Apariencias |
  en  
Hoy es viernes, 6 de diciembre de 2019; 7:53 AM | Actualizado: 04 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 312 | ver otros artículos en esta sección »
Página

La poesía de Ismael González Castañer: ¿Cultura, coloquialismo o marginalidad?

Caridad Atencio, 17 de octubre de 2011

La poesía de Ismael González Castañer (La Habana, 1961), inaugura una nueva época en relación al ascenso de elementos del habla popular al lenguaje poético con una gran carga de metaforización, ambigüedad y elipsis que ha venido a sumarse al cambio de norma ocurrido en la poesía cubana en la década de 1990.

González Castañer, con la publicación de su primer libro Mercados verdaderos (Ediciones Unión, Premio David 1997), viene a cumplir el rótulo aquel de la voluntad de la suerte o la suerte de la voluntad. Muy distendida la víspera editorial para el autor, no ha evitado —pese a algunos epígonos secretos que le han nacido— la conmoción de la familia poética insular.

El poeta integra el sentido común en una sensibilidad inusual, al tiempo que recurre desde la ingenuidad en “la mirada de la memoria” y en “la concienzuda inconsistencia”. Con sabiduría coloca el azar de bruces contra los sistemas. Va, de la mirada ingenua a la contemplación forzosa, y de ahí, al hierático desdén. En el sustento, cifradas frutaciones. Y tu orgullo es tu orgullo porque no es importante. Humilde y objetivo está el desdén.

¿Pueden fundirse ironía e ingenuidad? Ismael, al recorrer el tramo de lo irónico a lo impersonal, consolida el pensamiento por el hecho, y sólo al describir cifra la sensibilidad. Con cinismo, pisar el descalabro. Con tino, degustarlo. Con paciencia, intuirlo. «La tibieza del gesto impenitente del escriba apura su obsesión contra los aires».

Descabezar, con lo común, libertades ególatras, ponzoñas económicas. En prisma congelado se contempla al mezquino. Al traspasar el libro nos hallamos allí, en los espacios del intercambio puro. Ismael, al zigzaguear, se acomoda a un estigma, a un punto fijo: lo que atrae le distiende. En la urdimbre textual resaltan las elipsis y los agenciamientos, la dosis de entramados ajenos y la sabia ubicación de su identidad.

¿Experimento?

Escritura inusual, que seduce hasta en los títulos, que se fecunda de una metáfora coloquial, sabiamente hilvanada, situada allí donde rompa el sistema. En ciertos casos aparece la anarquía sintáctica: el poeta adjetiva sustantivando, crea adverbios con sustantivos, resemantiza palabras o las inventa, dotándolas de cierto halo imprescindible. En varios casos el desgarramiento se troquela con humor.

“El poema… se afirma en el borde de sí mismo; se llama y busca incesantemente para poder mantenerse suspendido entre su “ya-no-más” y su “todavía. El poeta como sustrato ético no cataliza el bien. Es un inquisidor que se contesta. No conecta su cuerpo con la aureola.

Percibe vallas en el entramado social: la filosofía popular es igual al juicio, el juicio a la costumbre, la costumbre a la aspiración y esta se limita al submundo económico. Así se convierte en metáfora el traspié, el giro oblicuo en la ciudad, la celada. El discurso no atraviesa la metafísica. La alcanza.

Sólo el arco del signo mediatiza al argot. La abstracción se posee por inmersión a fondo  — elíptica— en lo concreto. El artífice en la fijeza del juicio se debate:

El mercader que (se) es barajando el engaño muerde el fardo económico. El mercader que mata o intenta matar al artesano.
El citadino que sale a degustar sin franjas. A degustar —incluso la cierta compañía— No a apropiarse de nada.

En fin, la trascendencia dentro del tránsito económico. Ismael entreteje el refrán, un nuevo refrán poético. Y dice: «Yo soy la imagen de la imagen. Yo invierto. Yo reboto hacia mí —conciencia de los estados dobles— Creaba porque juego, y en eso creo así, sin protegerme».

Inusual es también en estas páginas la conciencia del eros. El amor cobra su parte en las emanaciones —algo que pasa y va de viento a una atmósfera— El amor es una iluminación. Quien escribe estas líneas recomienda dos textos rotundos: “El de las amigas”, por alcanzar singularidad al conectarse a la tradición, y “Régimen de Asturias”, donde la escritura, además de ser fuerte y pertinaz, es de sello escobareano.

El poeta en su función de ciudadano, el ciudadano en su función de poeta se aplica a su verdad, le oprime sus aristas mezquinas: «—predecir lo real es enquistarse—/ traspasar una franja ‘aunque uno inconscientemente se ha dejado controlar’/».

Confesiones del libro. Por lo pronto se dice sí a la contaminación. El citadino a salvo traspasa merodeando con todo. Se salva al discernir. Siempre pensé estudiar y organizar algo sobre La misión1, pero hubo dos incidentes, dos comentarios que me llevaron a leerlo de inmediato: un lector, por cierto, poeta, me decía: «Ismael bien pudo escribir los dos libros y agruparlos bajo el nombre de Mercados verdaderos. Creo que se repite». Otro lector, también del gremio y algo mayor que nosotros, apuntaba: «(...) hay demasiada experimentación en esa literatura, demasiado rompimiento».

Examino el texto-pórtico donde asistimos a una señal de teatralización: «A la Persona del discurso (no al autor) le encomiendan ser feliz, pero nadie le advierte ¡lo tremendo! que será».2 El autor se entiende y se desentiende con duda. ¿Es inevitable su intromisión sin elan? La nota de contracubierta, “inspirada” seguramente en este pórtico, delata demasiado el contenido del poemario y le quita intensidad y misterio a este enunciado bien concebido, pruebas del papel activo que el editor y otros afines involucrados deben jugar en el éxito de la propuesta literaria. Por lo pronto, después de haber estudiado sus dos libros: Mercados verdaderos (Ediciones Unión, 1997) y el que aquí se comenta: La misión (Editorial Letras Cubanas, 2005), hay dos elementos que en mi opinión se amplifican: recurrir a la concienzuda inconsistencia, hincar –extraer– el hondo pensamiento del momento más trivial que nos recorre, y el hecho de que la abstracción se posee por inmersión —elíptica— en lo concreto. Creo que, contrario a otros escritores, el discurso se ha vuelto más compacto o quizá más metafórico. Ha pronunciado el gesto experimental del primer cuaderno sin temor y con logros. Y vamos a uno de los centros dimanadores de la poesía de Ismael: al asunto de la ruptura del sistema que muchas veces se materializa mediante la elipsis. Nos entrega sucesos de base común clandestina, fragmentos de sabiduría popular que enhebra con tensión distendida o tensión hedonista. El fluir de los extremos ampara la propuesta del texto: detención, punto muerto, parálisis ocasionan todos los intentos. Una amiga crítica lo ha calificado de “delirante” Y lo es en todo sentido. Con posibilidad de ascenso en cuanto a lo literario se refiere. Es una psiquis que va por el delirio, el encanto. Se perfila el delirio, y uno que trashuma a ética. El escritor es él en esos momentos de abstracción, magia, suspensión:

Entonces, a la vista de todos, por un instante, el Puente
Incalculado, hermoso, que no podía ser...
[...]
No estaba precisamente apoyado en el agua y el
extremo superior se perdía un tanto entre las nubes;
 pero los más cercanos habían comenzado ya el ascenso
—la valiente ascensión— sin que pareciera haber peligro. (p. 17)3

Conceptuar el delirio o testificarlo y hacerlo a partir de los axiomas cotidianos. Así logra el escamoteo de lo que particulariza o fija el significado sobre el significante. Me seduce en este libro lo que dice por cómo lo logra, y hacia ahí se encamina mi develamiento. La originalidad del mismo debe no poco a sus metáforas, recurso principal en el imaginario ismaeliano, que son en su mayoría táctiles, tangibles, hechos o momentos de la vida que el poeta escoge, aísla, trascendentaliza. Acciones reales directas que pueden ser, que son cargados de simbolismo:

«No pudisteis leer en las sombras»,
concluía una Voz
                            colocada por encima;
una
           que no necesita moral...

Es verdad —respondí /pero puse primero
la maleta de tela
                             a mojarse con lluvia,
polvorearla después, cepillar...4

El autor logra la opacidad por metáforas que se conectan por debajo con el cuerpo del poema, de ahí el ¿aparente? contraste y la íntima complementariedad. El punto justo es la ambigüedad, parece decirnos el escritor. Allí donde la mente se detiene entre varias incertidumbres (Djuna Barnes). Verbigracia: el poeta avanza mediante imágenes. También encontramos las metáforas totalizadoras —con las que gusta a veces terminar un texto— que a su vez constituyen, en sí mismas, otra ruptura del sistema:

Y si  vuelvo o me detengo en algo parecido a un Cenit
recuerdo
                     cómo pensé en Ella conmigo clavando
                                            «con el envés del hacha»
 las estacas de un Camp un campamento.5

Al quedar el texto con tales tropos en una especie de tensión–distensión, el lector arma su tejido por debajo y conecta esta especie de medallón de una acción potencial —y cotidiana— con el discurso anterior en el que hay, al menos, tres niveles o rupturas del sistema, construidos con hechos cotidianos muy bien, por decirlo de algún modo, podados y tallados para figurar allí sobre la hoja inquietante de un poema de desamor. Estos tropos son enunciados como no queriendo decir, con pretendida inocencia esos infinitos que ciegan:

Y entonces, caminando levemente hacia el regreso
están unas listas de la gente sobre el mar
en diversas balsas / barcazas,
y unas muchachas en un barco griego
hasta el Peloponeso.6

Paradójicamente con la novedad o con el difícil acceso de las metáforas el discurso avanzará, se ensanchará. Entonces los temas pueden ser todos y ninguno. La misión puede ser la agonía meditada o la meditación, responsabilidad insustituible del que crea. Experimentar para hacer ver. Pero también cuando hay un dominio de lo que se dice, cualquier tema puede circundarse, incluso los insulsos pueden darte la sensación de recibir algo lleno.7  Con frecuencia se echa mano a la frase coloquial y se la coloca en sitios estratégicos donde desata líneas de fulgor o  extrañamientos que coadyuvan a la ruptura. A veces son axiomas de corte analógico o alegórico. Fijémonos en estos versos donde se nos viene hablando de nuestra Lengua como el obstáculo al cual el misionero–poeta debe enfrentarse, e introduce dicho axioma, que, si no leemos bien, pudiera ser visto como un delirio más del “delirante”, sin conexión evidente, donde se compara a la Lengua con la luna, y a sus hablantes–gestantes con las estrellas:

Ahora que podría ir alguna Otra
incluso: La Montaña, lenta, me desplaza...
pero en cuanto a casas
              que en su manzana formaran, un área
donde sin quererlo sus lugareños
                  por ejemplo se encontraran
en el límite de Su Propiedad
«Tontos que fuimos: Dejamos / débiles / la casa»
qué
¡si la luna no es así; estrellas, ninguna
de manera que no puedes argüir, siquiera
«Hechas / de noche»
Mira como todavía miran sin saber cómo enterarse.
Y podían enterarse bien!

Otra manera de arribar a la metáfora. Para el logro de lo singular, para el escamoteo de lo que particulariza, utiliza variedad de recursos. Uno de  ellos la manipulación del absurdo. Son poemas que tienen un centro de emanación y unos diques de ajenidad que contradictoriamente complementan dicho centro, o que contienen finales que no son finales, que quedan en un anticlímax en un éxtasis de tensión:

«No hay ideas frescas»
                                              Solamente el mover
        de las mujeres diversas en el filo
                     [...]

       Y si en el PARK ya ves
                                            a unos hijos abrazados,
a otro con su mente solo, y también ves colectivos
es que la vida
                       palpitando ciega
                                                    pudo ser verde
e incluso, puede saludarte
Pero: nada quitará la sensación
Aquí están esos muebles que la dan
Como en los pálidos trompos
Y las figuras planas largas blancas.8

A veces los finales son como una amplificación del enunciado del principio, solo con sutiles, perspicaces precisiones.9 El ascenso de la opacidad en ocasiones se consigue a través de la secuencia de elementos de la vida diaria en oposición o acumulación. ¿Se consigue una búsqueda o exploración de la pureza como cliché literario?10 Las rupturas del sistema conducen a un descentramiento o fragmentación del tema, o a la concepción del poema como una boutade, o una progresión que termina en una boutade. Así elipsis y ruptura marcan el tempo del texto. Aunque él —la persona del discurso o quizá el mismo autor— nos confiesa algo de su poética: “Bueno: No sigo en asociaciones, y el mundo gira/ giran las campanas”.11 Y muchas veces el artista se convierte irreversiblemente en su obra, o el paratexto se encuentra en el texto. Véase el enunciado “Entrevista” donde encontramos la explicación de por qué usa neologismos y de que es para él la poesía.12

Dejo para el final el asunto del instinto racial en el poemario. El mismo ya se había intuido en su entrega anterior. Todo empieza —diría yo— por el asomo de la sensualidad en intelectualizados detalles, y, en cuanto a sexo, la pulsión hacia lo prohibido.13 Así emana, a través de elementos complementarios, que el enunciador no es una persona blanca, porque varias veces ejemplifica con el imaginario blanco que no es el suyo14, porque enfatiza que existen seres de cualquier color y ocasiones para los de cualquier color. En tal sentido no demora en mostrar la tentación secreta que, según él, el hombre negro ofrece a las mujeres blancas:

Hoy es día de algo abierto y veo bandas jóvenes contrarias
Hembra y varón.
Un olor a ropa nueva e imitada
Peinados imitados, goces.
Pero sobre todo mucho ras,
Mucha superficie hundiendo.
Yo mismo llevo «weres», uno carmelita.
Luzco bien, logro impresionarlas.
Ellas son blancas, bajan la cabeza
Como si estuvieran apenadas con sus madres
A las que hace un momento
Desearon mal
(algo, no mucho).

(p. 27)

Esta idea bien puede ser un antecedente de lo que  nos espera en ese texto seriado y polémico que es “No invitadas” donde se evidencia la semantización de las partes con sus respectivos exergos —poema que repite sus estrofas con diferentes lemas—. ¿Estos lemas ayudan a comprender el mensaje cada vez, que es sólo en relación con ellos? Aquí ya se nos habla a las claras de la pulsión que experimenta la “persona del discurso” hacia las mujeres blancas. ¿Esta pulsión hacia las blancas la justifican, la motivan estos lemas en el cuerpo del discurso? ¿Habla de la tentación que significan las mujeres blancas para el hombre negro, como una especie de fetiche? ¿Y de la incapacidad de las mujeres negras de comprender esta pulsión? Todas estas interrogantes sólo me sugieren una respuesta: el hablante lírico está atrapado, es íntimo partícipe de los conflictos que narra con la misma ingenuidad que cuenta o nos da parte de sus dotes angélicas.

Resumiendo los elementos a través de los cuales el poeta alcanza más bien lo coloquial en particular simbiosis con otros aspectos de matiz culturológico resaltan:

  • La creación de metáforas a partir de nombres que designan descubrimientos tecnológicos, con el mismo recurso que son creados por el pueblo: analogías por función.
  • Lo nuevo es creado a partir de una ardua combinación de lenguaje coloquial y elipsis. Se coloca el vocablo del habla popular sin transiciones entre la idea poética elíptica y la frase abiertamente coloquial.
  • La presencia de referentes musicales que han ayudado a formar la peculiar ‘filosofía’ del autor.
  • Procesos de semantización y resemantización de las palabras.
  • La utilización de vocablos extranjeros dotados de una peculiar sonoridad.
  • Introducción de la nota absurda con referencias a hechos muy concretos en espacios llenos de anhelo de absolutos:

Y cito:

[…]
la mayoría yo creo
                             que en definitiva
                                            lo que quiere es vivir
“Siempre quisimos vivir/ Todos queremos”
y se arrepienten.
Las trabajadoras en particular
                          sueñan que en las tardes
pueden montar bycicles/ biciclos
Y se arrepienten.

Ciertas aliteraciones dan un son al enunciado, así como algunas reiteraciones, en lo que pudiera estar la huella guilleniana de la que habla el ensayista Walfrido Dorta, una reescritura a nivel gestual. Y si a eso agregas palabras que suenan populares, pero que son casi completa invención del autor quedan fragmentos como este:

Entonces (porque solo fue “entonces”)
Alemanes, españoles /italianos y franceses
Comenzaron a llorar. Era una lloradera lita,
Que no tenía bruces /cruces, y menos cobalese
(que no sé qué puede ser, hablando sinceramente.

Mercados verdaderos, p. 61.

***

Y parece que era cierto porque comenzó llover
Pero las personas, iban ya montadas.
Comencé a ducharme (una de las cosas que hago bien)
Pero las mujeres, realmente, eran muy cansadas

“Novio antes de España”
La misión, p. 25.

  • La presencia del diálogo y el tono impredecible de la conversación llena al mismo tiempo de misterio y accesibilidad, el discurso del poeta.
  • Debemos reparar que el poema “novela” es cantado–leído por su creador en forma de rap.
  • Asistimos aquí a la mezcla perfecta de elipsis y ambigüedad repuntadas con frases coloquiales.

Un misionero que fracasa, un delirante que progresa, un rupturista que se conecta sólo secretamente con la tradición, un discurso que se repite como juego: «(...) verdad y mentira, a la vez/responsabilidad y no–responsabilidad»15, pero llegando a los intersticios de la retórica poética con mucho pie y con mucha calma, eso es lo que teníamos en este libro. Tenían razón sus primeros azarosos comentadores, pero no descubrieron que el mensaje había cambiado de destino.

 

Notas

1 Ismael González Castañer, La misión, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2005.
2  Ob. Cit., p. 7.
3  Esto recuerda el absoluto nervaliano: “Estaba en una torre tan profunda del lado de la tierra, y tan alta del lado del cielo, que toda mi existencia debía resumirse en subir y bajar.”, Aurelia (El sueño y la vida), Editorial Novaro, México, 1950, p. 140.
4  “Tres o Cuatro”. El destaque es mío, p. 43.
5  Poema “Lontananza”, p. 46.
6  Ver poema “Una parte significativa de la Historia”, p. 61. “Cansado ya del cítrico en las manos me las voy a lavar”. (Metáfora total, final del poema “Reino”) Véase cómo se va del símil a la metáfora total final y también curiosamente a la de corte analógico o alegórico en el poema “Novela”:

 “Llega una canción / y me siento posesor /de unos cuadros blancos:
Y después muy solo como algunos perros. Como algunos
perros   
               a los que por cierto
                no le faltan unos huesos / Unos huesos enterrados por doquier”, p. 30.

7  Véanse los poemas “Hoy es día de algo abierto” y “En verano”.
8 “Raya”, p. 31.
9  Véase el poema “Siempre existe una canción”, p. 32.

10  “Cuando bastante contentos
                                          y satisfechos              
                                                            salimos y vimos,
sólo tuve que pensar que sólo quedan
                                   caminos frente al Viento
(ignoto como es, y tan trebundo).

“40 días”, p 36.

11  Poema “Círculo”, p. 14. Existen algunas líneas que sombreo para mí como una obsesión específica: “Quiero destruirme sin imitación”, “¿Por qué no sale música del piano que no sé tocar?, “Lo primero pensado y creído era el sólo raquídeo”, “No existe forma ¿no te has fijado? de controlar al que actúa y al que especta.” Qué curiosamente encierran elementos claves de la poética del libro.
12  En Mercados verdaderos hace algo de esto también. Es evidente el diálogo con el poemario anterior. Léanse estos  versos del libro que comentamos: “Al final, sin embargo, nunca veo la Imagen: /Una casa es mayor que cualquier inventiva finalmente”. ”Tres o cuatro” ,p. 43. Recordar el poema “Casa mayor que la imagen”, de Mercados verdaderos, p. 20.
13  Existe también un instinto, un interés por la mujer, las mujeres como personajes fuertes, enigmáticos, curiosos, trágicos, independientes.

14  “Hay unos hombres que ellos mismos construyen sus casas.
Los adornos, y los materiales, fueron conseguidos
Al modo furtivo
                             Y a la manera subterfugiada, mi Amor.
Mi Amor, la manera de Aquí.
También, uno mira «quel Blanco» la termina más amplia
Y menos laica
Como en los grandes tiempos que han sido para Ellos.

“Esperando las 10: 00”, p. 45.

“Y contestaste con la hipocresía
de la Revolucionaria blanca
                                              ante la Revolucionaria negra
: «la Blanca»
                          atenta y fruncida
                                                      pero jamás convencida
frente al RELATO.

“Nunca fuiste a una fiesta con nosotros”, p. 53.    

15  “Primeros conceptos”, Mercados verdaderos, Editorial Unión, La Habana, 1997, p. 11.