Leer a Martí a través de Mayra Beatriz Martínez
Leer a Martí es grato siempre. Una debería poder entregarse a su lectura al menos una vez al año, sin apuros. Su emotividad, su grandeza, tienen para mí un poder sanador, de reconstitución, que alivian las groserías y mezquindades de la vida. Sólo por eso, por reunir escritos de José Martí, por provocar la ocasión de leerlo de nuevo, podría yo recomendarles este libro. Pero no se trata sólo, por fortuna, de textos escogidos por su vínculo con la idea martiana de la mujer; su valor grande proviene del estudio previo que Mayra Beatriz Martínez, investigadora del Centro de Estudios Martianos, hace de la presencia de la mujer en la obra infinita de ese cubano, dueño, sin duda, de la mayor sensibilidad nacida en esta Isla. La introducción inteligente nos prepara mejor para enfrentar textos tan disímiles como los aquí reunidos.
En primer lugar, nos habla Mayra Beatriz de la automatización de las citas martianas, de la banalización del legado no sólo intelectual, sino también humano, de José Martí, y no sé por qué su queja contra el abuso y descontextualización de frases repetidas una y otra vez me recordó esos bustos de plástico sembrados sin piedad en los sitios más inesperados —el umbral de una tienda, por ejemplo, recuerdo que convoca, inevitablemente, aquella vieja historia de unos mercaderes y un templo. Explica Mayra de qué modo, en ese uso a ciegas de la obra martiana, se cometen (cometemos) errores todos los días, como en el regalo repetido de La Edad de Oro a nuestros escolares, y la divulgación de esquemas de conducta atribuibles a uno y otro género ya caducos, acerca de esa reproducción acrítica llama la atención la estudiosa, quien menciona también a Gustave Moreau —tan célebre entonces entre los escritores hispanoamericanos—, cuya prejuiciosa declaración sobre la mujer, citada en la introducción, trae a mi memoria su desconcertante lienzo El origen del mundo, desde el cual un sexo femenino bastante realista enfrenta al espectador, en impresionante gesto de reconocimiento de su oscura fascinación, compartida a menudo por los más prejuiciosos comentaristas de la feminidad (se dice que perteneció a Lacan, cuya equívoca frase “la mujer no existe” suele citarse con frecuencia, y que éste lo mantenía oculto, para contemplarlo a solas).
Para Martí, la mujer era materia moldeable, educable, aconsejable, una especie de Galatea, pero también será ente temible, deleznable, respetable o adorable, según las circunstancias. Del mismo modo, será una en Nuestra América y otra en Estados Unidos, o cambiará su intelección de aspiraciones y derechos según se halle en su tierra o en el exilio. Tales variaciones, sus razones y causas, son puestas de relieve con inteligencia y gran erudición por la compiladora, que adelanta una clasificación exhaustiva de los arquetipos femeninos en la obra martiana, analiza cada uno en sus manifestaciones textuales y repasa el contexto cultural e histórico (y biográfico) en que fueron apareciendo dentro de la inabarcable obra martiana. A propósito de la contextualización: una vez adentrados en la lectura y quizás provocados por la calidad referencial de la introducción, se echa de menos una cronología que nos permita imaginar y luego comprobar las causas de tal o cual juicio y de una u otra figuración; quede sugerida para próximas ediciones.
Ya Mayra Beatriz había explorado la sensibilidad martiana frente a la mujer en su ensayo Martí, Eros y mujer (2005), y aquí están, digamos, las pruebas de aquella interpretación, organizadas, para mejor orientarnos, cronológicamente. Así, es posible seguir el curso del desarrollo de una sensibilidad, y como además se indican los sitios de escritura, tenemos bloques no sólo temporales, sino también geográficos, con lo cual puede percibirse mejor una de las condiciones de expresión de estos textos aludida por su compiladora: lo que hoy llamaríamos “horizonte de expectativas” en cada caso; y la sabiduría de Martí al conseguir adecuarse al público al cual se dirigía, sin violentar demasiado sus juicios previos. Avisado observador, lo obligan las circunstancias, según señala su estudiosa, a moderar tales juicios a fin de conseguir esa “utopía liberal mayormente justa a menudo; pero sobre todo, en su momento, factible” (p. 26).
En conjunto, los textos reunidos en Tu frente por sobre mi frente loca. Percepciones inquietantes de mujer ofrecen un compendio de las ideas de José Martí sobre la mujer, el matrimonio, la educación, las relaciones entre los sexos, el derecho al sufragio y sus usos sociales, la maternidad, las causas económicas y sociales de la prostitución, la obra de mujeres notables y la labor cotidiana de otras a las que distinguió muchísimo y apreció lo mismo.
Sorprende el hallazgo, ya explorado por la investigadora en textos anteriores pero usualmente poco referido, de una sensualidad vivísima, y más aun la observación de cómo esa sensualidad parece clausurarse al arribar Martí al suelo patrio, urgido como estaba de enaltecer la realidad cubana. Esa contención, lo mismo que otros muchos descubrimientos en su relación con lo femenino, está claramente explicada y ejemplificada por su comentarista, y lo mismo su visión, más conservadora, de la mujer cubana, siempre venerable, como la Patria misma, con la cual a menudo la identifica.
Expuesto íntimamente queda Martí en esta compilación, que lo retrata entero, al ofrecer el ambiente de enunciación de sus frases más repetidas pero también al aportar textos de circulación más escasa y más restringido conocimiento: apuntes íntimos, fragmentos apenas entrevistos por el lector común, donde expresa sinceramente sus prevenciones en cuanto a la organización social y a la práctica establecida de las relaciones humanas.
Tal descubrimiento, renovado ahora por esta reunión de textos varios, nos amplía la visión del héroe, nos acerca al hombre y contribuirá, de seguro, a una nueva manera de pensar y leer a Martí, ese tan necesario, porque lo enseña hombre, un hombre de su tiempo, a cuya voluntariosa intervención en el destino de Cuba debemos tanto todos. Gracias, entonces, a Mayra Beatriz Martínez y al Centro de Estudios Martianos por este texto heterogéneo y útil, que nos confunde y ensancha, que rectifica y enciende nuevas percepciones de José Martí. Gracias también a su editora, Cecil Canetti, por invitarme a presentar hoy este libro.
Porque leer a Martí es grato siempre; pero leerlo escuchando tan inteligentes interrogantes como las propuestas por Mayra Beatriz frente a estos textos, resultará, además, “inquietante y aleccionador”, como ella misma espera y, para todos, vía para el “mejoramiento humano” que deberíamos considerar irrenunciable meta. Muchas gracias.
