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Domingo Alfonso: conversación desde la belleza de lo coloquial

Kaly Smith Llanes, 19 de octubre de 2011

La vida en su accionar diario nos hace olvidar la belleza de disfrutarla. Vivir cada momento —sea este feliz o no— nos permite ganar experiencias y acumularlas para intentar llegar a esa sabiduría del saber obrar. La poesía es medio fundamental para alcanzar estos objetivos de toda persona. Mas, si la poesía recibe y entrega la cotidianidad que nos rodea es más bienvenida.

Uno de los poetas cubanos que mejor nos ayuda a encontrar el misterio del día a día es Domingo Alfonso. Representante de la denominada Generación del 50, su poesía conversacional deviene mapa para el hombre. Sus libros —entre los que destacan Poemas del hombre común (1964), Libro de buen humor (1979), Antología casi al final & En la ciudad (2002) y El libro principal & Un transeúnte cualquiera (2008)— demuestran el delicado cincel para trabajar con la espontaneidad. Olvidado por nuestra crítica que, aunque ha elogiado su obra, nunca le ha entregado un muy merecido reconocimiento cultural más allá de las palabras, el Instituto Cubano Libro (ICL) le dedicará el espacio El Autor y su Obra, como sencillo homenaje a ese arquitecto de las palabras. 

Sobre la poesía cubana y su próxima presencia en El Autor y su Obra compartió con Cubaliteraria sus consideraciones.

¿Sigue teniendo el coloquialismo la capacidad de expresión lírica en las circunstancias actuales de nuestro país?
 
El coloquialismo en nuestra lengua tiene lejanos antecedentes. De la época de los hermanos Argensola (1) es aquel soneto de Lupercio Leonardo que comienza con el verso “Yo os quiero confesar, don Juan primero” (2). Aquí el lenguaje coloquial raya a gran altura.

En nuestra Isla tenemos los antecedentes de José Jacinto Milanés (3) y sus “domésticas tejas”, así como varias de sus alusiones al cotidiano de su época donde, con suma fineza, se adelantó muchos años a sus contemporáneos (4). Eugenio Florit (5), uno de nuestros grandes poetas, nos ha dejado Asonante final y otros poemas, donde escribió con lenguaje conversacional uno de nuestros mayores poemas. 

Los mejores poetas de la Generación de los años 50, al intentar traer la vida presente al reino de nuestra poesía, tuvieron aciertos en el intento de modernizar y actualizar el lenguaje poético con giros del habla y la circunstancia de las personas de estos tiempos. Puedo citar a Roberto Fernández Retamar, Rafael Alcides Pérez, Raúl Luis, Luis Suardíaz, Manuel Díaz Martínez, yo mismo (6) y no quiero olvidar a un poeta (Iván Gerardo Campanioni), quien no por ignorado resulta menos notable. Tengo por catecismo las palabras del gran poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade (7):

El tiempo es mi materia, el tiempo presente,
los hombres de ahora,
la vida presente.

Mucha gente abusó del tema y un sinfín de malos poetas convirtieron el coloquialismo en algo menos que retórica, en una repetición monocorde al olvidar el talento, el lirismo, la imaginación y la magia; junto con el sentimiento, la concisión y la elegancia que siempre necesitará la poesía para lograr hondura y vuelo al mismo tiempo.

Si existe todo eso en las manos, el cerebro y el corazón de quien escribe, el conversacionalismo pudiera alcanzar nuevos acentos.

Para usted, al que se le considera “parte inseparable de la historia de la poesía cubana”, ¿cómo valora la salud de la poesía cubana actual?

Recientemente he leído un cuaderno, La Isla en versos, donde aparecen textos de cien nuevos poetas. Sin que yo pueda dar la opinión definitiva, ni la más autorizada, (ya que se conoce, no soy estrictamente un  hombre de letras) puedo decirte que siempre he admirado el despuntar de jóvenes poetas, de mucha fuerza, que nos deslumbran con un mundo nuevo. He actuado como jurado en premios de distinta índole y me han sorprendido las poéticas de autores que hoy día son notables. Desde Víctor Rodríguez Núñez —a quien dimos en 1980 el Premio David, Norberto Codina, el dolorosamente fallecido Eliseo Alberto y yo— hasta el año pasado donde me tocó premiar a Oscar Cruz, he disfrutado con mucha alegría el despertar de nuevos poetas que brillan bien alto.

Caridad Atencio refería, en una ocasión, que no son los premios sino los hechos cotidianos quienes validan su obra: muchos recitan sus poemas de memoria y a otros les han servido para entender la alegría de vivir. Sin embargo, ¿qué significa para usted el próximo homenaje que se le realizará en El autor y su Obra?

Estando yo en la Sierra Maestra, hace unos años, durante el Festival de Poesía de Pilón encontré a una persona del lugar con quien hablábamos, el cual conocía y gustaba de mis poemas.

Un poeta de Manzanillo me confesó que tenía mi cuaderno Poemas del hombre común como libro de cabecera. Cuando hace unos años el ICL editó mi último libro El libro principal & Un transeúnte cualquiera, un arquitecto, colega mío, me dijo lo mismo.

Al publicarse por Alas CUBA mis poemas en Internet, mi poesía se ha difundido fuera de nuestras fronteras, más allá de mi mejor imaginación.

Hace unos meses, un amigo poeta rescató del latón de basura un ejemplar de mi primera antología poética, publicada en 1987: Esta aventura de vivir.

Mas, por otra parte, una mujer a quien regalé uno de mis libros, le escribió a Roberto Fernández Retamar quejándose por este hecho. (Sus “argumentos” fueron rechazados amable, pero firmemente, por RFR en una carta que conservo).

Alguien me dijo que una vez, en una de las ediciones de estos premios, un libro mío fue criticado (y al parecer con éxito) por cierto miembro del jurado, molesto porque la palabra "nalgas" aparecía varias veces. Fayad Jamís, hablando conmigo en la esquina de Tte. Rey y Compostela, en la última conversación que sostuvimos (mientras él preparaba su exposición “Fayad sí tiene quien le escriba”), que en la desaparecida Unión Soviética, el traductor Pavel Gruskov, muy amigo de Cuba, se encontró con un obstáculo parecido al intentar publicar, durante aquellos oscuros años, mi poema “Después del amor”.

En poesía nunca he obtenido ni el Premio de la Crítica, ni alguna otra mención o reconocimiento; en otros ámbitos sí he recibido medallas y distinciones. De modo que cuando la presidenta del ICL, Zuleica Romay, me avisó que dedicarían el Autor y su Obra del mes de octubre de este año a mi persona y escritos, recibí una agradable sorpresa.

Referencias:

(1) Bartolomé (1562-1631) y Lupercio Leonardo de Argensola (1559-1613).

(2) Autor de ese soneto que concluye:

Porque ese cielo azul que todos vemos
Ni es cielo, ni es azul, ¡lástima grande
que no sea verdad tanta belleza!

3) José Jacinto Milanés nació en Matanzas el 16 de agosto de 1814. Murió el 4 de noviembre de 1863.

(4) Dos estrofas de «Vagos paseos», de José Jacinto Milanés:

Ver aquel cuadro que arroba
con objetos hechiceros
los dos sencillos floreros
en la mesa de caoba:

El espejo al clavo asido:
el mecedor barnizado,
donde el faldero mimado
se hace una rosca dormido.

(5) Eugenio Florit (Madrid, 1903-Miami, 1999) escribe en «Asonante final»:

Ahora comprendo qué,
ahora comprendo cuándo,
ahora comprendo cómo,
ahora comprendo tanto.
Ahora sé que tenía
el pañuelo mojado
por el verso indecible
que le salía en llanto.

(6) La llamada Generación de los Años 50 debe su nombre a un libro publicado en 1985 por el ICL con prólogo de Eduardo López Morales y la selección de los poemas por Luis Suardíaz y David Fernández Chericián. Agrupa a 29 poetas, de muy diverso registro, nacidos entre 1928 (Carilda Oliver Labra) y 1940 (DFCh), que comenzaron a publicar en la década de 1950.

(7) El gran poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade nació en Minas Gerais en 1902. Murió en 1987.