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La obra de Sindo Pacheco reeditada: una oportunidad para el disfrute y la meditación

Alina Iglesias Regueyra, 09 de noviembre de 2011

Gumersindo Pacheco es un escritor cubano nacido en Cabaiguán, al centro del país, en 1956. Su obra gusta mucho a los jóvenes cubanos, y a los no tan jóvenes ya. Muy queridas son sus novelas María Virginia, mi amor y María Virginia está de vacaciones, esta última Premio Casa de las Américas en 1994. Ambas fueron agasajadas internacionalmente: la primera, como finalista del Premio Fundalectura, mereció una publicación en 1998; la segunda fue publicada por Plaza Mayor en 2003. En Cuba se han vuelto a publicar, dentro de la colección Veintiuno, en 2009 y 2010, respectivamente.

La primera novela nos ofrece el retrato de Ricardo Armas Salteador, un estudiante típico cubano, en su grupo de secundaria y preuniversitario, muy semejante a los nuestros. Está enamorado de María Virginia, una joven de ojos “catastróficos” que le provoca crisis muy graciosas cada vez que lo mira, y su mejor amigo se nombra Mariano Jesusón. El atractivo diseño de personajes remeda el Quijote: tales resultan el caballero, su escudero y la Dulcinea.

La segunda parte es una verdadera novela de viajes, una aventura, en su insistencia por hallar a su amada, quien pasa el verano con sus padres en la playa de Guanabo. El joven caballero andante y su mejor amigo-escudero recorrerán la distancia desde el centro al occidente del país para recuperar el amor de María Virginia, también en un atractivo y divertido paralelo con la paradigmática novela cervantina. Por el camino, les sucederán ocurrentes escenas, encuentros y desencuentros. Uno de los elementos más atractivos de la obra es la descripción de localidades y situaciones en las que se verán inmersos, bajo los distintos puntos de vista del protagonista y su compañero de andanzas.

En María Virginia, mi amor, nos sumergimos en un entorno hilarante que parte de la primera persona que narra, el propio Ricardo; en una suerte de discurso interior, vemos el mundo a través de los ojos de un adolescente. Recordamos detalles graciosos, como la manera de hablar de los distintos profesores que les merecerán apodos tremebundos; las diferencias morfológicas entre hembras y varones serán blanco de simpatiquísimos comentarios y análisis, donde lo grotesco y ocurrente tomará protagonismo. Como clímax dramatúrgico, el “héroe” finalmente se sentirá impulsado a realizar la hazaña de salvar a un niño que se cae de un tercer piso, para reafirmarse dentro de la euforia juvenil que experimenta al descubrirse amado por su amada.

Por su parte, María Virginia está de vacaciones muestra la inconformidad del joven acerca de lo absurdo de su entorno, gobernado por adultos que pretenden formar calcos de su propia mediocridad, a la vez que defiende el derecho de los más chicos a decidir por el mundo en que van a vivir. Muy interesante es una de las escenas del viaje de vacaciones, donde comparten en una actividad de escritores y artistas. Allí todos irónicamente se nombran “bellas personas”, una alusión fugaz a aquel “mejor de los mundos posibles” del genial Voltaire, o a aquellas reuniones en Griboyédov que recordamos de El Maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov, donde el autor critica la hipocresía y la simulación en ocasiones presente en los predios adultos de la llamada “alta cultura”. Otra prueba de ello es la carta final que le escribe a su amada, plena de desconcertantes lemas que remedan, mediante la descontextualización irónica como recurso literario, el estilo formal de los discursos políticos y periodísticos repetidos hasta la saciedad en los actos matutinos de las escuelas y en las redacciones de las asignaturas de Humanidades:

…estoy seguro de que tú y yo, más firmes que nunca, sabremos vencer cuanto obstáculo se interponga en nuestro camino. Así convertiremos el revés en victoria (…) Estoy seguro de que no defraudarás la confianza depositada en ti, de que serás más firme, decidida y más desinteresada que nunca. Estoy seguro de que darás grandes e incontables pruebas de abnegación, coraje y desprendimiento, que no te importarán los peligros y los sacrificios, que no habrá fuerzas en el mundo capaz de doblegar tu voluntad y tu espíritu y que, llegado el momento, no vacilarás en ofrendar hasta la última gota de sangre.

El tema de la adolescencia en la etapa estudiantil es preferencia reiterada de este autor en su obra. Recordamos, en esta misma cuerda y con un tono más profundo y dramático, Esos muchachos, intrépido relato que, publicado en 1994 también por Gente Nueva, plasma las vivencias en una escuela al campo, a través de tópicos como el amor y las primeras relaciones sexuales (creo que es uno de los pocos libros que tratan sin tapujos la sexualidad en la adolescencia), el tradicional machismo (tan perjudicial para la amistad y el amor), el alcance de las figuras de poder que dirigen el centro educacional, entre otros acuciantes asuntos. La cotidianidad está aderezada con todos los conflictos típicos de esta situación: rivalidades entre los pueblos de origen de los muchachos, travesuras, motes a los profesores, burla ante la suprema autoridad de directores y subdirectores tiránicos, trampas de los estudiantes para evadir la recia disciplina y el gélido clima de aquellas temporadas donde se imponía madrugar.

Las raíces del tamarindo, obra aún más realista y crítica, finalista del Premio EDEBÉ y publicada en 2001 en Barcelona, narra las peripecias de Tony, adolescente cubano sumido en las contradicciones propias de su edad, presionado por conflictos escolares, familiares y sociales de actualidad.

A estas cuatro novelas, se suma una quinta: Mañana es Navidad (ed. Iduna, EE. UU., 2009), que, fuera ya del mundo adolescente, aborda la vida de una familia cubana que cría un cerdo en la bañadera de la casa, con el objetivo de poder cenar en diciembre. La novela, de sorprendente y tierno final, es un retrato de la más cruda etapa del llamado Período Especial.

Gumersindo Pacheco ha sido también un prolífico y eficaz creador de narraciones breves: Oficio de hormigas es una colección de cuentos que obtuvo el Premio Abril en 1990, y sus obras cortas han sido insertadas en las antologías Cuentos de la remota novedad, Los muchachos se divierten, Diana, Fábulas de ángeles, Antología del cuento espirituano, Punto de partida, y en diferentes revistas como Bohemia, El Caimán Barbudo (donde obtuvo premio en 1990), Letras Cubanas y Casa de las Américas. En 1995 recibió el premio Bustar Viejo, en Madrid, por su cuento “Legalidad post mortem”.

La reedición, por Gente Nueva, de la obra de Gumersindo Pacheco, caracterizada por una sólida estructura y un intenso e ininterrumpido ritmo dramatúrgico, es una oportunidad para degustar la excelencia en la literatura escrita para adolescentes en Cuba en los últimos tiempos. La colección Veintiuno ofrece estos dos volúmenes en serie: María Virginia, mi amor y María Virginia está de vacaciones, presentes en librerías y bibliotecas de todo el país.