Omar Perdomo: figura clave de la cultura y la prensa cubanas
La muerte es una pieza que ensayamos
todas las noches y no aprendemos nunca
Enrique José Varona
Al investigador, promotor cultural, periodista, poeta y editor, Omar Perdomo (1944-2011), lo conocí —hace más de una década— en una exposición de artes plásticas en el Palacio del Segundo Cabo, antigua sede del Instituto Cubano del Libro (ICL).
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Ahora que evoco aquel primer encuentro con el finado colega, no olvido —en modo alguno— que tuvo la proverbial gentileza de hacerle una mini-entrevista a quien estas líneas escribe, ya que diría las palabras de apertura de esa muestra pictórica que giraba —fundamentalmente— alrededor de motivos afrocubanos (incluidos, por supuesto, los orishas del panteón yoruba).
Posteriormente, coincidimos en varias actividades artístico-culturales (exposiciones personales y colectivas de artes plásticas y de artes visuales, festivales de música triera y popular cubana, así como presentaciones de libro).
Como consecuencia de esos encuentros periodísticos —nada casuales, por cierto— se estableció entre nosotros una relación profesional y afectiva, que fue consolidándose con el discurrir del tiempo, a pesar de que —por razones ajenas a nuestra voluntad— solo pudimos cultivarla de forma esporádica.
Cuando, en el 2006, comencé a colaborar sistemáticamente con el Portal CubaLiteraria, veía a Perdomo con relativa frecuencia en los pasillos o en el jardín del ICL.
No obstante, nuestras pláticas, se limitaban a afectuosos saludos y breves comentarios sobre cualquier suceso cultural.
La última vez que vi a Omar Perdomo fue hace alrededor de un año, en el Palacio de la Rumba, en el municipio de Centro Habana, donde se agasajó al maestro Melquiades Fundora (1925-2009),1 director y flautista de la orquesta Sublime hasta su jubilación en 1989, con motivo del aniversario ochenta y cinco de su natalicio.
En esa ocasión, charlamos acerca del lamentable olvido en que habían caído, en el pentagrama musical caribeño, las orquestas típicas, las cuales habían puesto a bailar a criollos y extranjeros en las décadas de oro de la música popular cubana: los años 40, 50, 60 y 70 del pasado siglo.
Los acordes únicos e irrepetibles de las orquestas Sublime y Jorrín confirmaron cuánto han perdido en calidad los bailadores de aquí y de allá con la casi completa desaparición de esas agrupaciones charangueras de los espectáculos musicales en teatros y cabarets, así como en la radio y la televisión insulares, donde se ven o escuchan… solo de cuando en cuando.
Con el carisma estético-artístico que lo caracterizara, preparó varias antologías poéticas y dio a la estampa dos poemarios de su autoría: Una ventana al sol y Con el corazón abierto.
Entre sus títulos más significativos, aparecen las aproximaciones bibliográficas a ilustres personalidades de la cultura cubana e iberoamericana: Dora Alonso, Regino Pedroso, Ángel Augier, Mary Cruz, Manuel Cofiño y José Luciano Franco.
Perdomo era miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). Como reconocimiento a su infatigable labor cultural, recibió la Distinción Raúl Gómez García y las Placas Conmemorativas Juan Cristóbal Nápoles Fajardo y Centenario de Nicolás Guillén
De Omar Perdomo recuerdo su carácter enérgico, sobre todo en lo que se refiere a su impecable labor periodística, investigativa y editorial, pero franco, amable, dispuesto a escuchar y valorar la opinión del prójimo. O para decirlo con un aforismo martiano: lo identificaba «ese respeto a la persona humana que hace grandes a los pueblos que lo profesan y a los hombres que viven en ellos […]». 2
Notas:
1. Dueñas Becerra, Jesús. El espíritu del maestro Melquiades Fundora en el Palacio de la Rumba. www.radioprogreso.icrt.cu (Cita con el Arte).
2. Martí, José. Obras completas. La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1963-1973. T. 8: p. 20.