Unión, revista de literatura y arte
La más reciente edición de Unión, correspondiente al segundo semestre del año en curso, posee como criterio editorial mantener la vigencia del pensamiento y la obra lezamiana más allá de su centenario, celebrado en 2010. Publicación perteneciente a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), este número otorga a la gráfica el protagonismo estético del diseño.
Fundada en 1962 por los intelectuales Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Roberto Fernández Retamar y José Rodríguez Feo, la revista arriba a su entrega 70. Su consejo editorial no ha querido pasar por alto la respetable cifra y para ello ha consagrado, de manera íntegra, la sección Tributo a la figura de José Lezama Lima.
Prolijas líneas se dedican al análisis del barroco americano y la obra “literaria” insignia de la América precolombina, el Popol Vuh, desde la perspectiva del autor de Paradiso. “¿Qué valoración estableció Lezama a las mitologías indígenas en la construcción del barroco americano? ¿Cómo operan, en su perspectiva, las mitologías autóctonas en el papel que cumple América en el decurso universal?” Al tiempo que se despejan las anteriores interrogantes, se aboga por la condición de ensayista de José Lezama Lima, “escamoteada por muchos”, pese a que “es una de sus zonas más valiosas”, a decir de Nancy Morejón.
“Lezama y Martí, absortos ante el espejo de sus apuntes”, es otro de los trabajos que intenta establecer un vínculo entre el cubano universal y el hombre del centenario. El paralelismo se establece entre los “Cuadernos de apuntes” y “Fragmentos”, denominaciones estas que agrupan, en Obras Completas, un conjunto de escritos realizados por el Apóstol de nuestra independencia, con respecto a dos textos breves titulados “Diarios”, de la herencia literaria lezamiana.
La propia sección acoge “Coordenadas para sucesivas habaneras de Lezama Lima” y “Sobre lo incondicionado y la invención de la realidad”. El primero exalta el quehacer del insigne escritor cubano al cantar a la ciudad capital de la Isla. A la vez, llama la atención sobre una de las obras menos abordada por la crítica especializada, Tratados en La Habana, de la que se precisa:
Compuesto por tres zonas de ensayos bien delimitadas, el texto dialoga con su interlocutor de manera particular. La primera de las secciones es reflejo del acervo enciclopédico del autor, de sus concepciones sobre la poesía como forma de concebir el mundo, y de su relación con los acontecimientos culturales del momento; mientras que en la tercera zona se sitúan algunas reflexiones del autor sobre los trabajos más directos del grupo Orígenes.
La segunda zona de Tratados…, llamada Sucesivas o coordenadas habaneras está dedicada a La Habana. La integran diferentes textos publicados por Lezama en el Diario de la Marina entre 1949-1950. Constituye una especie de estampas habaneras, de cuadros de costumbres lezamianos que señalan, desde una actitud observadora pero participante, los ejes a partir de los cuales se distinguen el habanero y el espacio habitado por él.
En cambio, “Sobre lo incondicionado…” va encaminado a desentrañar las singularidades de su escritura, afirmándose: “Solo entendiendo esa peculiar perspectiva desde donde Lezama veía, asumía y traducía el infinito mundo, podremos acceder a su poesía. Solo si aceptamos sus personales reglas de juego podremos hacer legible su peculiar creación. Para participar de ese cosmos siempre abierto a nuevos gozos e interpretaciones que él concebía como …el infinito posible de la poesía.”
Por su parte, la sección Ensayo propone una mirada a la vigencia de Caliban, reconocida obra de Roberto Fernández Retamar, frente a las relaciones culturales de hoy entre la América Latina y el Viejo Continente.
“El cartel cultural cubano, en sus concursos y exposiciones (1999-2007)” complementa el trabajo de diseño editorial, que para esta ocasión ha cedido a la gráfica joven, por completo, la visualidad de la revista. El artículo, arroja luces sobre la revitalización que ha venido conquistando, paulatinamente, el diseño gráfico desde las postrimerías del pasado siglo, al amparo del Instituto Superior de Diseño Industrial.
“Como las hojas de los arboles en el otoño, así caen las palabras cuando falta la idea que les dio el ser, y otras las sustituyen, prosperando el árbol si se traslada a terreno propicio” afirmaba Laura Mestre, incansable defensora de la esencia y el legado helénico, a quien se le dedica un trabajo en estenúmero de Unión, con la convicción de que fue una mujer “estudiosa de vasto saber, escritora de diáfana elegancia, pintora…”
Las páginas de la revista transitan de la evocación femenina y los estudios clásicos hacia una figura controvertida, que el manto del tiempo comienza a despejar. Sobre la huella indeleble de Guillermo Cabrera Infante en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos trata una seria aproximación, que desde un enfoque imparcial e historiográfico aborda la génesis del ICAIC y los aportes que a este proceso realizara el autor de Tres tristes tigres.
A poco menos de un año de cumplir medio siglo de existencia en la preferencia de los lectores cubanos y en su edición 70, Unión se ratifica como una revista dedicada a ser tribuna de nuestros más genuinos exponentes del arte y la literatura, vistos desde la pluralidad de géneros y la multiplicidad de enfoques.