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Joaquín G. Santana, entre la poesía y la narrativa

Leonardo Depestre Catony, 07 de octubre de 2011

Conocí a Joaquín G. Santana, admiré en él su laboriosidad impenitente y el afán de ser cada día un escritor más completo. Creo que esa voluntad lo acompañó toda la vida, de ahí, que su huella pueda rastrearse en diversos medios y géneros. Fue un excelente prosista, con dominio de las técnicas narrativas, pero si se le dejaba escoger, su vocación fue siempre la de poeta.

Santana nació el 19 de octubre de 1938, en La Habana, donde realizó sus estudios, y esa «G» a continuación del nombre, un tanto misteriosa, correspondió a su primer apellido, González. Ya dijimos que fue poeta y narrador, biógrafo, además de periodista muy activo, escritor para la radio y un hombre, cuya presencia en cualquiera de los medios de difusión en  algún modo, nos resultó extraña.

Desde joven se incorporó a la lucha clandestina contra el régimen de Fulgencio Batista. Al triunfo de la Revolución ocupó la responsabilidad de jefe de Asuntos Culturales  dentro de la Agencia Latinoamericana de Noticias Prensa latina y fue ciertamente la cultura uno de sus temas preferidos de trabajo. Dirigió el semanario Palante,  y Ediciones Unión, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba; además laboró en la Editorial de Ciencias Sociales, del Instituto Cubano del Libro.

Muy cercano al Poeta Nacional, Nicolás Guillén, lo acompañó en numerosos viajes al exterior. Entretanto, escribió mucho, nunca dejó de hacerlo. Y publicó, entre otros, los siguientes libros: Interior, 1960; Poemas en Santiago, 1962; La balada de la calle Racoczi, 1981; las novelas Nocturno de la bestia, 1978 y Recuerdos de la calle Magnolia, 1980. Súmense las biografías Furia y fuego en Manuel Navarro Luna, 1975, y Félix Varela, 1980.

Más recientemente, la relación de los libros escritos por Joaquín G. Santana se engrosó con A favor del aire, 1983; El joven Guillén, 1987; Son de la loma, 1987; Nicolás Guillén, juglar americano, 1989; La revancha de Villa Cumbancha, 1997; Good bye, Filadelfia, 1997; Las noches del insomnio, 1998; Nocturno de la haitiana, 1999, entre otros.

La poesía, y también la narrativa, de Santana, guardan el encanto de la sencillez, reflejan el hecho cotidiano, tienen la fuerza de la comunicación que se consigue solo con la limpieza del estilo. La cubanidad se exalta de manera poética, como en los versos de «Un pájaro celeste», tomado del cuaderno de A favor del aire:

Salta la luz y me ilumina el pecho.
Baja del monte el agua tibia y clara.
Viene el verano a calentar el alma.
Panal y rica miel, triunfo del aire.
¡Qué poderosa patria arde en el tiempo,
de playa en playa y de sierra en sierra,
laboriosa y sensual como la abeja!
La lluvia en el cristal.
Mi corazón se rinde a su belleza.
Es un puente tendido entre jardines.
Vuela en lo alto un pájaro celeste.

Traducido a varios idiomas, antologada su poesía en Cuba y en el extranjero, jurado de concursos, representante ante eventos internacionales: he ahí, en síntesis, el quehacer de Joaquín G. Santana, el mismo que tal vez usted escuchaba por las ondas internacionales de Radio Habana Cuba, o cuyo libro tomó en préstamo de una biblioteca.

El escritor murió en La Habana el 21 de diciembre de 2007, a la edad de 69 años. Queda su obra, que muy encomiásticamente  recomendamos a nuestros lectores.