Carlos Bastidas, su asesinato en La Habana
El asesinato en La Habana del joven periodista ecuatoriano Carlos Bastidas, a más de medio siglo del suceso, continúa siendo una prueba tangible de las escasas garantías para la vida existentes en Cuba durante los últimos meses del régimen del dictador Fulgencio Batista. La brutalidad, el crimen y la represión violenta de toda oposición aterrorizaban las ciudades, pueblos y campos del país.
Bastidas llegó a Cuba con el propósito de entrevistar a los líderes del movimiento insurreccional en la Sierra Maestra. La lucha armada había cobrado auge desde los inicios de 1957, luego del arribo del yate Granma en diciembre anterior, con 82 expedicionarios decididos a derrocar el gobierno de Batista, en el poder desde 1952 y con una extensa hoja de sangre derramada en su haber.
La fuerza creciente de la revolución en Cuba, el carisma de sus líderes y el rechazo al gobierno de Batista de los sectores progresistas en diversas partes del mundo, atrajeron la atención de periodistas —tal vez el más conocido, el ejemplo de Herbert Matthews, corresponsal del New York Times, quien entrevistó a Fidel Castro en la Sierra Maestra—, pero no fue este el único caso. A principios de marzo de 1958 viajó Carlos Bastidas a La Habana. Se encaminó entonces a la Sierra Maestra, subió aquellas lomas y permaneció por varias semanas entre los “barbudos”, viviendo con ellos como un guerrillero más, conociéndolos mejor —tuvo contacto con los jefes de la lucha armada: Fidel Castro, Camilo Cienfuegos, Ernesto Che Guevara, entre otros— y acentuando sus simpatías por quienes se empeñaban en cambiar los destinos de Cuba.
Con el seudónimo de Atahualpa Recio, habló a través de la emisora Radio Rebelde, desde la cual convocaba a apoyar la insurrección en cualquier parte del mundo.
Las noticias acerca de la presencia de Bastidas en la Sierra Maestra llegaron a las fuerzas del régimen, y cuando el joven regresó a La Habana el domingo 11 de mayo desconocía que sus horas estaban contadas.
Se alojó en el céntrico hotel Pasaje (hoy allí se encuentra la sala Kid Chocolate), de la Avenida del Prado, frente al Capitolio Nacional. Dos días después, el 13, hallándose en un bar a apenas dos cuadras del Pasaje, entró un agente de policía que lo insultó y agredió con los puños. Cuando Carlos intentó rebatir la agresión, el agente extrajo su arma y lo baleó en la cabeza.
El hecho quedó impune y resultaba evidente que el asesino cumplía órdenes superiores de algún personero del gobierno. Carlos Bastidas contaba con 23 años al morir de manera tan premeditada.
El periodista no ha permanecido olvidado. Varias actividades se desarrollaron en Cuba con motivo del cincuentenario de su asesinato, en mayo de 2008. El pianista Frank Fernández estrenó una obra —Remembranza— que le dedicó, y se desveló un busto en la Unión de Periodistas de Cuba, en El Vedado.