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Franciso Ayala, una presencia casi olvidada

Leonardo Depestre Catony, 20 de julio de 2011

El escritor español Francisco Ayala vivió 103 años (1906-2009). Ello, por sí solo, es noticia. Pero lo es más el hecho de que mereció los premios literarios más importantes en lengua española, a saber, el Cervantes, en 1991, y el Príncipe de Asturias de las Letras, en 1998. Súmese a los anteriores el Premio Nacional de las Letras Españolas, en 1988. Fue elegido miembro de la Real Academia Española en 1983 —tenía entonces 77 años—, de la Academia Europea de Ciencias y Artes desde 1997, e Hijo Predilecto de Andalucía, por cuanto era nacido en Granada.

Francisco Ayala llena con su obra más de un capítulo de la historia literaria  de España en el siglo XX e inicios del XXI. Perteneció a la Generación del 27 y fue, sobre todo, un narrador, maestro del relato corto y la novela, aunque además descolló como sociólogo y escribió ensayos.

Si bien nacido en Andalucía, hizo estudios de Derecho y Filosofía y Letras en Madrid, y en la capital se dio a conocer. Vivió en Berlín entre 1929 y 1931, sirvió a la República Española y se hallaba en el exterior cuando esta cayó, por lo que permaneció exiliado en Argentina por varios años; después pasó a Puerto Rico y Estados Unidos, dedicado a la enseñanza en centros universitarios, sin dejar de escribir. No fue hasta 1960 que volvió a España, donde por último se instaló en 1976, continuó su carrera literaria y sus colaboraciones en la prensa de ese país.

Dentro de este vasto periplo americano, se detuvo en Cuba a mediados de 1950. Ya se había publicado en la Isla en 1948 su Tratado de Sociología y para la entonces denominada Universidad del Aire (destinada a la superación de los oyentes a través de las ondas de radio) impartió el 30 de julio de aquel año la conferencia titulada “Bosquejo de la cultura hispánica”, que con posterioridad se imprimió. En la Sociedad Lyceum del Vedado también ofreció una conferencia y un curso de sociología en la Escuela de Verano de la Universidad de La Habana, por lo que fue activa su participación en la vida sociocultural habanera de entonces.

Se conoce que regresó a Cuba por última vez en abril de 1958 y que entonces impartió una serie de conferencias sobre la cultura española, patrocinadas por el Centro de Altos Estudios del Instituto Nacional de Cultura.

Sus libros de narraciones son numerosos — El boxeador y un ángel (1929), Cazador en el alba (1930), Los usurpadores (1949), La cabeza del cordero (1949), Muertes de perro (1958), El fondo del vaso (1962), El As de Bastos (1963), El rapto (1965), De triunfos y penas (1982), El jardín de las malicias (1988)… Las temáticas van desde la ambientación histórica hasta la denuncia de las dictaduras y la inclusión de asuntos autobiográficos (como en El jardín de las delicias, de 1971), elementos metafóricos, el empleo de la ironía y otros recursos narrativos.

Escribió además unas memorias bajo el título Recuerdos y olvidos, con varias ediciones a partir de 1982, e hizo traducciones (profesión acerca de la cual teorizó en varios ensayos) y escribió artículos para la prensa diaria.
 

Murió el 3 de noviembre de 2009, en Madrid.