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Leonel F Maza: amo la poesía y la literatura desde lo más hondo de mi yo esencial

 Jesús Dueñas Becerra, 12 de octubre de 2011

El investigador, poeta, ensayista, crítico y periodista cultural, Leonel F. Maza González (1961), se ha entregado en cuerpo, mente y alma al cultivo de la literatura, la música, la danza y la radiodifusión. Es razón más que suficiente para invitarlo a dialogar con nuestros lectores acerca de cómo nació su pasión por las letras y las bellas artes desde que era un «pequeño príncipe» y corría por los parques y las calles de su natal Ciego de Ávila.

El también colaborador habitual de la centenaria Revista de la Biblioteca Nacional José Martí es licenciado en Historia y máster en Nuevas Tecnologías de la Educación, y además, miembro de las filiales provinciales avileñas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC).

En estos momentos, Maza se encuentra desarrollando una fructífera labor cultural en la hermana República de Ecuador, donde ha laborado en varias emisoras radiales como crítico y periodista, y específicamente como escritor y conductor de un programa de música del recuerdo que sale al aire en la Radiodifusora 9 40 de Am, de la Casa de la Ecuatoriana, en Quito, capital del hermano país andino.

También colabora con la revista latinoamericana de comunicación Chasqui, de carácter académico, mientras que, en el próximo número de esa publicación periódica, aparecerá un trabajo de su autoría sobre el lenguaje cervantino. Otra revista ecuatoriana hansolicitado artículos suyos: Diners Club Internacional, cuyo comité editorial le ha pedido indagar sobre la relación entre Jose Martí y la música.

En el mundo de la danza, ha trabajado con los directores Susana Reyes, bailarina y fundadora de la institución, y su esposo, el músico Moti Deren, de origen cubano. Desde hace tres meses está escribiendo un libro sobre la talentosa bailarina suramericana para celebrar sus cuarenta años de vida artística de la mencionada artista, así como un texto sobre doña Caridad del Río Mercader, basado en los antecedentes históricos en que se inspirara el multilaureado escritor y periodista cubano Leonardo Padura para dar a la estampa El hombre que amaba a los perros.

Sin más preámbulo, los dejo en la grata compañía de Leonel F. Maza.
 
¿Podría explicarles a los lectores cómo nació, creció y se desarrolló en su intelecto y en su espíritu la vocación por la poesía, el ensayo, la crítica artístico-literaria, la radio y el periodismo cultural, entre otras ramas del conocimiento humano que usted cultiva con amor y profesionalidad?

Desde mi infancia (evoco la década del sesenta del pasado siglo), cuando comienzo la enseñanza primaria. Era un niño que a esa edad lo leía todo y era seleccionado para leer en los actos pioneriles. Ellos decían que leía bien. José Martí fue, es y será mi autor preferido.

Más tarde conocí a la poetisa y escritora Carilda Oliver Labra, cuya obra y amistad he disfrutado al máximo. El otro grande de nuestra poesía insular fue Jesús Orta Ruiz, Premio Nacional de Literatura, quien me concedió la dicha de ser su amigo personal y estudioso de su obra.

Era tan grande, que —en reiteradas ocasiones— escuchó algunos poemas míos y con marcado interés me daba sus valoraciones y me sugería cambiar algún vocablo; esos poemas están por publicar algún día. Al Indio Naborí y a su esposa Eloína, los entrevisté en más de una ocasión. Esas entrevistas también esperan ver la luz de la publicidad, en cualquier momento.

La radio, otra de mis grandes pasiones, primero como oyente; luego incursioné en programas infantiles . Ulteriormente, esa afición quedó en el camino, hasta que me di a la tarea de escribir un libro sobre los hombres y mujeres que han hecho la radio, no solamente en Cuba. Fueron más de trescientas entrevistas en toda la geografía insular y en otras partes de Nuestra América.

Conocí y aprendí de cada uno lo mejor, ejemplos hay muchos. Recuerdo al escritor Orlando Castellanos, Premio Nacional de Periodismo José Martí, quien  me enseñó la profesión de periodista, dignificada por Félix Varela, José Martí y Ernesto Guevara de la Serna.

En la locución hay varios, en particular Franco Carbón, quien me hizo, o por lo menos, me dio las herramientas elementales para ejercerla, y mi profesor de voz y dicción fue el maestro Luis Carbonell, «acuarelista de la poesía antillana», a quien en un principio entrevisté y terminé siendo su discípulo durante tres años.

Otra figura con quien compartí muchos años del saber humano y cultural fue con el maestro Harold Gramatges, a quien le dediqué cuatro libros acerca de su persona y su influencia en la música cubana e iberoamericana, que están pendientes de publicar.
 
 ¿Qué significa para un intelectual de su talla ser colaborador sistemático de la centenaria Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, donde —según el doctor Juan Pérez de la Riva, uno de sus ilustres directores— «no puede escribir cualquiera»?
 
Haber dejado mi impronta en la Revista es un honor que llevo en mi mente y en mi alma, máxime si conocemos la talla intelectual, humana y espiritual de las personalidades de la cultura cubana y foránea que en ella publicaron —y publican— sus más atinados y profundos textos […].
 
Uno de sus géneros periodísticos preferidos es la entrevista. ¿Podría revelar los «secretos» para poder estructurar una entrevista como las realizadas a los maestros Cintio Vitier y Fernando Alonso y publicadas en las dos últimas entregas de ese emblemático medio de prensa?
 
Ante todo, realizo un estudio de quién es el personaje de mi interés, solo anoto un  puñado de preguntas a título de guía metodológica, pero nunca confecciono un cuestionario clásico. Por otra parte, debo conocer quiénes son sus enemigos, porque si es grande o se destaca en su profesión debe tenerlos, y ahí, en esa búsqueda, puede estar la otra parte de una buena entrevista.

Dejo las preguntas complicadas para el final o para cuando considere que estoy en un plano de confianza, o sea, mucho más coloquial, más íntimo.
 
De las innumerables anécdotas vivenciadas por usted, en su fructífero quehacer en el campo de la cultura y la prensa cubanas, ¿podría relatar alguna que haya dejado una huella indeleble, tanto en su archivo mnémico como en el componente espiritual de su inconsciente freudiano?

Son tantas. Recuerdo que hace más de quince años, le solicité a la vedette Rosita Fornés una entrevista. Ella me dijo que sí, pero que fuera  diferente, pero ¿qué cosa es que sea diferente?, me preguntaba yo. El día acordado llegué dispuesto a conocer a la mujer y a la artista que el público ha colocado durante años en la cima de  la cultura cubana.

Cuando ella me preguntó: « ¿déjame ver el cuestionario?», le dije no lo tengo. « ¿Y, entonces, de qué vamos a hablar»?, inquirió. Solo una pequeña pregunta: ¿Usted, no es cubana? Ahí la Fornés  plantó bandera y terminamos hablando de los frijoles, de las viandas y de su edad.

La otra me tomó casi cinco años: entrevistar a Carilda Oliver Labra para un libro sobre su vida y su obra,  texto rico en detalles aportados por la Premio Nacional de Literatura 1997.

El doctor Gustavo Robreño, un vacilón cubano; la maestra Isolina Carrillo: el revólver en el piano; don Oscar Luis López: el eterno  joven; el profesor, doctor José López Sánchez, de quien conocí historias que aún están por divulgarse; el general Arnaldo Tamayo: un guantanamero en el cosmos; así como el escritor y periodista Enrique Núñez Rodríguez, Premio Nacional de Humorismo: quemado en La Habana... Amigo, son cientos de entrevistas las que aguardan por verse en papel impreso y rendir sentido homenaje a aquellos que un día confiaron en mí.
 
¿Qué les recomendaría a los «pinos nuevos» que dan sus primeros pasos en el cultivo de la poesía y la literatura, así como en el ejercicio del periodismo; disciplinas donde usted se desenvuelve como pez en el agua?
  
En primer término, ser honesto y profundo en lo que uno investiga, no confiarse nunca en una sola fuente, estudiar siempre a los grandes poetas, escritores y pensadores, pero no para copiarlos, sino para poder tener un basamento en el que alimentar la sed de conocimientos de cada uno(a) de ellos(as).

Foto: cortesía del entrevistado