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Emerio Medina, El puente y el templo

Leonardo Depestre Catony, 13 de julio de 2011

Recientemente leí en las páginas culturales del diario Juventud Rebelde, en la edición del 15 de mayo, una muy interesante entrevista (de la periodista Jaisy Izquierdo) a Emerio Medina que, a manera de cierre, lo proclama el escritor del año. No es para menos, el autor de Mayarí (Holguín) ha arrasado con los más importantes premios nacionales en estos últimos años. En el género de cuento ganó en el 2009 el Premio del Concurso Iberoamericano Julio Cortázar, y al año siguiente el Casa de las Américas. ¡Casi nada!

Por esa entrevista conozco que Emerio ronda los 45 años, es graduado de ingeniero mecánico en Uzbequistan (1990) y ha transitado por diversos oficios y profesiones. Pero entretanto, ha acumulado horas y horas de lecturas enriquecedoras de su talento incuestionable, de su narrativa de trabajada sencillez y profunda esencia. Confiesa que empezó a escribir en el 2003, hace menos de una década, y seguro estoy que ya no tiene necesidad de seguir buscando caminos, porque ha encontrado su profesión definitiva: la de escritor.

El puente y el templo se publicó por la Editorial Oriente en 2009 y es una colección de nueve relatos. Sin prólogo ni introducción. Es decir, desde el comienzo mismo la prosa de Emerio le da la bienvenida para que juzgue por sí mismo y viva esa atenazadora sensación de no poderse despegar del texto.

“El puente y el templo” es el título de uno de los relatos; en opinión de este redactor, muy bien seleccionado. Allí se lee:

«Seguir a alguien puede convertirse en hábito. Un rito contagioso. Un juego de esconderse y hacerse el bobo, danzando entre la gente, sin llamar demasiado la atención. Sin mostrarse ansioso ni desesperado, solo mirando, tomando los apuntes necesarios, las cosas que la víctima puede hacer, lo que diga en un momento de tensión. Un juego viejo con personajes variables».1

Se nos revela el autor como un maestro de la oración concisa, del crescendo del interés por la trama, del vocabulario exacto para la ocasión y de la psicología humana.

El manejo de los conflictos interiores y de los pensamientos obsesivos se matiza con el elemento inesperado, la imaginación desbordada, el juego con el tiempo, el final chocante. Medina se mueve a lo largo del libro entre la realidad y la sorpresa, sobre un escenario cubano, donde el hombre tiene su rol protagónico.

El puente y el templo se complementa mediante la ilustración de cubierta (un detalle de la obra San Francisco expulsando a los demonios, de Giotto Arezzo) y la edición (muy correcta), a cargo de Orestes Martín Solís Yero. Lo hemos dicho muchas veces: un buen libro puede perderse si tras de sí no tiene un equipo editorial que lo respalde hasta el punto final.

La producción de este escritor “de tierra adentro”, en cuanto a libros publicados, es abundante. Aún cuando en el caso de Emerio Medina sucederá que siempre tendrá algo en prensa, pendiente de ver la luz. En 2005 salió su primer libro, por Ediciones Holguín: Plano secundario, y dos años después se publicó Las formas de la sangre, por la Editorial El Mar y la Montaña, de Guantánamo. Menos conocido resulta que escribió Viaje a la orilla de un cuento (novela para niños y jóvenes, Premio de la Ciudad de Holguín, 2008) y con Café bajo sombrillas junto al Sena, mereció el Premio UNEAC de Cuento Luis Felipe Rodríguez.

Mientras llegan los libros de los más recientes premios de Emerio Medina, aconsejamos al lector que vaya conociéndolo a través de las páginas de El puente y el templo. Lo agradecerá.

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1 Emerio Medina: El puente y el templo. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2009, p. 55.