Fernando Rodríguez Sosa: “Soy un hombre a corazón abierto”
Son las dos de la tarde de un domingo sin mucho sol, hora exacta para el encuentro con el periodista y crítico literario, Fernando Rodríguez Sosa. Me recibe un hombre delgado y alto, con una sonrisa que es toda bienvenida y camaradería. Seguidamente se sienta en el sofá, estira sus piernas e inclina su cabeza como indicando que puedo dar comienzo a las preguntas:
¿Fernando, cuándo descubriste que tenías la vocación de periodista?
Nací el 3 de diciembre de 1952. De niño mis padres me compraban juguetes que me vinculaban con ser médico, por haber nacido el día de conmemoración de la medicina latinoamericana, pero esa profesión no era de mi predilección.
Cuando estaba a punto de graduarme de bachillerato en los años 70, me interesaba mucho la locución, lo cual me llevó a solicitar una planilla para comenzar el curso, pero al final decidí que lo que quería estudiar era Periodismo.
El estudiar esta carrera era una doble meta para mi porque cuando joven era muy introvertido, aunque siempre me gustó leer, de hecho todavía conservo algunos de los libros que mi madre me compraba porque ella también leía mucho y luego relataba cuentos. Por otra parte, en mi familia no hay antecedentes de esta profesión.
¿Cómo defines la labor periodística?
La labor periodística es muy compleja y me parece que, ya entrando el siglo XXI, se convierte en una función cada día de mayor relevancia para nuestra sociedad. Eso recuerda la concepción que tenía Alejo Carpentier de esta profesión: “El periodista es un cronista de su tiempo”. Siempre pienso que el rol principal del hombre y la mujer periodista es poder comprender y transmitir con corrección y adecuadamente lo que ocurre. El periodista es el que recoge la esencia de su tiempo, es fuente de información. El profesional que archiva esa esencia para futuras generaciones.
¿Existe algún conflicto entre tu ejercicio periodístico y la labor docente?
No hay ninguna contradicción. El periodista tiene una satisfacción casi inmediata. Cuando escribes para la prensa tienes una reacción inmediata ya sea positiva o negativa, tienes esa retroalimentación enseguida.
Mi labor docente tiene antecedentes desde que era estudiante de bachillerato que impartía clases en la antigua escuela normalista. En 1976, recibí la categoría de Profesor Instructor en la Universidad de La Habana, entonces impartía un curso de Literatura Hispanoamericana y otro de Teoría y Práctica del Periodismo ambos en la Escuela de Periodismo, actualmente la Facultad de Comunicación. Realizaba todo lo anterior, sin abandonar mis colaboraciones con publicaciones periódicas cubanas: artículos, comentarios y críticas, fundamentalmente de temas literarios.
Resumiendo, para mí es algo colateral porque tanto en mi labor como periodista y como docente logro una acción comunicativa que me llena de satisfacción.
¿Qué es la crítica literaria para usted?
La crítica literaria, como decía Martí, es el «ejercicio del criterio», y yo la practico con el mismo sentido de la crítica martiana. No me interesa hacer crítica a obras que literariamente no tengan buena calidad, ya que mi intención es orientar, aunque algunos colegas me han confesado que no soy un crítico literario. No obstante, ejercí la crítica literaria en el diario Granma, desde los años ochenta del siglo XX, aproximadamente por una década.
Fernando, he leído la sección Letra Viva, de la revista Cuba Internacional y que está a tu cargo. ¿Por qué el título?
Fue un título que se me ocurrió, es la letra que está viva, es una sección especializada en la promoción de los libros de reciente salida al mercado editorial.
Creo que tengo una gran facilidad para titular por ejemplo: Con oído de lector, un espacio en Radio Metropolitana; Paso al libro en Radio Taíno y Habana del Centro, este último lo extraje de un poemario de Fina García-Marruz.
Pienso que todos los títulos de estos programas tienen que ver con el contexto en el que voy a desarrollar mi labor y el medio de comunicación a emplear.
Siempre para mí ha sido una interrogante conocer cómo usted llegó a formar parte del programa Escriba y Lea...
Esa es una de las preguntas que siempre me gusta responder. Te contaré que Lesbia Echevarria, asesora del programa, me dijo que quería hacerme pruebas de cámaras y las aprobé, y parece que también la simpatía de los televidentes influyó; desde 1997 tengo a mi cargo los comentarios literarios del programa que es transmitido semanalmente por el canal Cubavisión.
La televisión hace que la gente te reconozca, las personas me paran en la calle para saludarme, hablarme sobre el programa, otros me observan sin decirme nada. En fin, hace más de diez años que estoy enamorado de Escriba y Lea.
Ud. ha recibido numerosos premios, ¿cuáles ha recibidos con mayor satisfacción?
De los galardones recibidos por mi, hay dos que me complacen mucho recordar: en el 2005 el Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro que otorga el Ministerio de Cultura por la obra de la vida y el Premio Nacional Promotores de la Lectura Raúl Ferrer, concedido en el 2007, por la Biblioteca Nacional José Martí.
¿Y cuáles son sus nuevos proyectos de trabajo?
Desde el 2009 laboro en el Departamento de Promoción del Instituto Cubano del Libro. Sin dejar de trabajar en esta institución, conduzco un nuevo espacio cultural nombrado Páginas Inéditas, que se celebra mensualmente en la librería Fayad Jamís.
Mi otro gran anhelo es escribir un curso de técnicas periodísticas online para el portal de Cubaliteraria.
Para finalizar, ¿cómo se define Fernando Rodríguez Sosa?
Soy un hombre a corazón abierto. Me gusta hacer las cosas bien, y sobre todo en mi profesión. Los libros son una presencia necesaria para mí, y creo que para ser un buen comunicador, no hay que ser bonito.
Foto: Arturo Montoto