria testimonial del encuentro, Contrapunteos ofrece en letra de sus autores, variadas visiones sobre el mar que baña de continuo nuestro litoral costero. Ya sea como medio fecundo y hostil conquistado por navegantes, o energía vital y desencadenante de tormentas y huracanes, el mar cobra vida en la religiosidad popular y en el discurso creativo de literatos, músicos y pintores.
 
Intelectuales y especialistas coinciden en resaltar que “al mar debemos los malecones, las fortalezas coloniales, los faros antiquísimos y el sabor a salitre, que matizan el entorno de la ciudad”. El mar nos protege y a la vez nos condiciona el horizonte.” Así se suscitan, uno tras otro, los trabajos dedicados a escudriñar los secretos del mar y su influjo en la cultura cubana”.
 
Legar a la posteridad el patrimonio intangible de las comunidades pesqueras caribeñas y propiciar su estudio desde la perspectiva de la socioantropología marítima, permitirá conservar los saberes propios de un vocabulario asociado al universo marítimo o las riquezas de una cultura culinaria del mar, hoy en grave peligro de perecer. 
 
Tema inagotable en su vastedad, Catauro ofrece a los lectores un ameno acercamiento al asociacionismo náutico en La Habana, trabajo acompañado de valiosas imágenes que muestran a las nuevas generaciones la peculiar arquitectura que otrora acogiera por separado a ricos y pobres, para el pleno disfrute de los encantos marinos.
 
Ciertamente, poco se conoce sobre las variadas formas de agrupamiento social dedicadas al fomento y goce de las actividades marineras y su grata acogida en todo el país. Los clubes náuticos, conocidos por su denominación anglosajona yacht clubs, matizaron un periodo de nuestra historia e influyeron significativamente en la aproximación de los cubanos a las bondades del mar.
 
Catauro nos recuerda que no solo beneplácitos emanan de las aguas oceánicas, pues la ciguatera ha pasado a la posteridad como el envenenamiento más antiguo de la historia americana, vivencias aciagas de aborígenes y colonizadores, quienes a la luz de sus cosmovisiones ofrecieron interpretaciones diferentes a la “maldición del mar”.
 
Si de rendir tributo a nuestras tradiciones marinas se trata no podía faltar el testimonio literario más importante escrito en la Isla y de la que Catauro reproduce su prólogo. “Ictiología Cubana”, obra magna realizada por el insigne sabio criollo Felipe Poey y Aloy, se alzó en 1883 con la distinción del León holandés otorgada por el rey de los Países Bajos, Guillermo III, durante la celebración de la Exposición Internacional de Amsterdam.
 
El Apóstol de Nuestra Independencia, José Martí no fue ajeno al acontecimiento al expresar: “Ya ha salvado los mares la noticia del libro que prepara para presentar al público el naturalista cubano don Felipe Poey (…), esta obra mayor de análisis y paciencia.”