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El artista como pasión y mundo. Rusia en José Martí

Caridad Atencio, 28 de septiembre de 2011

Si algún placer me ha reportado el ejercicio de la crítica, amén del goce estético que en sí produce y de ciertos reconocimientos cuyo objetivo fundamental consiste en la posibilidad de publicar un libro, ha sido el hecho de que personalidades a las que admiré mucho durante mis años de estudiante universitaria, por ser excelentes profesores, me soliciten humildemente que les presente un fruto de su pluma o que escriba sobre ellos. Tal es el caso que hoy me lleva a conformar algunas páginas sobre La cultura rusa en José Martí,1 del profesor y ensayista Luis Álvarez Álvarez, miembro de la Academia Cubana de la Lengua. Era nuestro maestro de Latín, asignatura que hacía mis delicias por comprobar con fruición la gran base que de dicha lengua pervive aún en nuestro idioma, y por aprender lo suficiente con las máximas latinas que en cada clase nos presentaba, seguidas de amplia disquisición sobre el tema. Dicha materia no fue mi azote, como para muchos estudiantes de Letras, sino que pude percatarme, en las enseñanzas de tan especial profesor, de la gran importancia de esta lengua para los estudios humanísticos. Muchos años después volvemos a coincidir por nuestra pasión martiana, en la que sobresalen varios títulos de su autoría como pueden ser la acuciosa edición crítica del poemario Polvo de alas de mariposa, su aportador estudio sobre la oratoria en Martí o su reciente investigación sobre la visión martiana de la cultura.

La cultura rusa en José Martí es un novedoso ensayo que evidencia, además de la proyección universal de la cultura martiana, que sus textos sobre arte y literatura rusos son canónicos dentro de su obra. El instinto monográfico se apodera de estas páginas donde se realiza un viaje que va de un hito de su producción ensayística: “Pushkin. Un monumento al hombre que abrió el camino de la libertad rusa” de 1880, con la explicación de sus respectivos antecedentes en la obra del escritor, hasta su capital estudio del pintor Vereschaguin, pasando por todo un extenso capítulo dedicado al estudio del tema de la Rusia zarista en la obra de Martí, que comprende los horrores de dicho régimen, el análisis de las clases sociales y el estadío de desarrollo de la sociedad rusa en sus aspectos político, social, económico y cultural. Debe afirmarse asimismo que el ensayo rastrea en toda la obra de Martí los referentes a Rusia, su cultura y sociedad, en el cual ocupa un lugar destacado el examen de  las anotaciones recogidas en sus inestimables cuadernos de apuntes sobre la temática. El libro contiene también un capítulo introductorio, donde se resume en esencia la estrategia a llevar a cabo en el estudio y los móviles últimos que impulsaron a Martí a estudiar la cultura rusa. En él se enfatiza la relación entre identidad y universalidad en la obra del cubano, y se define la búsqueda y consolidación de una identidad cultural en la literatura como la esencia de los momentos históricos que vive tanto Rusia como América Latina.

Luis Álvarez Álvarez en el capítulo titulado “El universo en un solo pecho”, dedicado al análisis del estudio sobre Pushkin, se centra en la defensa de la condición de ensayo del artículo referido, en la contextualización del mismo sin rebajar la sublimidad del texto, en el sentido estético de la obra de Martí y su preocupación por la necesaria concordancia entre artisticidad y ética, entre patriotismo y poesía. El autor igualmente se dedica a fundamentar los móviles de la actitud no sumisa del poeta a través de documentos, ya sean de su puño y letra, o de otros estudiosos que se han dedicado al tema. Por eso llega a afirmar: «Pero esa rendición —en la cual parece creer Martí en su artículo, nunca fue del todo efectiva ni verdadera—.»2

El carácter canónico del ensayo martiano está fundamentado en el tratamiento de su tema que no es otro que «el lugar que ocupa el intelectual en ciertos medios sociales, así como las agresiones de diverso orden que puede atraer cualquier intento de crítica y aún de libre albedrío en lo cognoscitivo, lo creativo y lo ético»3 y en la necesidad de una concepción ética y estética de la literatura. Este último argumento se reitera en el análisis sobre Vereschaguin: la disyuntiva ante la que se coloca el creador entre la eticidad y el arte, para encontrar en el “ávido universalismo” de Martí las causas de estas inclinaciones en torno al mundo y la cultura rusos, pues existían similitudes entre el momento histórico que vivía América latina y Rusia, dado por la necesidad urgente de libertad política y de fundar una cultura cabal, además de que «el propio afán modernista hispanoamericano tendría también, como forma de autoafirmar la propia identidad, asumir una actitud de ciudadano del mundo

El libro de Luis, además de coincidencia feliz y provechosa  de esta Feria del Libro dedicada a Rusia, es ejemplo de lucidez, agudeza y penetración, valores que caracterizan su amplia y fructífera labor ensayística.

1 Luis Álvarez Álvarez: La cultura rusa en José Martí. Editorial Ácana, Camaguey, 2010.
2 Luis Álvarez Álvarez: Ob. cit, p. 45.
3 Luis Álvarez Álvarez: Ob. cit, p. 47.