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Elsa Gutiérrez Baró: dirigir la revista Mujeres fue para mí una experiencia inolvidable

Jesús Dueñas Becerra, 22 de septiembre de 2011

Mujer  […] eres el ser más importante del universo
John Lennon


En 1961, vio la luz la revista Mujeres, órgano de difusión de la entonces naciente Federación de Mujeres Cubanas (FMC), cuya presidenta, Vilma Espín Guillois, designó a la doctora Elsa Gutiérrez Baró (Camagüey, 1928), como directora de ese medio de prensa, que este año celebra su quincuagésimo aniversario.

Por ese motivo, he decidido entrevistar a la profesora emérita de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana para dialogar «cara a cara» con ella, a quien conocí —hace casi cuatro décadas— en la I Jornada Provincial de Salud Mental, que sesionara en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, donde naciera y se consolidara nuestro fraternal encuentro de espíritu.

Si bien Elsa Baro, no necesita presentación alguna, me parece oportuno destacar que es una prolífica escritora de textos sobre salud mental infanto-juvenil, y ha dado a la estampa los siguientes títulos (todos agotados):

Mensajes a los padres (cuatro ediciones), Los niños enseñan; Muy en serio y algo en broma; Las edades de la senectud, Toxicomanías y adolescencia (en colaboración con un colectivo de autores), y Pensamiento, ideas, mitos y realidades (este último presentado en la Feria Internacional del Libro Cuba 2011).

Sin más preámbulo, le cedo la palabra a la doctora Elsa Gutiérrez Baró.
 
¿Qué representó para usted haber sido designada primera directora de la revista Mujeres, órgano de difusión de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), que presidiera nuestra inolvidable Vilma Espín Guillois?

Si quieres que te sea sincera, me sentí ambivalente, esa fue mi primera reacción. Ahora bien, el hecho de que Vilma y las restantes compañeras de la Dirección Nacional de la FMC confiaran en mí representó un honor y un reconocimiento, un tanto inmerecido creo yo, porque uno de los argumentos que me daban era que a mí me gustaba escribir.

Otro fue que yo era [soy] responsable y entusiasta (tenían en mente el trabajo reciente que yo acababa de concluir como directora de las escuelas campesinas).

Sin embargo, dirigir una publicación nueva, con énfasis en aspectos relacionados con la Revolución y las mujeres cubanas era otra cosa bien diferente. Y como era natural, todo eso me preocupaba y hasta me asustaba. No obstante, siempre me brindaron todo el apoyo que la nueva tarea exigía.

Si bien usted tenía alguna experiencia en el campo de la literatura especializada por haber dado a la publicidad su tesis doctoral en Medicina y un artículo sobre Narcomanías, después de graduada como profesional de la salud, ¿cómo se las  ingeniaba para escribir los artículos de fondo (editoriales) que abrían cada nuevo número de la revista, así como para estructurar el buen funcionamiento de ese medio de prensa?

Es cierto que a mí me gustaba y me gusta escribir, pero yo estudié Medicina y no periodismo ni literatura; disciplinas que —solo en apariencia— son ajenas a las ciencias médicas.

Es realmente un hecho interesante, porque yo, durante la etapa en que estudiaba bachillerato, me presentaba a concursos históricos (disciplina de las ciencias sociales que me gusta mucho), y hasta obtenía premios, que siempre consistían en la compra de algunos libros. Y recuerdo que la primera obra que adquirí fue Interpretación de los sueños, de Sigmund Freud. ¿Te imaginas?

Yo estaba feliz, aunque no entendía nada. Esos dos tomos de las obras completas del padre del Psicoanálisis Ortodoxo los guardo con tremendo cariño.

En 1955, había presentado una tesis sobre Tuberculosis para graduarme de médica; material que fue publicado con posterioridad.  

Años después, curse la residencia en Psiquiatría Infanto-Juvenil, y en 1971, presenté la tesis «La adaptación de una adolescente a un hogar sustituto», para obtener el título de especialista de I Grado.

Como te darás cuenta, hay hechos que son no conscientes y que parecen simples coincidencias, ya que no se piensa que el inconsciente —tal y como lo concebía Freud— existe. Tanto es así, que tu pregunta […] aún no la he contestado.

Desde el mismo día en que tomé posesión de la dirección de la revista Mujeres, formé un excelente consejo de dirección, cuyos integrantes eran todos(as) muy profesionales, inteligentes, y con deseosde ayudar y apoyarme.

Fui sincera con ellos(as) y les dije que yo no tenía experiencia, aunque sí muchos deseos de aprender de ellos(as) y junto a ellos(as). La respuesta fue inmediata y positiva. Además, la Dirección Nacional de la FMC se mantenía al tanto de todo: temas que debían tratarse y cómo debían enfocarse, sugerencias, problemas; en definitiva, fue una experiencia colectiva muy alentadora, que me ha resultado útil en grado sumo.
 
De las muchas anécdotas —agradables o no— vivenciadas durante el tiempo en que ejerció el periodismo en la revista Mujeres, ¿podría relatarnos alguna que haya dejado una huella indeleble en la mente y en el alma de su directora fundadora?

Siempre estaba temerosa pero feliz. La revisión de las pruebas de plana o el empalme, cuando algo salía mal, me producía taquicardia pero —al día siguiente— ya estaba «curada» para continuar en el mismo «frente de batalla».

Hoy le agradezco al equipo lo mucho, muchísimo, que aprendí, y los evoco con inmenso amor y sincera gratitud.

¿Cómo valora los cambios ocurridos en dicho órgano de prensa en su medio siglo de vida editorial?


Yo opino que mantener un órgano de prensa de ese tipo durante medio siglo es ya un éxito. Además, las dificultades económicas que afrontamos influyen mucho en la calidad del papel, en las tiradas, en los salarios […], a pesar de los inconvenientes, que no son pocos, Mujeres es muy solicitada por las(os) cubanas(os) de ayer y de hoy.

Existe una gran demanda todavía no satisfecha. En el 2001, por ejemplo, hubo una tirada de 100,000 ejemplares y también resultó insuficiente para satisfacer la avidez cognoscitiva y espiritual de nuestras(os) lectoras(es).

Igual sucedió con la revista Muchachas, hermana de Mujeres, con la misma demanda y éxito […], no obstante enfrentar idénticos problemas.
  
Si, hipotéticamente, usted ahora fuera nombrada directora de la revista Mujeres ¿qué orientaciones les impartiría a los(as) periodistas, colaboradores(as), técnicos(as), diseñadores(as), foto-reporteros y demás trabajadores que laboran en su realización estético-artística, para optimizar —aún más— cada nueva entrega a las(los) lectoras(es) cubanas(os)?      

Es una pregunta muy interesante, pero en extremo difícil de contestar, pero te voy a complacer.

La primera orientación que yo les impartiría es mantenerse, luchar, no dejarse vencer por las dificultades, multiplicar la resiliencia colectiva (capacidad que tienen los seres humanos para levantarse cada vez que tropiezan y caen, así como el coraje para decir sí o no… en dependencia de las circunstancias), soñar y tener utopías.

Pienso que es interesante mantener la correspondencia con las(os) lectoras(es) y realizar investigaciones y encuestas sobre problemas actuales que afectan el desarrollo integral no solo de la mujer, sino también de la sociedad cubana en general.

Trabajar sin descanso el tema de la familia, la juventud, la diversidad sexual, las drogas lícitas e ilícitas, las modas, la cocina y los alimentos, entre otros de indiscutible vigencia.

Buscar modos inteligentes para rescatar los valores éticos, humanos y espirituales, porque en el mundo de hoy se hace evidente —estimo yo— que hay una crisis de civilización. Si perdiéramos esos valores (que, lamentablemente, se están deteriorando de forma gradual y progresiva), descenderíamos a las restantes especies no racionales. ¿Qué usted cree, periodista?  


Foto: Ana Teresa Gutiérrez