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Andrés Eloy Blanco en la memoria cubana

Leonardo Depestre Catony, 06 de julio de 2011

Venezolanos y latinoamericanos celebramos el 6 de agosto el natalicio de un poeta importante, que además desempeñó altos cargos políticos dentro de su país: Andrés Eloy Blanco. Fue además un sincero amigo de Cuba, donde sembró afectos, dejó simpatías y halló exilio.

Andrés Eloy, como le llamaban, arribó a La Habana al regresar de Europa, en 1925, cuando todavía era muy joven, con apenas 28 años, aunque lo acompañaba ya el renombre de poeta aureolado por la fama, pues en España acababa de ganar un premio otorgado por la Asociación de la Prensa y además avalado por la Real Academia de la Lengua.
 
Los círculos literarios habaneros le abrieron puertas, se le rindieron homenajes y el visitante se sintió a gusto con la hospitalidad criolla. Nicolás Guillén apuntó: “Andrés Eloy se demoró largamente en La Habana, una especie de reencuentro con su patria, pues aquí halló, porque los hay, muchos de los rasgos poderosos que componen el perfil venezolano”.
 
De su Carta a Udón Pérez, reproducimos este fragmento, una bocanada del poético humor de Andrés Eloy:
 
Me dirá usted: -La Habana es muy grande-. Es verdad,
le diré yo: -La Habana es una gran ciudad;
casas de doce pisos, el Malecón, el Prado
y los nuevos proyectos que “proyecta” Machado,
pero el resto es la guasa caraqueña, la guasa
que nos es tan precisa como un loro en la casa...
 
Entre 1925 y 1948 Andrés Eloy escribió poemas, pero también hizo muchas otras “cosas”. Su condición de opositor al gobierno del dictador Juan Vicente Gómez le costó ir a la cárcel: fundó el Partido Acción Democrática, encabezó la convención encargada de restaurar las instituciones democráticas tras la muerte del dictador Gómez y por último fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores durante el breve mandato del presidente-escritor Rómulo Gallegos (el autor de Doña Bárbara).
 
La más conocida de las estancias de Andrés Eloy Blanco en La Habana tuvo lugar a partir de diciembre de 1948, cuando los militares de Venezuela, pisoteando la voluntad popular expresada en las urnas, expulsaron del poder al presidente constitucional Rómulo Gallegos y a los miembros más notables de su gabinete.
 
Exiliado en La Habana, el poeta ofrecía declaraciones a la revista Bohemia: “Me queda el consuelo de que si en lugar de esas leyes [se refiere a la reforma agraria y a la reforma educacional] hubiéramos promulgado otras contrarias a su contenido, nos habría derrocado el pueblo, o por lo menos nos habría retirado su confianza. ¡Y yo prefiero que la injusticia me derribe a que me abandone la justicia!”
 
Autor fecundo, versátil en los temas, desbordante de imágenes, renovador en la forma, fue un poeta dotado de gran arraigo popular, con marcada musicalidad en sus textos y ritmo interno.
 
Destacado como orador y polemista, la figura política de Andrés Eloy Blanco estuvo asociada a las causas justas, defensoras de los derechos de las mayorías. Nació en Cumaná en 1897 y murió a los 58 años en México, el 21 de mayo de 1955, cuando su coche fue embestido por otro.
 
Su amigo el novelista Rómulo Gallegos lo definió como “el hombre cabal en la hora exigente”, elogio digno por venir de otro escritor en quien las obligaciones ciudadanas marcharon a la par de las responsabilidades políticas.
 
Algunos jóvenes desconocen hoy día la obra de Andrés Eloy Blanco, así como el rol que desempeñó dentro de la literatura y la historia latinoamericanas. Redescubrir su figura y trayectoria literaria será un placer para los lectores.