En el limbo con María Elena Llana

«Estar en el limbo» es una de esas expresiones que durante años los hablantes hemos utilizado acertadamente en cuanto a su significación, pero sin saber con exactitud acerca de lo que es, o representa, estar «en él», ni dónde se encuentra dentro del conjunto de lo imaginario, de lo filosófico o de lo espiritual. Con En el limbo, de María Elena Llana, lo sabemos.
En este cuaderno, la autora despliega una imaginación desbordante, erudita y humorística, que invita a la reflexión. Son historias breves, algunas brevísimas, por las cuales desfilan personajes de la historia, en que se mezclan la crítica inteligente y la irreverencia simpática.
Con sumo oficio, la escritora cienfueguera incorpora este volumen de la Editorial Letras Cubanas (2009) a su catálogo bibliográfico ya abundante y acerca del cual este escribidor no es la primera vez que comenta. Porque si algo se palpa en el estilo de María Elena LLana —amén del oficio citado— es el disfrute que le aporta entresacar historias, aderezarlas y ofrecerlas con la aparente sencillez de la receta fácil y la pericia del más celebrado gourmet, sin pretensiones de rebuscamiento ni ánimos de sofocar al lector con un ejercicio mental del cual emerja exhausto.
Es Llana quien revela sus intenciones en las páginas que presenta como «un cierto preámbulo»:
… Descalificado el Infierno y dado el alto costo del boleto para llegar al Paraíso, dejo suelto por los pagos del Limbo a este caprichoso haz de figuras que a lo largo de mis lecturas me han hablado al oído y sugerido otras vertientes de sí mismas. Y con quienes me gustaría reunirme alguna vez, aunque sin prisa.1
El limbo puede ser un lugar de espacio ilimitado, de dúctiles contornos, donde hallaremos variedad de personajes. Lo puebla la fantasía de lo que pudo ser y no fue, o de lo que fue y no debió ser. Tiene del ayer y de hoy, o del ayer de hoy, lo cual sería más exacto. De ahí su interés, acrecentado por la luz de un limbo donde se debaten las siluetas de una colección de tipos en los que el drama, tintado en melodrama, fue parte de la existencia. Pero que, a fin de cuentas, no dejan de ser tan imperfectos como nosotros.
Acerca de las imbricaciones de la vida, de esa madeja de sucesos del ayer —la historia— que nos acompaña hoy, conscientes o no, véase este fragmento en que aparece un personaje muy antiguo y otro casi de nuestros días:
Una tarde, cuando Chaplin habla del obrero automatizado de los tiempos modernos, el Hijo del Cielo [alude al emperador chino Qin Shi Huang-ti] lo interrumpe levantando el dedo con la misma autoridad con que debió ordenar desollamientos masivos. Se hace el silencio y todos se vuelven hacia él, un poco inquietos. Pero Su Majestad sonríe y hace una cortés inclinación de cabeza.
_ Honorable señor Chaplin se inspiró en mi humilde obra— dice.
Entonces, como en una ensoñación, se refiere a La Gran Muralla…2
En apenas 100 páginas se reúnen casi 50 relatos. Con economía de palabras, presencia de diálogos (algo que parece ya perderse en la narrativa actual) y despliegue de imaginación, En el limbo resulta una lectura sumamente amena, que refresca, instruye y sensibiliza por cuanto aporta al nutrimento espiritual.
El libro destaca además por su diseño de cubierta —a cargo de José Luis Cadavieco— tan sugerente como el limbo mismo, expresado en un tono que se desvanece, con figuras desdibujadas y siluetas perdidas entre tinieblas de un verde decadente.
En el limbo se puede leer y releer. La primera vez por el mero gusto de la prosa viva, ligera; la segunda, por tratarse de una colección de cuentos que estimula el pensamiento. Algo que siempre se agradece.
1 María Elena Llana: En el limbo, Editorial Letras Cubanas, 2009, p.6.
2 María Elena Llana: “Cinetertulias” en Ob. Cit., p. 40.